El simbolo cristiano del pastor (I)

Publicado: 26 junio, 2008 en Religión

La figura del pastor es uno de los símbolos más característicos de Jesucristo en la antigüedad cristiana. Este simbolismo se funda en que las cualidades exigidas a un pastor sugieren las cualidades que Cristo posee en el orden espiritual y que manifiestan sus desvelos para con las almas, sus ovejas, en orden a su santificación y salvación. Las cualidades de un buen pastor son el conocimiento de todas y cada una de sus ovejas de tal manera que sabe dar a cada una un nombre con el que las llama y el amor a sus ovejas para ofrecerles buenos pastos y alejarlas de todo peligro hasta el extremo de arriesgar la propia vida por el rebaño: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí” (Jn 10, 14).

 

El símbolo del pastor se remonta en el tiempo a los textos sumerios, asiro-babilónicos y egipcios. Hamurabi era llamado pastor de los pueblos y pastor benéfico. En la literatura griega el soberano recibe el título de “pastor de pueblos”. Homero, en la ilíada nombra de este modo a muchos de los héroes; lo mismo hace Platón y Hesíodo. En general sirvió para designar a soberanos y a deidades. El Antiguo Testamento no atribuye de modo sistemático el nombre de pastor a Yahvé, pero la Tradición y el lenguaje del pueblo aplican a Dios el nombre de pastor: “Yahvé es mi pastor, nada me falta. Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce, y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre. Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan” (Sal 23).

 

En ocasiones el mismo Dios se presenta como pastor de su pueblo, cuando éste se ve abandonado y desollado por sus malos pastores o gobernantes: “Porque así dice el Señor Yahvé: aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño, cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado un día de nubes y brumas. Las sacaré de en medio de los pueblos, las reuniré de los países, y las llevaré de nuevo a su suelo. Las pastorearé por los montes de Israel, por los barrancos y por todos los poblados de esta tierra…” (Ez 34, 11-14). En el Nuevo Testamento, Cristo se aplica a sí mismo todo este simbolismo profético del Antiguo Testamento: “En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador, pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas…” (Jn 10, 1-18). Este bello pasaje de San Juan se complementa bien con la parábola de la oveja perdida (Lc 15, 3-7; Mt 18, 12-14).  

comentarios
  1. jiascoj´bijf dice:

    mola mazo!! juas 😀

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