Cuando Freud soñó que Dios era una ilusión

Publicado: 10 mayo, 2010 en Filosofía, Pensamiento

Durante el trayecto en autobús de esta mañana he sido sujeto paciente de una conversación entre dos chavales. Ambos, en un sueño freudiano, decían que la creencia en Dios es una ilusión, el deseo del ser humano de tener la vida mínimamente asegurada y dotada de sentido. En resumidas cuentas, venían a decir que el hombre, en su impotencia, en su incapacidad de controlar las cosas, crea a los dioses para hallar consuelo. Aunque psicológicamente pueda darse esta circunstancia en el hombre, esto no significa, irrevocablemente, que nos inventemos a Dios como realidad producto de nuestros deseos. Que la psicología humana tenga un peso importantísimo en las representaciones religiosas no afecta necesariamente a los contenidos de verdad que se hunden en la religión.   

 

Está muy bien y es muy respetable la creencia intelectual de que la religión es la etapa púber dentro de la evolución del ser humano. Esta muy bien que el hombre domine por su propia razón toda la realidad y que aprenda a aceptar con estoicismo el ineludible devenir. También es respetable el ferviente deseo de eliminar todo resquicio de finalidad y de esperanza en el más allá. En el fondo, está muy bien tener estas ilusiones. ¿Pero, y qué? Aunque la conciencia pudiera ser simplemente una función del cerebro y Dios fuera representado como el osito Teddy con el cual los niños concilian el sueño no podría seguirse, de todo ello, la inexistencia de Dios: el deseo de matar a Dios no entraña su cumplimiento.

 

El hombre no puede matar a Dios, es más, el hombre no puede matar sus ansias de fe, aunque algunos sustituyan la fe en Dios por la fe en la ciencia. Los mayores detractores del cristianismo, Feuerbach, Marx y Freud, están muy lejos de sentar cátedra universal, es más, hoy la ciencia no se concibe como sustituta de la religión. A pesar de todos los grandes logros de la ciencia, que nos permite conocer mejor la realidad y vivir mucho mejor biológicamente, la ciencia no es la clave directa ni el fundamento de la felicidad del ser humano. Los mismos científicos proclaman que hay que renunciar a la fe en la ciencia como explicación total de la realidad y como sustituta de la religión. La ciencia no nos salva, sólo nos salva Dios.

 

La no creencia en Dios se puede leer como una nota de represión hacia las cuestiones fundamentales sobre el mundo y el hombre. Salvo algunos exacerbados militantes pocos abrazan con apasionamiento las convicciones ateas, al menos no con la capacidad intelectual del tiempo de Feuerbach, Darwin o Freud. No obstante, como no se reflexiona acerca de esas cuestiones tampoco hay un efusivo apasionamiento por una fe absoluta en Dios. Qué importa nada, incluso Dios, cuando no se plantea uno qué hace en el mundo. Cuando se sobrevive a los días, uno detrás de otro, sin más, el nihilismo funcional es la madre nodriza del género humano. Y es que, a diferencia de los apasionados creyentes y ateos, no se puede creer en Dios sin la razón, la verdad de Dios no depende sólo de una vivencia, de una experiencia interior, de una aceptación absurda. La religión no es contraria a la razón en cuanto que Dios sólo interpela al ser con razón: al hombre. El hombre se siente interpelado por la razón de Dios y se mueve por su razón a esa llamada.

 

Si el hombre no cree en Dios no es porque Dios no exista o crea que no existe aunque así lo piense, sino porque no piensa en la cuestión del sentido. Cualquier psicólogo afirma, por su experiencia clínica, que ningún ser humano puede permanecer largo tiempo en condiciones de vacío, sino que necesariamente, por su naturaleza, debe conferir algún sentido a la existencia, por trivial o fútil que sea. El sentimiento de vacío no genera más que enfermedades, desesperación e incluso la auto-destrucción. La neurosis del hombre contemporáneo es, sin duda, la falta de orientación, la falta de sentido, el vacío, en definitiva, la represión de la religiosidad como apunta bien Hans Küng.   

comentarios
  1. Juan dice:

    Pero estas intentando -habilmente- confundir la existencia de Dios con la existencia de la necesidad de Dios. Cuidado.

  2. Saludos Juan. No lo veo así o quizá no sé si comprendo realmente lo que quieres decir. ¿Podrías explicármelo con más detalle? Muchas gracias, y gracias por comentar.

  3. Athal dice:

    Es un muy buen escrito Joan. Pienso lo mismo.

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