Desagravio

Publicado: 6 abril, 2011 en Oración, Religión

Ahora se llama “performance creativa y de carácter pacífico” profanar el altar de la capilla de la Universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, ante el sacrilegio y la profanación qué cristiana respuesta la de ofrecer una misa de desagravio. Decía Séneca, en De constantia, que cuanto más despreciable y risible es una persona, más desvergonzada es su lengua y su manera de obrar. A esas activistas anticatólicas y a todos aquellos que celebraron su gesta debe aplicarse esta sentencia, aceptando que son la gente de esta ralea quienes con mayor facilidad atacan lo eminente, porque la visión de la virtud y de las cualidades superiores les causa furia e indignación.

Lo mismo podemos decir de la procesión atea, respecto de la cual me viene presta la sentencia de Goethe: “¿De tener enemigos te lamentas?” (Diván de Oriente y Occidente, “Libro de las sentencias” 6, sentencia 14). Estos aires agraviantes son momentos perfectos para darse del todo. Si queremos desagraviar a Dios por todas las ofensas que le hacen es preciso, como dice San Josemaría, que el sacrificio sea holocausto: “…siente, con Él, los insultos, y los salivazos, y los bofetones…, y las espinas, y el peso de la cruz… y los hierros rompiendo tu carne, y las ansias de una muerte en desamparo… Y métete en el costado abierto de Nuestro Señor Jesús hasta hallar cobijo seguro en su llagado corazón” (Camino, 58).

Escucho a algunas buenas personas que hablan de desagraviar a Dios a nivel de honor. ¿Honor? Que el honor del que hablamos sea el de los griegos o romanos, para quienes una bofetada o un insulto no era más que eso, similar a la coz de un burro o de un caballo, que jamás despierta cólera ni venganza. Ante un agravio de esta índole nunca entraban en reyerta; la lucha cuerpo a cuerpo no era respuesta noble, sino propia de gladiadores, esclavos y criminales a quienes se azuzaba unos contra otros para mayor diversión de la encrespada turbamulta en el circo. Ante la ofensa siempre hay que procurar que la respuesta no lleve a florecer las pasiones más primarias, al contrario, que nos haga actuar como Sócrates, quien en sus incontables discusiones era tantas veces vilipendiado de diversas maneras por sus contrarios y que, sin embargo, las aceptaba con sublime tranquilidad, como si no fueran con él, como en aquella ocasión que le propinaron una patada respondió si también tendría que denunciar a un asno que le hubiese dado una coz. Y qué decir de Crates el cínico, quien después de llevarse una virulenta bofetada en el rostro no se le ocurrió más brillante idea que situar sobre su frente un cartel con la leyenda “Nicodromos lo hizo” y pasearse por las calles de Atenas.

Desde luego es noble y justa la intención de pedir a la delegada del gobierno que actúe para impedir la procesión atea, que de performance creativa y de carácter pacífico nada tiene. Pero no esperemos comprensión, menos de aquellos espíritus castrados y perezosos que carecen infinitamente de juicio y se jactan de ello. Ejercitemos más bien el inalienable derecho de seguir el camino emprendido por Cristo, ese mismo en el que Él experimento amor y odio, y hagámoslo por amor, sintiéndonos totalmente identificados con Él de la mano de María Nuestra Madre.

 

Notas relacionadas:

Oraciones de desagravio.    

Fotografía: ‘El País’.       

comentarios
  1. Meinster dice:

    He de decir que esa actitud os honra y os felicito por ello.

  2. Saludos Meinster, muchas gracias por comentar.

  3. Insisto…una cosa no quita la otra….

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