Archivos de la categoría ‘Filosofía’

hawkingEsta noticia es un ejemplo interesante para ilustrar el modo en que procede áquel que sólo exige a los otros no decir más de lo que se puede decir de la exposición – no confundir con explicación – que hace la ciencia de la realidad. Sí, Hawking parece jugar sucio, pero no dice más que aquello que quiere oír su particularísima audiencia. La existencia de Dios no se puede demostrar del mismo modo que se demuestra la existencia de entes contingentes, porque toda demostración ha de ceñirse, con toda rigurosidad, a aquello que busca. De Dios se necesita una prueba metafísica con la misma necesidad con la que debe expresarse el sí a la realidad: “nosotros sentimos que incluso cuando todas las posibles preguntas científicas han sido contestadas, los problemas de nuestra vida no han sido tocados siquiera” (Ludwig Wittgenstein, “Tractatus Logico-Philosophicus”, 6.52). A Hawking no le gusta Dios, pero recurre a la teoría de múltiples universos que se crean de la nada y, muy señores míos, “das nichts selbst nichtet” – la nada misma anonada – (Martin Heidegger, “¿Qué es la metafísica?”).    (más…)

cienciaLa duda, y así lo comprendemos desde Descartes, es necesaria para avanzar en el conocimiento, en la adquisición de certezas. No obstante, es necesario diferenciar la duda del escepticismo, una posición existente en especial en aquellos que consideran que la ciencia, a la que utilizan para plasmar determinado pensamiento, es la única puerta que abre el entendimiento humano a la verdad. La duda, importante, más cuando también prolifera la arrogancia intelectual y la desvergüenza de quien se cree en posesión de la verdad, cae en contradicción o en dogmatismo cuando se torna radical. Con rigor, si la ciencia no es un saber total, sino un saber particular, ¿no existirá la verdad más allá de la ciencia?

Antes de avanzar en la reflexión sobre la verdad, señalaremos que la ciencia no es un saber de ateos y para ateos que expone un mundo sin Dios con un lenguaje, en ocasiones, antirreligioso – recordemos la reciente crítica de Peter Higgs a Richard Dawkins por este asunto concreto –, sino que también es un saber qe ocupa a aquel científico para quien Dios está al comienzo de toda reflexión y al final de sus investigaciones. La ciencia y la religión no son incompatibles, lo único discordante y repugnante para el saber son ese prejuicio y ese dogmatismo intelctual por el cual «muchos hubieran podido alcanzar la sabiduría, sino hubiesen creído haberla alcanzado» (Séneca, sobre la serenidad, «Diálogos», p. 280). (más…)

Hegel determina el mal desde la idea de lo infinito y lo finito. Para ello se aproxima al concepto que tiene el hombre, creyente o no, de Dios y descubre que se le representa como un ser infinito que trasciende la realidad y los seres por Él creados. Es decir, Dios, aparentemente, se le entiende como el Ser radicalmente distinto de la creatura. Sin embargo, al filósofo de Stuttgart esta concepción que separa de manera neta lo finito y lo infinito no le convence: “debemos preguntarnos si la antítesis entre finito e infinito posee alguna verdad, es decir, si ambas contrapartes se separan y subsisten en forma independiente” (Hegel, “Ciencia de la lógica”). Descubre, en su reflexión, que si bien hay una distinción no se produce una separación ontológica ni epistemológica entre lo finito y lo infinito.

En primer lugar señala que lo finito tiene su límite en sí mismo, que es contingente y, en consecuencia, que no posee el ser en sí. Descubre que la creatura depende de ‘algo’ más que de sí misma para satisfacer sus necesidades intrínsecas (Ludwig Wittgenstein, “Notebooks”). No obstante, advierte que en relación a lo infinito este no puede entenderse como algo distinto y exceptuado de lo finito porque en ese caso lo estaremos representando como algo finito. Así, entiende que lo finito sólo puede ser, por su dependencia ontológica y epistemológica, un momento en la verdadera totalidad infinita que es Dios: en lo finito está implícito lo infinito verdadero. En segundo lugar afirma que el hombre es finito, pero capaz de reflexión, de pensar y de alcanzar conceptualmente la verdad eterna, de la que en un cierto sentido es idéntica, de aquí que señale que el hombre es un espíritu finito. (más…)

