El bien humano: desde Aristóteles a Tomás de Aquino y la filosofía contemporánea (IV)

Publicado: 7 junio, 2012 en Aristóteles, Ética y Moral, Filosofía, Tomás de Aquino

El Aquinate arranca la exposición sobre la moral a partir de la ética del Estagirita señalándose que el fin último es un bien querido por sí mismo y que, conseguido, ya no se busca nada (Tomás de Aquino, “Suma Contra Gentiles, III, 40), pues restan satisfechas la voluntad y todas las tendencias humanas, alcanzándose la plenitud. Dios, creador del universo y de las creaturas, es el fin último, pues en Él todo ser creado sacia un apetito que no completan otras realidades contingentes que también despiertan el interés del hombre, piénsese en el dinero, la fama, el poder, etc. (Tomás de Aquino, “Suma Teológica, I-II).

Para il buon fra Tommaso ninguna realidad contingente, si bien confiere una felicidad parcial, no cumple la condición absoluta de fin último, pues todas ellas si no son medios tienen una limitación en el tiempo. Así, el único bien concaracter infinito que sacia por completo es Dios.  El aquinate señala que la felicidad completa la confiere el conocimiento de la esencia de Dios. Sin embargo, advierte que la experiencia enseña que esta felicidad no es posible en la vida presente, por ello habla de la felicidad imperfecta, que recuerda a los grados de felicidad de Aristóteles.

El fin de la inteligencia es siempre el conocimiento de la esencia de las cosas, hasta que eso no sucede la inteligencia no se aplaca. Así, el hombre, que conoce a Dios a través de la revelación y de su manifestación – de la creación y sus efectos –, mantiene a lo largo de su existencia y del desarrollo de su proyecto personal el deseo natural, por su estatuto ontológico, de conocer la esencia de Dios. Es decir, por más que sepamos que Dios existe no descansaremos hasta que no le conozcamos en esencia (Tomás de Aquino, “Suma Contra Gentiles” III, 50). Al mismo tiempo, indica que el conocimiento de la esencia de Dios no es posible mediante la propia virtud humana, sino que es necesario que nuestro entendimiento sea elevado “por alguna influencia de la divina bondad a tan excelsa visión” (Tomas de Aquino, “Suma Contra Gentiles” III, 53).

Si bien el conocimiento de la esencia de Dios depende de su propia intervención, el Aquinate especifica, no obstante, que las obras del hombre se consideran meritorias para establecer la íntima comunión con Dios, pues por ellas la persona se hace acreedora o no de llegar a tal unión. Es preciso especificar, pues esta es una de las críticas más frecuentes por parte de los ateos, que no estamos ante una moral de la recompensa, pues lo importante no es el supuesto premio, sino la intrínseca bondad que otorga el conocimiento de la esencia de Dios – el ser participado halla dependencia del Ser en Sí y en su visión glorífica alcanza su plenitud –. Si bien el hombre no alcanza la felicidad perfecta, ya existe, por la felicidad imperfecta, una conexión real – una comunión – entre Dios y el hombre. Las normas morales, podemos decirlo así, contienen todo lo indispensable para que la inteligencia se ordene hacia el fin último, que es Dios; y para que guíe, según este orden, las acciones humanas, de modo que virtuosamente no se separe del recto camino.

Esta rectitud moral es el amor y las virtudes cardinales son aplicaciones de éste: así, la templanza es el amor que se entrega de modo incondicional a aquello que ama; la fortaleza, el amor que todo lo soporta; la justicia, el amor que sirve de modo exclusivo a lo amado, y la prudencia, es el amor que distingue con absoluto rigor lo que más conviene a lo amado (Ángel R. Luño, “Ética general”). Todas estas virtudes se aglutinan en la virtud teologal de la caridad, gracias a la cual se convierten en virtudes perfectas y coherentes con el bien último al que tiende el hombre en el desarrollo de su existencia.

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El bien humano: desde Aristóteles a Tomás de Aquino y la filosofía contemporánea (III).

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comentarios
  1. David dice:

    Excelente entrada, Joan.

  2. Saludos David, muchas gracias, me alegro de ello.

  3. gold price dice:

    → El Estado es una sociedad perfecta: tiene todos los medios necesarios para conseguir su propio fin. Para ello es necesaria la paz, la economía, la defensa, la justicia…y el gobierno que asegure esas cosas.

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