¿Ciudadanía universal?

Publicado: 17 noviembre, 2014 en Pensamiento

magris

Con este escrito me dirijo a mis lectores, que no sé muy concretamente quiénes son, pero que junto a mí constituyen esa realidad biológica y ontológica denominada humanidad, la cual, sin teorías ni abstracciones, se realiza – la humanidad de cada uno de mis lectores – en la atmósfera de una determinada nación. El motivo de mi exposición son las palabras del señor Claudio Magris recogidas en el rotativo ‘La Vanguardia’, las cuales hablan del nacionalismo como un mal que se contrapone a esa metanacionalidad que es el ser ciudadano del mundo, sin más patria que la misma humanidad que se comparte con los miembros de la especie.

El señor Magris sueña “con una Europa que se convierta en un Estado verdadero” y tiene motivos razonados y razonables para aspirar a ello, pues, sin ánimo de engañarnos, las naciones y estados que constituyen Europa poseen un acervo sociocultural bastante común, como es la cultura judeocristiana y romana. Es cierto que puede hablarse de costumbres y usos europeos, pero los Estados Unidos de Europa son una fantasía en tanto que la existencia de “un Estado federal y descentrado en el que cada región tenga la autonomía necesaria a sus particularidades y exigencias” resulta inviable, y el ejemplo más claro es el centralismo exacerbado de Castilla, para la cual sólo hay una nación.

El sueño del señor Magris es loable, y lo comparto, pero no es viable más allá del mismo sueño – teoría –. A diferencia de los Estados Unidos de America, las diversas naciones europeas cuentan con una madurez histórica y cultural que las hace particulares más allá de lo que comparten entre ellas, que no es poco y que se constata con el simple hecho de que muchos de los países miembros de la Unión Europea reflexionan constantemente si les es útil formar parte de ese “Estado europeo”. A nivel económico podemos hablar de un Estado supranacional, pero cuando se aterriza en la cotidianidad de la existencia, donde se ejecutan los usos y costumbres, ahí aparecen las particularidades de esa humanidad que se manifiestan en el seno de las distintas sociedades como la escocesa y la catalana, las cuales no se constituyen por acuerdo de las voluntades, sino que el acuerdo de las voluntades reconoce – y depende en su ser – la existencia de una determinada sociedad, distinta a otra por mucho que sea lo que compartan.

Europa es un enjambre, y quizá no se equivoca en ello Ortega y Gasset (‘La rebelión de las masas’), pero cada una de las abejas se distingue y marca su propio vuelo manifestando la pluralidad cultural del viejo continente. Una pluralidad que no siempre es reconocida o respetada, y aquí hablo, porque puedo, en nombre propio; el señor Magris habla de un Estado europeo federal y descentralizado, pero quizá ignora que sólo en España, un territorio más exiguo que el europeo, ese sueño es imposible cuando una nación, la castellana, somete a otras con un feroz centralismo en el marco de esa realidad política denominada España. Por otro lado no logro descubrir a quiénes se refiere cuando habla de micronacionalismo exacerbado. Quizá, un servidor, por ser un enclenque intelectual, debería pedir perdón por representar el mal en contraposición con la acrisolada corona de aquellos que se experimentan y se presentan a sí mismos como ciudadanos del mundo; sin embargo, despertando de este idealismo que afecta meritoriamente al señor Magris, afirmamos que la ciudadanía no es una realidad abstracta, sino que se expresa solamente en el marco de una nacionalidad determinada, pues una condición para la obtención de la ciuddadanía es la de pertenecer a una determinada nación con estado. No hay ciudadanos del mundo, no hay ningún país o estado que se llame mundo; sí, en cambio, existen ciudadanos franceses, italianos y alemanes y su ciudadanía civil y política hunde sus raíces en su historia y en su cultura.

Desde luego, comparto el sueño del señor Magris, pero mientras mi nación, Cataluña, con su historia y su cultura, no se encuentre en una posición de igual con respecto a otras que sí poseen Estado propio, seguiré apartado de ese sentimiento que lleva a unos a denominarse ciudadanos del mundo, que en sí no es más que un esnobismo nacido en la Ilustración francesa y que ya fue objeto de crítica por parte de Rousseau. Seguiré sin avergonzarme con la defensa de la nación en la que nací, en la que vivo y en la que se desarrolla mi segunda naturaleza (Paul Ricoeur), la cultura que me hace ser quien soy en la totalidad de mi ser. Porque las sociedades no son abstractas, sino reales, uno, en cuanto que ciudadano, tiene el deber y el compromiso con sus conciudadanos con los que comparte una misma realidad sociopolítica y cultural, que no es precisamente la de ser ciudadanos del mundo – que también en cuanto que miembro de esa humanidad de la que hablábamos al comienzo –.

