La prostitución es una forma de violencia y de explotación de la persona

Publicado: 17 julio, 2011 en Sexualidad

La PolicíaNacionalha desarticulado una red de proxenetas que explotaba a mujeres de nacionalidad china en pisos de Madrid, Cuenca y Jaén tras detectar varios anuncios en distintos rotativos en los que se ofrecían servicios sexuales de mujeres asiáticas. La prostitución en España es una actividad admitida e incluso lícita, más cuando existen medios de comunicación y webs en las que se publican anuncios que ofrecen servicios sexuales remunerados. Pero aunque sea una actividad consentida es muy probable que no sea ejercida siempre por propia voluntad sino por necesidad económica. También es frecuente que el ejercicio de la prostitución acontezca en espacios sórdidos, peligrosos y, como es el caso que nos ocupa, de manera involuntaria, mediante coacción. La prostitución es una discriminación para la persona que se ve forzada a realizarla, ya sea por propia voluntad, por necesidad económica o bajo amenaza. En cambio, el proxenitismo, la persona que fuerza a otra a ejercerla, no sólo incurre en un acto malo moralmente, por tratar a una persona como medio y no como fin en sí misma, sino que incurre, además, en un delito y, en consecuencia, debe evitarse todo tipo de publicidad que promueva el negocio de la prostitución, más cuando existen precedentes.   

Si realizamos un estudio antropológico del cuerpo humano una de las primeras evidencias es que es a través de éste que la persona se identifica con un determinado sujeto. Así, el cuerpo de la persona es constitutivo de la identidad personal, en consecuencia es más que una prenda en cuanto que es una realidad intrínseca del individuo, forma parte de su propio ser. De este modo mi cuerpo forma parte de mi ser y no puedo disponer de él como si de un objeto se tratara. Tampoco podemos disponer del cuerpo de otra persona ni con su consentimiento ni en contra de su voluntad por el hecho de que hacerlo es tratarla como si fuera una cosa y no un ser personal dotado de dignidad por el simple hecho de ser persona. La esclavitud es inhumana porque convierte a la persona en un objeto de producción; la prostitución también lo es porque es un negocio para los proxenetas y convierte a la persona en objeto de placer, aunque sea una práctica remunerada en el mayor de los casos.

Ciertamente las anteriores son palabras muy hermosas al respecto de la dignidad personal, sin embargo la degradación de la persona en actividades como la prostitución no es siempre por placer sino por necesidad. Desde luego no es fácil hablar de trascendencia de la persona cuando la persona siente la necesidad muy humana de sobrevivir, de mantener la propia vida a toda costa. Desde luego, a la mayoría de las personas no les agrada la prostitución – salvo contadas excepciones – y mucho menos ejercerla. Pero hay muchas personas, mujeres y varones, que no tienen más remedio y más en países como España en que el desempleo y los bajos sueldos son una funesta realidad. Así, en nuestro país se considera que hay más de 300.000 personas que ejercen la prostitución, la mayoría de ellas inmigrantes, y que su actividad genera unos 18.000 millones de euros al año. Sin embargo, aunque en España es una actividad consentida política y socialmente y promocionada desde medios de comunicación sociales no es una actividad regulada, por lo que es susceptible de convertirse en un negocio marginal controlado por redes de traficantes.  

 

Por otro lado debe borrarse el mito de que la prostitución siempre existirá cuando países como Suecia han logrado terminar con ella en gran medida. La prostitución no se puede dignificar ni concebir como un oficio en cuanto que no trata a la persona como un fin sino como un medio. No debe realizarse el debate de legalizar o no legalizar la prostitución sino que se debe terminar con ella. En España cada año son detectadas cerca de 20.000 mujeres víctimas de redes de proxenetas, en Suecia no llega a las cuatrocientas desde que se penaliza realmente la compra y venta de servicios sexuales, pero, sobre todo, desde que la prostitución es considerada como violencia hacia la mujer, y se destina amplios fondos públicos para que la persona que se prostituye abandone dicha actividad y para que la sociedad en su conjunto entienda que la prostitución como una forma de violencia y de explotación que denigra a la persona.     

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