La crisis arriana (I)

Publicado: 19 julio, 2011 en Patrología

Entre el primer cuarto del siglo IV y la primera mitad del siglo V aparecen los grandes Padres de la Iglesiaen Occidente y en Oriente, motivo por el que se denomina a este período edad de oro de la patrística. Entre el Concilio de Nicea (325) y el Concilio de Calcedonia (451) aparecen figuras de la talla de San Agustín, de San Atanasio y de San Juan Crisóstomo. A esto se añade el hecho no menor de que el Cristianismo se convierte en religión lícita dentro de los límites del Imperio Romano con la conversión del emperador Constantino en el 313 y la consiguiente promulgación de los Edictos de Milán. Así,la Iglesia pasa de una etapa de clandestinidad a una expansión evangelizadora a lo largo y ancho del mundo conocido, favorecida en gran medida gracias a las efectivas y eficientes vías romanas.

En cuanto a Arrio (256-336) su error teológico consiste en que niega la divinidad de Cristo por aplicar el presupuesto platónico según el cual sólo existe una causa primera del ser. Así, para Arrio, la causa única es Dios y sólo Dios es divino. Cristo, al ser engendrado, debe considerarse una criatura, ya que hubo un tiempo en el que no existió. De este modo, Arrio considera que Cristo es una criatura intermedia entre Dios y el hombre y que todo fue creado por medio de Él. Arrio, no duda en llamar a Cristo Dios, pero no por razón de su naturaleza sino por la gracia de Dios. Pero aunque Arrio da un trato preferente y trascendente a Cristo le niega por naturaleza su divinidad.

Para clarificar las consecuencias de la doctrina arriana el emperador Constantino convoca el primer concilio ecuménico de la Iglesia, el de Nicea (325). Se desconocen las actas de este concilio pero se sabe que decisiones se tomaron y que Arrio y Eusebio de Nicomedia se negaron a firmarlas, hecho que les supuso el destierro a Iliria. Nicea sirve para clarificar la doctrina sobre la divinidad de Jesús aplicándose el término homoousius – consustancial – en su relación con el Padre. Sin embargola Iglesia sigue dividida y el deseo de conseguir su unidad por parte de Constantino es aprovechada por las artes de Eusebio, quien señala a los defensores de la fe suscrita en Nicea como el único obstáculo. De este modo, Constantino ordena el regreso de Arrio y los obispos reunidos en el Sínodo de Tiro y Jerusalén (335) deciden readmitirle enla Iglesia.

Los logros del arrianismo llegan hasta tal extremo que en Oriente en el 350 serán muy pocos los obispos que defiendan abiertamente el credo de Nicea. Así, no son de extrañar las palabras de San Jerónimo: “La tierra entera gimió y descubrió con sorpresa que se había vuelto arriana”. No obstante, el arrianismo mismo se encontraba dividido en tres grupos bien distinguibles: los anomeos – arrianos puros que profesaban la distinción absoluta entre el Padre y el Hijo; los homeos – que consideraban que el Hijo era semejante al Padre –, y los Homeousianos – que afirmaban que Cristo era semejante en todo al Padre –. Estos últimos eran los más próximos al Concilio de Nicea.

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comentarios
  1. me ha parecido interesante, estoy a la expectativa de ver cómo continúa… 🙂

  2. Saludos, gracias por comentar.

  3. […] figura de Eusebio se encuentra íntimamente ligada a la controversia arriana, resuelta en el Concilio de Nicea de 325 en el que se redacta un símbolo en el que figura la […]

  4. […] trinitaria y la consustancialidad del Hijo de Dios y el Espíritu Santo frente a los planteamientos arrianos; y el Panarion ómnium haeresium, en el que recopila casi un centenar de herejías que describe y […]

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