Más allá del fundamentalismo religioso

Publicado: 9 octubre, 2014 en Laicismo, Religión

Si bien la línea que conduce a la xenofobia es angosta, una crítica a las acciones realizadas por personas con una visión teleológica del mundo no supone una crítica irrespetuosa hacia éstas y su religión, sino que forma parte, también, de la libertad religiosa que se demanda. Considero que es una exigencia intelectual y, sobre todo, moral criticar las malas ideas que afloran desde ámbitos religiosos para el bien mismo de quienes confesamos nuestra fe en Dios y de nuestra misión, que es anunciar la verdad revelada en pos de la trascendencia de del hombre, ese ser que consideramos que posee una dignidad incondicional. A la luz de esta incondicional dignidad de la persona y en pos de la racionalidad y valor moral de la religión es necesario que se distingan lo más clara y distintamente, si esto es posible, el ámbito de la creencia y el de la acción humana, para distinguir y erradicar los extremismos que anidan en las distintas religiones, especialmente en el islam y en el cristianismo.

Los apologistas dicen que las posturas fundamentalistas no constituyen la verdadera religión y focalizan sus motivaciones en otros intereses, ya sean ideológicos o culturales. Sin embargo, ¿estamos seguros de la imposibilidad de trazar una conexión, por nimia que sea, entre una doctrina religiosa y las diversas formas y grados de violencia en nombre de Dios? Algunos de esos apologistas señalan que el fundamentalismo no es más que una perversión de la religión verdadera. No obstante, al distinguir entre una religión verdadera y una deformación de la misma desde la óptica de los hechos, ¿no sitúa la verdad religiosa en el terreno de la subjetividad? Es decir, la religión verdadera es aquella que sostiene la existencia de Dios y la verdad de las doctrinas que revela. Por tanto, si la verdad que anuncia es una y no otra todos los fieles que comparten una misma religión deben ser fieles a unos mismos principios, pero según esos apologistas, esto no es así, y los verdaderos creyentes confiesan unas verdades de fe y los fanáticos otras.

Ante esta situación y regresando a lo que sostienen los apologistas, ¿no podemos decir que un número considerable de creyentes, desde los más moderados a los más fundamentalistas, manifiesta una religiosidad politizada? Esta politización de la religión se manifiesta con mayor evidencia en momentos de pérdida de identidad y/o de cambios radicales en el seno de la sociedad. Si atendemos al mundo occidental donde las democracias se dirigen hacia la configuración de estados laicos donde la forma institucional de la religión, la Iglesia, juega un papel menos importante en la configuración de la vida ético-política del ser humano y se reserva más al ámbito íntimo o privado, aumentan los brotes de radicalismo. Si analizamos la opinión pública parecerá que los temas que más preocupan y ocupan a los fieles católicos del siglo XXI son cuestiones relacionadas como el aborto, la sexualidad y la ciencia. ¿Pero son estos temas los que centran el mensaje y la misión encomendada por Dios a los cristianos? Más bien no, sin embargo, parece que el integrismo cristiano se encuentra cómodo ante estos temas y es desde ellos que pretende imponer una verdad absoluta ante la pérdida de protagonismo social y autoridad moral.

Además, en la mayoría de los países occidentales, la politización de la religión se asocia con la vinculación si no generalizada si mayoritaria de los fieles con los partidos de línea más conservadora. Estos días los medios de comunicación españoles informan que el Partido Popular perdería un buen porcentaje de su electorado tras su marcha atrás en la reforma de la ley del aborto. Parece, quizá me equivoco, que hay una clara intención de moralizar la política y de politizar la moral – que sería lo correcto –, pero relativizándola y reduciéndola a estas cuestiones mencionadas. En España los católicos más radicalizados son más conocidos como los ‘provida’; su preocupación por la vida, no obstante, termina con el nacimiento de la persona, de aquí que se ocupen menos de cuestiones relativas a la pobreza o a la dependencia del Estado por parte de personas con complejas enfermedades que requieren elevadas sumas de dinero para su tratamiento.