Hegel, quien señala que hay una verdad unificada que puede conocer el entendimiento humano, el cual alcanza su cima cuando tiene la facultad de considerar distintas realidades al mismo tiempo y como un todo ordenándolas debidamente en un sistema universal, es probablemente una de las inteligencias más críticas y perturbadoras en la defensa de la fe cristiana, de la cual describe la categórica necesidad de reponer la fe en un Dios, realidad personal, que se revela al hombre en detrimento de lo que interpreta una positivación de la misma, que provoca un desmedido y erróneo ritualismo estético, la proliferación de fórmulas dogmáticas y una excesiva legislación. No es menos cierto, que por su espíritu crítico y por las distintas y contrapuestas interpretaciones realizadas por sus contemporáneos se le tachó y no en pocas ocasiones, de panteísta, hereje y ateo.

Respecto a la cuestión del mal, que es el motivo estricto de esta entrada, encontramos un dilatado análisis del mismo en “Lecciones sobre filosofía de la religión”, si bien en escritos tempranos la religión y Dios, que son las cuestiones fundamentales de las que deriva el planteamiento del bien y del mal y que son necesarias contemplar antes para entender qué nos dice Hegel, ya están muy presentes en su sistema filosófico: “Religión del pueblo y cristianismo”, “La positividad de la religión cristiana” y “El espíritu del cristianismo y su destino”. En efecto, como decía al comienzo, a Hegel le ocupa y le preocupa, a la luz de su tiempo, la necesidad de centrar la fe en la relación entre Dios y el hombre y de relacionar lo Infinito con lo finito. Es decir, su pretensión es que la religión se encarne en la vida práctica de la sociedad y que, por el contrario, no se convierta en un mero ideal como venden algunos que, tanto en el tiempo de Hegel como en el presente, viven una fe reducida que se limita a participar del sacramento eucarístico más bien con una actitud estética – de aparentar ser cristiano ante los ojos del mundo – y a esputar cómo debe ser un cristiano sin que ello vaya con ellos de un modo absoluto en la praxis. (más…)

La-conquista-de-la-felicidadEl animal es ‘feliz’ mientras goza de salud y de alimento. No ocurre lo mismo cuando el hombre tiene cubiertas las necesidades más básicas. Quién no ha visto a sujetos de su especie en la sección de autoayuda de cualquier librería en busca de indicaciones sobre cómo encontrar la felicidad o el sentido de la vida. El hombre supera infinitamente al hombre. No somos sólo naturaleza; no nos es dada ni impuesta nuestra forma de vida como le es dado e impuesto al animal la forma de su ser. El hombre está condenado a ser libre (Sartre, “El ser y la nada”); la existencia humana se encuentra siempre ante una decisión (Heidegger, “Ser y tiempo”): tenemos que elegir en todo instante nuestra forma de vida (Ortega y Gasset, “El tema de nuestro tiempo”).

La libertad de elección, aunque resulte una tautología, consiste en que el hombre se siente íntimamente requerido a elegir. No obstante, si bien puede elegir fines, hay un fin que no es objeto de su elección: la felicidad. Cierto, deseamos ser felices, pero no elegimos ser felices. Nadie, en su sano juicio, “elige deliberadamente la infelicidad” (Bertrand Russell, “La conquista de la felicidad”), nadie prefiere ser desgraciado a ser dichoso. Por tanto, la libertad de elección no consiste, propiamente, en escoger directamente la felicidad, que es un fin al que nos inclinamos de modo intrínseco, sino más bien los medios, los mejores, para asentar la existencia en la mejor forma de vida posible. (más…)

filósofoLa filosofía es la reflexión sobre aquellas cuestiones que en la vida diaria permanecen enmudecidas o a las que no se presta demasiada atención, pero que tienen una fuerte repercusión en el devenir de la sociedad. Me refiero a las cuestiones últimas, aquello que de permanente hay en la realidad y en el ser del hombre con el fin de que la existencia humana goce de un sentido en su realización. La filosofía busca la verdad, si bien ninguna teoría filosófica la posee, y su trascendencia radica en que habla sin límites y argumenta en defensa o en contra de cualquier principio ético con el objeto de descubrir errores y certezas. La filosofía no tiene ninguna utilidad, pero “la verdad no tiene sustituto útil” tampoco (Leonardo Polo, “Sobre la existencia cristiana”). Así, si el hombre estima la realidad de su ser por mera coherencia no esquivará nunca aquellos temas más comprometedores cuya resolución le permiten alcanzar una comprensión general de su ser y dotar de sentido pleno a su vida, de lo contrario se convierta en un sujeto con el intelecto y la voluntad alienadas por múltiples y variadas coyunturas.

