La finitud de la vida, coronada por la muerte a los ojos de los hombres que permanecen en este orbe, deviene un misterio por la imposibilidad de aproximarse a ella con el fin de alcanzar una seguridad próxima a la de la certeza matemática. Por mucho que la ciencia natural nos permita descubrir los más profundos secretos de la naturaleza y sus leyes todavía quedará por responder a la más alta, trascendente y vital de las cuestiones: el enigma de la vida, del que no se posee certeza terminante más segura que la necesidad intrínseca de desarrollarla con total autenticidad.
¿Cómo debemos vivir nuestra existencia para experimentarla en toda su potencialidad? Resulta evidente, a la luz de la historia, que por el deseo de poder y de nombre los hombres entran en disputa; unos viven en la opulencia material y otros en tal parquedad que incluso el alimento es una necesidad que no pueden procurarse por sí mismos. Este modo de vida en sociedad lejos de convertir al hombre en algo sagrado lo transforma en un salvaje lobo para el otro. Vivimos en competencia constante los unos contra los otros y sólo cuando ‘tenemos tiempo’ practicamos cierta actividad solidaria, la mayor de las veces para tranquilidad de nuestra conciencia. ¿Por qué no poner punto y final a esa estupidez que sólo genera desasosiego y depresión? ¿Por qué en lugar de causar sufrimiento y desánimo no colaboramos para alcanzar el deleite y el entusiasmo que ofrece una vida lograda? Leer el resto de esta entrada »