Sin embargo, la religión puede y debe jugar un papel muy importante para el reconocimiento de la dignidad incondicional de la persona y para el consecuente desarrollo de los proyectos personales de la persona. Interpreto, por tanto, que se puede presentar la verdad y el bien que encierra el mensaje evangélico mediante la presentación de una antropología y de una moral que resalten lo verdadero y bueno para esa dignidad incondicional que es el ser humano – más allá de la focalización de la fe en cuestiones como el aborto, como si ser cristiano fuese ser simplemente una persona próvida – desde la apertura y no desde la imposición dogmática. El papel del creyente es mostrar la dignidad y trascendencia del ser humano en la vida práctica, pero alejado de la suposición de que la sociedad es religiosa y que lo religioso impregna los vínculos sociales y todos los aspectos de la vida individual porque, aunque pudiera ser así, no es una realidad compartida por todos. Por tanto, si al presentarnos al otro aseveramos que el fundamento de la sociedad es religioso, que la religión es el hecho social total, nos cerramos al diálogo con quien no piensa lo mismo. Por tanto, si queremos fundar un sistema moral en la sociedad que se aproxime al modo de vida que anuncia el Evangelio habremos de proponerlo, pero no imponerlo. Sólo así, seguramente, podremos volver a decir que todo está lleno de lo sagrado.

comentarios
  1. Adjunto el enlace del vídeo: watch?v=vln9D81eO60

  2. Germán dice:

    Interesante entrada. Pienso que hay una amplia brecha entre los cristianos liberales y la base más fundamentalista de la Iglesia. Lo peor es que los últimos son mayoría o se hacen notar más, vaya. Quienes no comulgan con ellos somos demonizados por quienes supuestamente viven en su vida la religión del amor.

  3. Saludos German, muchas gracias por la aportación, se agradece la contribución, un saludo.

  4. Inés Lavilla dice:

    Muy buena la entrada, Joan. Me ha hecho pensar y mucho. Gracias.

  5. Saludos Inés, me alegra que ayude a pensar, un saludo. Gracias por comentar.

  6. Mercedes dice:

    Me gusta la frase: la religión tiene que jugar un papel muy importante para el reconocimiento de la dignidad humana.
    Todo el escrito ayuda a pensar y a meditar que no sólo soy yo en este mundo que me rodean y existen muchos,que piensan,tienen otras creencias distintas a la mía,pero hay que respetar.

  7. Saludos Mercedes. Muchas gracias por comentar y por la aportación al tema que se trata. Se agradece, un saludo.

  8. Hola amigo, coincido contigo en que nuestra sensibilidad hacia algunos temas relativos a la moral sexual, y de la persona, pareciera ser mayor que hacia otros temas centrales de la buena noticia relacionados con la justicia social y la solidaridad. Siempre he pensado que no basta con oponerse al aborto, la verdadera lucha es por el logro de unas condiciones sociales en la que se garantice una vida digna al ser humano, no sólo mientras se forma en el vientre de la madre, sino en su vida diaria después de nacer. En relación a lo que dices sobre los fundamentalismos me parece que una de las claves para superarlo es la actitud de diálogo, de apertura, que hemos de tener los creyentes frente a todo lo verdadero, lo noble, lo hermoso, lo que dignifica la vida humana venga de donde venga. Hemos de discernir los signos de los tiempos, y reconocer la presencia de Dios aún en medio de los avatares de la historia, más allá incluso del ámbito del templo. Un saludo fraterno desde Tenerife

  9. Saludos Marcelo. Muchas gracias por la aportación al tema tratado. Importante el aspecto del diálogo que introduces, por la exigencia que conlleva en cuanto que implica no sólo el atender el pensamiento del otro, sino que, al mismo tiempo, la conciencia de que uno puede estar equivocado y que tendrá, tal vez, que cambiar su posición. Gracias por comentar. Un saludo.

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