Funeral de un barrista del Colo Colo en el Monumental. Violencia en el fútbol.

Publicado: 6 abril, 2017 en Ética y Moral, Deporte, Educación, Uncategorized

 

El rotativo La Tercera informa que el pasado 21 de marzo Colo Colo abrió las puertas del Estadio Monumental con el fin de que la Garra Blanca, una de los grupos de hinchas más violentos de Sudamérica, pudiera despedir el féretro de uno de sus miembros, Gustavo Wilson Vera, poseedor de un dilatado prontuario delictivo. Sin duda, se trata de un acto surrealista, al menos para alguien más acostumbrado a seguir el fútbol europeo, donde prácticamente se ha puesto fin a la presencia de estos grupos violentos en los estadios.

No hace tantas décadas, los clubes de fútbol en Europa auspiciaban a los grupos más radicales, como el caso de los Boixos Nois (F.C. Barcelona) y los Ultra Sur (Real Madrid); sin embargo, tras la tragedia de Heysel, en la que murieron 39 personas, distintos países como Inglaterra, Francia y Alemania empezaron a perseguir la violencia en los estadios. Algunas de las primeras medidas fueron la prohibición de entrada y venta de bebidas alcohólicas en los recintos deportivos, así como de elementos pirotécnicos y símbolos  racistas. Además, empezó a prohibirse la entrada a todos aquellos hinchas con antecedentes penales, castigándose a los clubes no sólo con multas económicas si los hooligans causaban algún incidente, sino también con el cierre del estadio, la pérdida de puntos e incluso la pérdida de categoría.

Es inadmisible que el fútbol chileno no sólo tolere, sino que auspicie a los seguidores más violentos. Resulta inimaginable que este acto surrealista que se vivió el pasado 21 de marzo en el Monumental, pudiera vivirse en Stamford Bridge o en el Allianz Arena, por citar sólo dos estadios de equipos europeos. La lucha contra la violencia en el deporte es una responsabilidad del Estado, de la sociedad y de las mismas entidades deportivas; el fútbol es un fenómeno de masas que trasciende lo estrictamente deportivo a nivel político y social, pero no puede ni debe transformarse en una realidad que conduzca a situaciones delictivas y criminales.

No cabe duda que la mejor prevención de la violencia en los estadios es la educación. Por esta razón, los distintos estamentos y entes sociopolíticos, desde el Estado hasta los padres, deben concienciar a través de distintas medidas en la necesidad de la erradicación de cualquier manifestación de violencia de los recintos deportivos como garantía para la seguridad de uno mismo y de respeto a la dignidad incondicional de la persona del otro. Así, la educación es una herramienta vital, más si se tiene en cuenta que los miembros de la Garra Blanca pertenecen en gran medida a sectores de clase baja ligados a la delincuencia que vierten la frustración a través del fútbol. Si la educación debe tener la capacidad de erradicar la violencia, también tiene que poseer la facultad de transformar el hincha violento, el barrista, en un animador pacífico dentro del estadio.

Los aficionados tienen que asistir al estadio con alegría e ilusión, pero no con miedo de que les pase algo a ellos o a sus familiares. Tienen que poder celebrar los triunfos del equipo y no salir corriendo para salvaguardar la vida. Todo esto empieza por no dar espacio a los violentos, por no permitir que un delincuente sea homenajeado en su funeral en el estadio donde dio rienda suelta a su fanatismo.

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