La mejor ayuda siempre empieza por saber escuchar

Publicado: 5 diciembre, 2012 en Amor, Ayuda humanitaria, Derechos humanos

 

El mundo se hace mejor no con la opinión ni el deseo de hacerlo mejor, sino con el ejemplo. La familiar expresión ‘cambiar el mundo para hacerlo mejor’ es un idealismo utópico si no se traduce en gestos reales de amor, si no encarnamos la figura del buen samaritano que sabe escuchar, comprender y ayudar a quien se encuentra en el camino para conducirlo a la verdad del sentido de la vida, que no es otro que Dios, en quien el hombre halla la esperanza y la salvación que da plenitud a su existencia.

Para ayudar a alguien primero hay que saber escuchar, es decir, ponerse en la situación del otro, para alcanzar la comprensión y aceptación de su persona y de su realidad sin la presencia de prejuicios o de esa mal interpretada caridad que, convertida o reducida en mera dádiva, resulta muchas veces ofensiva y degradante para la persona a la que pretendemos socorrer. Muchas veces, olvidamos que ese mendigo, que ese ‘sin techo’ cuyo hogar es la calle es un hombre o una mujer que merece que se le hable, que se le respete y se le comprenda simplemente por su incondicional dignidad de persona humana. Muchas veces, la mayor de las veces, ayuda más una sonrisa que todo el oro del mundo, porque con más o menos comodidades uno o una siempre es persona, siempre es un yo para un tú… que uno sea pobre, que no tenga trabajo ni hogar no quiere decir que deje de ser alguien.

Que alguien crea en sí mismo, que descubra que la vida tiene un sentido y que pueda dirigir el rumbo de su existencia sin que ésta se encuentre forzosamente determinada hacia la zozobra es, sin duda, la mayor y mejor ayuda que podemos dispensar. Sin embargo, vivimos en una cotidianidad altamente individualista a la que nos emparedamos y esto dificulta que prestemos atención a los demás. Sí, podemos comprar un CD solidario o donar unos cuantos euros a una ONG por un anuncio que hemos visto en la televisión – que está muy bien, menos da una piedra –, pero, ¿escuchamos realmente a la persona del otro?, ¿aprendemos a hacer de este mundo un espacio humano para que las relaciones interpersonales, amenizadas con el amor, alcancen el bien común?

Desde luego, comprender a otra persona es difícil cuando no existe una verdadera y constante intención para que eso acontezca. Hacerse cargo de lo que le ocurre a alguien es pesado cuando uno ya tiene suficiente con su devenir. No obstante, el hombre no deja de ser un zoon politikon que necesita construir su mundo junto con los demás para hacerlo habitable. Ello requiere no sólo saber escuchar, sino comprender que el otro puede tener razón (Gadamer, “El giro hermenéutico”), y, sobre todo, entender que cada persona tiene valor por sí misma, que en sí misma es una dignidad porque no puede ser tratada como un medio u objeto ni despreciada como una bolsa de basura.

En este sentido, la persona necesitada a causa de una determinada injusticia sólo será realmente ayudada, auxiliada, si nos esforzamos por comprender su situación, pues nadie dará un punto de vista mejor de su realidad. Estar con alguien, decía la Madre Teresa de Calcuta, escucharle sin mirar el reloj y sin esperar resultados nos enseña algo sobre el amor. Nos enseña que el otro puede necesitar algo material, pero, sobre todo, que nos necesita a nosotros. Así, el verdadero ‘dar’ no es ‘dar algo’, sino ‘darnos a nosotros mismos’. Ahora se acerca la Navidad y a todos, incluso al más egoista, se nos conmueve el corazón, pero la Navidad siempre debe estar en nuestro corazón para entender que, del mismo modo que el niño Jesús, todos necesitamos de alguien, de un tú para ser un yo, y que las desigualdades verdaderamente sólo aparecen cuando dejamos de tratar al otro como un igual que goza de la misma dignidad por el mero hecho de ser persona.

Anuncios
comentarios
  1. Mary dice:

    Toda la razón, uno de los mejores regalos que podemos dar a otra persona, aunque tambien es uno de los máss difíciles, es ofrecer toda nuestra atención y escucha.

  2. Saludos Mary, sin duda, es lo que suele costarnos más, escuchar al otro. Gracias por su comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s