Cuando el crimen goza de racionalidad lógica en Irak

Publicado: 9 agosto, 2014 en Ayuda humanitaria, Conflictos bélicos, Derechos humanos

 

iraq

El hombre es el ser que está abierto hacia el bien, al que tiende de manera natural, racional y libre y que fundamenta y especifica la moralidad de sus acciones; sin embargo, por su libre albedrío, puede no obedecer a la ley moral y, en consecuencia, tomar máximas malas (Kant, “La religión dentro de los límites de la mera razón”) capaces de generar el inconcebible horror que nos llega desde Irak, cuyo único fin es la eliminación de la condición humana. Detrás de cualquier mascre siempre se halla la ideología, que en cualquiera de sus formas, considera que todo es posible y lógicamente aceptable para dar a luz los principios sobre los que se asienta, incluso la destrucción sistemática del otro con el fin de que los que sobrevivan adopten tal ideología.

No me importa quiénes son ni qué representan estos victimarios, me ocupa y preocupa su mal en cuanto acción humana. Es díficil establecer una comprensión de lo que acontece en Irak, pues la barbarie reina ahí donde el diálogo es imposible. Esta catástrofe humanitaria desafía todas las reglas de la lógica y el juicio por la incapacidad de hallarle sentido. Lo único que podemos constatar es que en este mundo que compartimos los unos con los otros hay algunos que gobiernan su existencia orientándose por reglas que obvian de modo radical el sentido común y la moralidad. En realidad, no sé bien cómo puede ponerse fin a estos actos de deshumanización ahí donde se dan; sin embargo, quien no se movilice ante estos hechos, no se movilizará por ningún otro en que la dignidad humana esté en juego.

En cualquier parte donde el hombre es convertido en un ser superfluo se constituye un mundo en el que no podemos vivir juntos por que la ideología – de cualquier tipo, religiosa, política, económica – ni respeta ni valora por igual la vida del otro. La dignidad humana deja de ser universal y el otro se convierte en objeto del mal radical; la limpieza étnica en Irak, mediante múltiples decapitaciones y crucifixiones, ejemplifica la degradación que padece el ser humano. Ya no estamos frente a un crimen contra personas que profesan la fe cristiana, estamos ante un auténtico crimen contra la humanidad perpretado sobre el cuerpo de los fieles seguidores de Jesús en Irak. Aquí no podemos hacer distinción, sino que atañe a toda la especie humana y a una de sus operaciones más específicas, la libertad.

En Irak la realidad rebasa toda capacidad de comprensión lógica casi del mismo modo que la fría reacción de los Estados del mundo ante semejante barbarie. Ante el sin fin de información que llega se hace difícil el permanecer como espectador de tales acontecimientos, sino que urge la necesidad, muy humana, de ofrecer una respuesta más allá del arduo intento de comprender la motivación del hombre por realizar una maldad que supone una radicalidad de la violencia. Antes decía que no estamos sólo ante un suceso que pueda enmarcarse en el ámbito de la persecución religiosa, más bien nos encontramos ante una verdadera y simple negación de toda humanidad, lo que explica la cosificación de las víctimas, cuyas cabezas separadas del cuerpo, son expuestas a los ojos del mundo. Por otro lado, si bien resulta imposible comprender la acción de estos victimarios desde nuestro juicio, si podemos encontrar una lógica desde el suyo, y ésta no es otra, a mi humilde entender, que el sometimiento de aquellos que todavía sobreviven a la persecución.

El exterminio responde al deseo de dominio, en concreto la conversión de toda la pluralidad existente en un solo individuo, y deviene un efecto necesario del seguimiento de la ideología. El ser humano deja de ser un fin en sí mismo, su dignidad ya no es incondicional, sino que se convierte en una realidad superflua, innecesaria y su asesinato sólo responde al cumplimiento de un deber del victimario para la ideología que le empuja a la acción (Norbert Elias, “La soledad de los moribundos”). Si el mal radical nos conmueve y paraliza es por esta capacidad de convertir en norma moral el matar a otro ser humano, cuando el crimen goza de racionalidad lógica por parte del victimario. Este es el verdadero peligro al que nos enfrentamos, que el crimen cometido no conduzca al autor a una detenida reflexión, a un examen de conciencia; para él no existe ningún dilema moral, pues entiende que no cumple más que una orden revestida de sentido común. Estos hombres han cedido su voluntad identificándola con la ideología que abrazan a ciegas. La irreflexividad, por tanto, deviene la más funesta y poderosa arma de destrucción masiva, porque la ideología no requiere más que la simple domesticación de las voluntades para generar una hueste dispuesta a cometer sin remordimientos cualquier acto de destrucción y asesinato.

Qué es lo que puede conducirnos a evitar el mal y a obrar el bien, aquellas actividades que conducen a la felicidad y al bien común. Ya que vivimos en sociedad serán aquellas que garanticen la dignidad incondicional del ser humano y como la experiencia nos demuestra que los hombres abrazan distintas cosmovisiones, será un deber social el reconocimiento de la pluralidad en el ámbito público – político – y, en consecuencia, la defensa de la libertad religiosa. Así, saber vivir como hombres distintos – cada uno con su cosmovisión – entre iguales – entre personas con una misma dignidad – es nuestro reto y sólo es alcanzable cuando entre un hombre y otro impera el diálogo y el respeto.

“Allí sucedió algo con lo que no nos podemos reconciliar. Ninguno de nosotros puede hacerlo. Esto no debería haber sucedido” (Hannah Arendt, “Essays in Understanding, 1930-1954”).

 

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comentarios
  1. Eymi dice:

    Es una vergüenza que nadie haga nada contra el crimen y la tortura a la que se somete a cristianos y otras minorías. La comunidad internacional debería responder ante este atentado contra los derechos humanos y la libertad de pensamiento.

  2. Saludos Eymi, gracias por tu comentario, esperemos se dé una pronta respuesta. Saludos.

  3. Cristina Bec dice:

    Hola Joan, recomiendo esta entrada, es interesante, lo que no vemos no nos afecta. Vemos más imagenes de la tragedia de Gaza que la de Irak. Si no vemos casi nada de Irak no debe pasar nada trascendente. http://www.caffereggio.net/2014/08/11/cristianos-de-antoni-puigverd-en-la-vanguardia/

  4. Excelente entrada. Una pena de que hay ¡Mucho silencio!, sobre lo que acontece en Irak.

  5. Saludos Cristina, muchas gracias por la aportación al tema, se agradece.

  6. Saludos Malourdese, muchas gracias por comentar. Esperemos se resuelva por la razón y no por la fuerza. Un saludo.

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