Archivos de la categoría ‘Albert Camus’

“Ya que han tenido a bien pedir a un hombre que no comparte las convicciones de ustedes que  venga a responder la pregunta muy general que plantean en el curso de estas charlas – antes de  decirles lo que me parece que los no creyentes esperan de los cristianos – querría ya conocer esta generosidad de espíritu con la afirmación de algunos principios.

 Hay, ante todo, un fariseísmo laico al cual trataré de no ceder. Llamo fariseo laico a quien finge creer que el cristianismo es cosa fácil y aparenta exigir del cristiano, en nombre de un cristiano  visto de afuera, más de lo que se exige a sí mismo. Creo, efectivamente, que el cristiano tiene muchas obligaciones, pero no le corresponde a quien las rechaza recordárselas al que ya las ha admitido. Si alguien puede exigir algo del cristiano, es otro cristiano. La conclusión es que si yo me permito, al final de esta exposición, reclamar de ustedes algunos deberes, no podrá tratarse más que de deberes que se deben exigir a todos los hombres en la actualidad, sea cristiano o no. (más…)

«Camus: formidable humanidad»

Publicado: 18 febrero, 2010 en Albert Camus, Artículos

«Se cumplen 50 años de la desaparición de Albert Camus. En 1960, el existencialista francés se hallaba en plena vitalidad como escritor y estaba a punto de rematar su última novela: El primer hombre. Para los jóvenes europeos agnósticos, descreídos o indiferentes, que salían de una guerra despiadada, Camus era el líder de la esperanza laica. Del pensador francés, a los católicos creyentes de la Catalunya ideológicamente deprimida de entonces nos impresionaba la paradójica y sugestiva combinación entre su increencia sobre el mundo de la trascendencia, y su sólida y potente fe en las posibilidades de superación que hay en el interior de la persona. Nos arrastraba en la aventura de humanidad que desarrollaba a través de sus personajes. Aceptábamos su invitación a confiar en las virtualidades más elevadas del hombre. Del hombre solo, dejado de la mano de Dios. Nos ayudaba a creer que la fraternidad y la solidaridad no inspiradas directamente en el mensaje evangélico eran una reserva incalculable de la persona. (más…)

«Soy un hombre desilusionado y exhausto. He perdido la fe, he perdido la esperanza. (…). Es imposible vivir una vida sin sentido». Estas palabras las dijo Albert Camus, quien muriera ahora hace 50 años, en París, al reverendo Howard Mumma, con quién entabló una profunda amistad. Camus añoraba una trascendencia que alejase al mundo del sinsentido, y en su búsqueda puso en juego toda la racionalidad que desplegó en sus obras. Sin lugar a la menor duda, un ateo intelectual de pies a cabeza, uno de los grandes padres del existencialismo – aunque el rechazó que le llamaran existencialista – luchó con toda la razón para ser cristiano. «En el existencialismo hastiado» de Mumma podemos degustar los diálogos de Camus con Sartre, otro filósofo ateo que también abrazó la fe en su lecho de muerte, aunque su mujer lo intentó evitar.   (más…)

La etapa final del siglo XIX contempla un cambio en la visión del mundo. Se pasa de la tragedia heroica del romanticismo a la tragedia absurda que abrirá la puerta al existencialismo. Desde la más funesta experiencia personal se percibe la vida abocada al naufragio, cuyo último escollo insuperable es la muerte. El mundo es absoluto dolor y sufrimiento y el hombre se siente abandona a su suerte sin posibilidad alguna de salvación. Esta es la situación que se encuentra Albert Camus, cuyo punto de arranque es la sentencia nietzschiana “Dios ha muerto”. (más…)

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¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice que no. Pero si se niega, no renuncia: es además un hombre que dice que sí desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes durante toda su vida, juzga de pronto inaceptable una nueva orden. ¿Cuál es el contenido de ese «no»? Significa, por ejemplo, «las cosas han durado demasiado», «hasta ahora, sí; en adelante, no» ,»vas demasiado lejos», y también «hay un límite que no pasaréis». En suma, ese «no» afírma la existencia de una frontera. Vuelve a encontrarse la misma idea de límite en ese sentimiento del rebelde de que el otro «exagera», de que no extiende su derecho más allá de una frontera a partir de la cual otro derecho le hace frente y lo limita. Así, el movimiento de rebelión se apoya, al mismo tiempo, en el rechazo categórico de una intrusión juzgada intolerable y en la certidumbre confusa de un buen derecho; más exactamente, en la impresión del rebelde de que «tiene derecho a…». La rebelión va acompañada de la sensación de tener uno mismo, de alguna manera y en alguna parte, razón”. (más…)