¿Por qué hay que ser filósofo? Porque la felicidad, que no es algo que escoge el hombre, si no una realidad intrínseca de su estatuto ontológico, no puede darse sin cierto conocimiento de la propia verdad personal, que se traduce en la praxis mediante un determinado comportamiento moral que permite alcanzar la plenitud en el ejercicio del proyecto o vocación de cada uno. De lo contrario, la persona tiene todos los números para convertirse en el ‘muerto viviente’ que opera según la voluntad de unas tendencias que no alcanza a controlar, sino que le gobiernan a él – y por tendencia entiendo tanto el instinto como la ideología –. Pero si hay que buscar la verdad es porque hay ser, “el milagro de todos los milagros” (Martin Heidegger, “¿Qué es la metafísica?”), y éste exige el coraje y el esfuerzo de buscar respuestas sobre su presencia en una realidad que está lejos de ser ficticia. (más…)

Es preocupante que un profesor se vea en la situación de recordar que la filosofía es necesaria para que el alumno reflexione. El eclipse de las humanidades priva en gran parte del trabajo de pensar, y cuando esto acontece, lamentablemente, es otro quien piensa por nosotros. Sin salir de la cuestión cuando se habla de la existencia anodina, de la vivencia de la nada del ser de la sociedad contemporánea, en especial de la juventud, uno no repara en que la clave del problema descansa en que uno no se conoce realmente a sí mismo. La exhortación esculpida sobre el dintel del templo de Delfos responde a la intrínseca necesidad del ser humano no sólo de perseguir la verdad, sino de fundamentar en ella la existencia, una existencia que sólo puede vivirse muy humanamente de una muy determinada manera.

No debemos olvidar, porque es importante, la definición de persona que elabora Boecio: “la persona es el supuesto individual de naturaleza racional” (“Contra Eutychen et Nestorium”). El hombre es un ser biológico; como el resto de los animales, aunque en grado menor, tiene tendencias. Sin embargo, a diferencia de todos ellos posee la racionalidad mediante la cual se abre al mundo y adquiere conciencia de sí mismo. Es decir, a los animales les es impuesta, en su estatuto ontológico, la forma de vida. En cambio, el hombre dispone de dos facultades, el entendimiento y la libertad, para conocer la verdad por la cual debe alcanzar aquella forma de vida en la que, según su ontología, descansa su plenitud. (más…)

El ateísmo en Marx, ayer y hoy

Publicado: 30 octubre, 2012 en Filosofía

Es, cuanto menos, sorprendente que Marx, ese “mediocre filósofo” en palabras de Albert Camus (“El hombre rebelde”), exhorte a los filósofos y a los teólogos a librarse de los conceptos y prejuicios de la filosofía si pretenden el conocimiento de las cosas tal como son, es decir, la verdad; pues no parece muy honrado, al menos intelectualmente, cuando, al mismo tiempo, encumbra la autoconciencia humana como la única fuente de verdad. No obstante, el asombro se disipa de inmediato cuando su critica a la religión se construye desde una óptica eminentemente ideológica y cuando, irónicamente, sostiene que la primera es un reflejo fantástico invertido (Karl Marx, “Ateísmo”, en ‘Gran Enciclopedia Soviética III).

Karl Marx es, mucho antes que comunista, ateo. Para él, la mayor de las críticas es la crítica a la religión. El ateísmo, en este sentido, es una propiedad del estatuto ontológico del ser humano; una realidad cuya esencia no requiere explicación pues supondría toda una tautología. Así, con Feuerbach como principal referente, afirma: “el hombre, que en la fantástica realidad del cielo, donde él buscaba un superhombre, no ha encontrado más que el reflejo de sí mismo, ya no se contentará con encontrar sólo la apariencia de sí mismo, un ser inhumano, donde busca y debe buscar su verdadera realidad” (Marx, “Crítica a la filosofía del Estado de Hegel”). La religión es, sobre todo, alienación, por lo que la única manera de comprender la naturaleza humana es la sociedad, en cuanto que es el único y verdadero mundo del ser humano. (más…)