Insisto, también sueño como el señor Magris con un estado europeo; sin embargo, me agradaría preguntarle de qué modo opera en lo social, cómo se compromete con sus ciudadanos para hacer verosímil esa abstracta ciudadanía del mundo. Porque todos aquellos que se denominan y se presentan a los demás como ciudadanos del mundo son, precisamente, ciudadanos de un estado que cuenta con soberanía nacional – no han de reivindicar sus libertades –. En mi caso, cuando Cataluña posea su propia soberanía muy gustosamente me circunscribiré a esta ciudadanía universal a la vez que vitoreo las gestas deportivas de mi nación o me envuelvo entero con las insignias patrias como hacen estos supuestos ‘ciudadanos abstractos’.

comentarios
  1. Negro dice:

    Excelente entrada, Joan. En todo individuo hay la expresión de una identidad colectiva, aunque la rechace.

  2. Excelente. Mucho gusto en saludarte.

  3. Saludos, Negro. Muchas gracias por tu aportación, sin duda no existen ciudadanías abstractas como señalo. Un saludo.

  4. Saludos Malourdese, como siempre es un gusto saber que lee este blog. Se agradece su comentario. Un saludo.

  5. Maria Rosa dice:

    Podría construirse un Estado europeo (y tal vez se esté en ello), pero, ¿se pueden hacer europeos entendidos de un modo nacional como comprendemos hoy los ciudadanos franceses, británicos o portugueses? Creo que no, nadie puede renunciar a su identidad más allá de que abrace el multiculturalismo.

  6. Saludos María Rosa, muchas gracias por esta interesante reflexión que planteas. Pensaré en ello, a ver qué dicen los demás lectores. Un saludo.

  7. […] Emilio Lledó, lecciones de vida, Jordi Savall renuncia al Premio Nacional de Música, ¿Sistemas educativos eficaces?, Literatura y puertas giratorias, Contra la salvación, Cuando quiso recordar, Nanoeducación, Vergüenza, Casi lo habéis conseguido, ¿Ciudadanía universal?. […]

  8. Serenas Reflexiones dice:

    Nunca me he considerado de Castilla, -de hecho soy vasco, se supone que otra nación oprimida y sojuzgada violentamente- y sin embargo para mí España representa un soplo de aire fresco en contraposición a una sociedad ensimismada en un ejercicio onanístico y enfermizo de autocontemplación. Por esa misma razón comparto el deseo y la esperanza de crear una Europa que año tras año sea más unida y tenga menos fronteras. Prefiero ser europeo que español, y esto último infinitamente más que considerarme exclusivamente vasco. O dicho de otro modo, preferiría avanzar en el sentido de reforzar Europa antes que el de crear un estado vasco… mi entendimiento me dice que ambos objetivos son contradictorios.

    Ahora bien, es mi punto de vista que puede ser absolutamente erróneo, y de hecho no me considero de buen criterio en cuanto a fundamentar análisis políticos, pues los aborrezco. Comprendo y respeto perfectamente que puedes tener razón en tus argumentos y deseos desde el punto de vista “político”, incluso “sentimental”, si me permites entrecomillar estas palabras para remarcar su sentido, su campo … y lo acepto de buen grado, faltaría más. Pero lo que no comprendo es como casan con la presentación del blog.

    En esa presentación expones con palabras con las que coincido plenamente, porque mi ruta existencial me ha llevado por idénticos derroteros a las mismas conclusiones vitales, una visión transcendente de la existencia que comparto por completo. Ahora bien, esta filosofía vital, de entender la vida y a las personas, en mi caso, me lleva a ver en muchas consignas políticas (por no decir todas), pero especialmente en las del nacionalismo, elementos catalizadores de odio y división y sirven de coartada a todo género de sentimientos negativos (el mismo desarrollo de tu idea es correcto, salvo por el hecho de que tus palabras delatan frustración) y mi visión cristiana me lleva a sentir una profunda compasión por los que se ven arrastrados por estas marejadas de la Historia…y también a descubrir impotente el terrible mal que esparcen los que las provocan.

    En cualquier caso felicidades por el blog, no sólo descubro una buena redacción, sino ideas de calado, muchas de las cuales comparto.
    Un abrazo y saludos a todos.

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