El bien humano: desde Aristóteles a Tomás de Aquino y la filosofía contemporánea (II)

Publicado: 27 mayo, 2012 en Aristóteles, Ética y Moral, Filosofía, Tomás de Aquino

El hedonismo se encuentra presente en corrientes éticas contemporáneas, si bien se distinguen de manera neta de la concepción de Epicuro por su dimensión materialista – Pensemos en La Mettrie, que fundamentándose en el atomismo de Demócrito sostiene que el hombre no es más que una complicada máquina material –, por su planteamiento utilitarista – Bentham afirma que el hombre se encuentra entre dos realidades, el placer y el dolor que regulan el carácter moral de las acciones distinguiéndose en buenas si prevalece el primero – o por su noción positivista – Schlick, desde una postura antimetafísica, sostiene el egoísmo psicológico, teoría según la cual el deseo de alcanzar el placer personal es el fin de toda acción.

Es innegable que todo ser humano, por sentido común, evita, en lo posible, toda manifestación dolorosa o ingrata en su existencia del mismo modo que se procura la complacencia. No obstante, el placer no puede ser el fin último que motiva la acción de la persona sino una consecuencia que procede de realizar una acción moralmente buena. Si el placer es visto como el bien último el hedonista se encontrará en la perpetua batalla contra el hastío y el vacío interior pues con total seguridad no hallará un placer infinito.

Otra corriente filosófica que se centra en el bien del hombre es el estoicismo, que considera, en clara oposición al hedonismo, que la felicidad consiste en el vivir de acuerdo a la razón: “el sumo bien es un ánimo que, estando contento con la virtud, desprecia las cosas que penden de la fortuna, o que es una invencible fortaleza de ánimo sabedora de todas las cosas, agradable en las acciones, con humanidad y estimación de los que le tratan. Quiero, pues, que llamemos bienaventurado al hombre que no tiene por mal o por bien sino el tener bueno o malo el ánimo, y al que siendo venerador de lo bueno y estando contento con la virtud, no le ensoberbecen ni abaten los bienes de la fortuna, y al que no conoce otro mayor bien que el que se pueda dar a sí mismo, y al que tiene por sumo deleite el desprecio de los deleites” (Séneca, “Acerca de la vida bienaventurada”).

El estoicismo, a diferencia del planteamiento aristotélico, sostiene que basta con la sola virtud intelectual para alcanzar la felicidad. Con la razón el hombre se procura, de modo autosuficiente, la paz interior indistintamente de que no se goce de la posesión de bienes materiales ni de salud. Por tanto, la moral es la regla que permite a la persona el orden espiritual frente al impío destino de la naturaleza a partir de la renuncia y desprecio de todo deleite. De este modo, la vida buena depende de uno mismo al margen de las fuerzas cósmicas. No obstante, puede verse que el estoico más que buscar el bien evita, en todo lo posible, la presencia del mal hasta el extremo de que se contempla seriamente el suicidio.

Uno de los aspectos más interesantes del estoicismo es la unánime consideración de que el valor de la vida está en las manos de uno mismo, que no depende de los ojos de terceras personas. Sin embargo, esta unanimidad se convierte, al mismo tiempo, en el punto más débil pues elimina la apertura del hombre a la realidad y su carácter social; la necesidad de vivir y relacionarse con los demás que permite la consecución del mayor bien, el bien común. El estoicismo niega todo sentido trascendente, al considerarse que los dioses no tienen una magnánima disposición hacia el hombre, y, en consecuencia, se encierran en sí mismos mostrándose indiferentes con el mundo y con los demás.

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 El bien humano: desde Aristóteles a Tomás de Aquino y la filosofía contemporánea (I)

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comentarios
  1. Mauricio dice:

    Saludos Joan

    Igual que luchamos por una supervivencia netamente orgánica y física, el ego lucha y teme su muerte… es la ley de la jungla, consecuentemente no creo que se pueda despreciar algún deleite como dice Séneca si no hay otro que lo reemplace. Una actitud despreciativa me parece escapista y un tanto nihilista.

  2. Saludos Mauricio. Sin duda, totalmente cierto. Del mismo modo que Epicuro, los estoicos hacen fin de un medio. Gracias por comentar.

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