El bien humano: desde Aristóteles a Tomás de Aquino y la filosofía contemporánea (I)

Publicado: 25 mayo, 2012 en Aristóteles, Ética y Moral, Filosofía, Tomás de Aquino

Son muchos quienes encuentran contenido el bien del hombre en la felicidad, y no son menos quienes estudian la exposición que hace al respecto el Estagirita, en especial en la Ética Nicomáquea. Desde John Lloyd Ackrill a Amélie Oksenberg Rorty, pasando por Sarah Broadie y John M. Cooper, son un sinfín los autores que se aproximan a la teoría aristotélica, que arranca de una concepción teleológica del obrar humano en la cual se reflexiona acerca de cuál puede ser la mejor forma de vida, la más humana pero la más admirable, aquella que posea el bien mayor.

Sobre la felicidad existen una plétora de consideraciones, algunas, ya veremos, de las más dispares. El Estagirita no la encuentra en aquellos bienes concretos que se juzgan necesarios, según las diferentes opiniones, para ser felices, sino en una realidad por la cual el hombre se distingue del resto de los seres vivos: la razón. Es decir, lo propio y lo que le corresponde al ser humano, por su estatuto ontológico, es la vida racional, la virtud – dianoética y moral –, que permite armar la existencia con unidad y sentido. Ya que lo propio del sujeto humano es la vida racional la actividad más sublime será la contemplación de la verdad y de las cosas bellas y divinas.

Por contemplación, desde luego, no hay que entender una ocupación intelectual e intensa, sino el hecho de conducir la propia existencia, en los quehaceres cotidianos, hacia la verdad, hacia la trascendencia según el muy particular modo de ser humano y mediante el fortalecimiento de las llamadas virtudes morales, que son las que permiten elegir el bien y rechazar, consecuentemente, su no realización. Así, una vida orientada hacia la verdad y gestionada por las virtudes morales constituye la felicidad del hombre. No obstante, hay un aspecto que no depende exclusivamente del hombre, sino que también obedece a la injerencia de terceros en la existencia de la persona. Es decir, el contexto en el que uno vive, las realidades materiales y las personas con las que uno se relaciona influyen o pueden influir positiva o negativamente en la consecución del fin del hombre en la medida en que esté arraigado a la verdad y al bien.

Epicuro, en cambio, tiene un concepto distinto del bien humano, por el simple hecho de concebir la existencia desde parámetros materialistas, entiende el vivir como un todo que finaliza con la muerte. De este modo suple la verdad y el bien en beneficio del placer en su juicio hedonista de la felicidad: “el placer es el principio y el fin de la vida feliz” (‘Carta a Meneceo’, 126). De todos modos, no debe encontrarse en esta explicación una máxima que conduce al consecuencialismo. Epicuro no habla de procurar el placer por el placer, de la satisfacción de una simple necesidad, sino que se refiere al placer catastemático, que es ausencia de sufrimiento y eliminación de toda turbación del ánimo.

Existe, desde luego, una mala interpretación del epicureísmo, pues no son pocos quienes interpretan que su concepción de la felicidad se reduce a la consecución del disfrute, de la obtención del placer libertino. Para Epicuro la verdadera felicidad descansa en la ataraxia, que es el bien perfecto buscado por sí mismo y no para obtener otro supuesto interés. Es decir, la felicidad descansa en el equilibrio, la impavidez y la displicencia ante los avatares, incluida la muerte misma, que no debe verse como origen de desconcierto y angustia. De modo que uno es feliz si muestra aplomo ante cualquier situación, por desagradable o violenta que sea, pues nada, al margen de la serenidad del alma, otorga la feliz ventura.

No cabe la menor duda de que la paz interior es la disposición necesaria para alcanzar la paz social y que, consecuentemente, puede entenderse el place de Epicuro como un bien necesario, pero un bien derivado en última instancia que no puede buscarse por sí mismo sino en vistas a un bien mayor que ignora o niega y que bien puede ser el que expresa el Estagirita en la Ética Nicomáquea.

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comentarios
  1. Carlos dice:

    ¡Brutal! Me servirá para un trabajo de la uni aunque podría ser más completo, no?

  2. Cristina dice:

    Buena entrada, Joan.
    Carlos, ¿Así haces los trabajos de la Universidad?

  3. […] moral de la se…Antonia del Castillo on “La Iglesia católica española …Cristina on El bien humano: desde Aristóte…Montse on Educación para la Ciudadanía d…Rosalía Navas on Educación para la Ciudadanía […]

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