La religión en el ámbito público (I)

Publicado: 28 julio, 2014 en Laicismo, Religión

El papel de la religión en la esfera pública es una cuestión que ocupa el pensamiento contemporáneo ofreciéndose distintas posiciones. Antes de comenzar una detenida reflexión sobre la religión y lo religioso en la sociedad contemporánea, será útil preguntarse si la religión conforma en sí una categoría clara y distinta, si forman parte de ella todas las diversas religiones y manifestaciones espirituales y, al mismo tiempo, si la llamada vida pública es también una categoría clara y distinta al margen de la religión. Esta última cuestión es de una importancia trascendental, pues existe una opinión bastante común que considera que la presencia de la religión en el ámbito público es un problema, incluso de gravedad, pues, de ordinario, hay quienes le imputan – a la religión o a las religiones – el avasallamiento de la libertad del hombre.

Si la religión y la vida pública son categorías claras y distintas, habrá que suponer, por cierta lógica, que el ámbito natural de la primera es el privado. No obstante, si analizamos con rigor lo público, debemos averiguar si éste supone una realidad neutra en la que no tiene cabida ninguna cosmovisión o si, por lo contrario, supone una ristra diversa de cosmovisiones. Además, si tenemos presente que ninguna idea es neutra, sino que en ellas el hombre proyecta su pensamiento y su creencia respecto del mundo (Cioran, “Breviario de podredumbre”), deberemos investigar si lo público no presupone y afirma, consciente o inconscientemente, una o diversas tradiciones religiosas y, además, si lo secular es también una categoría clara y distinta caracterizada por la neutralidad o si, por lo contrario, presupone y reafirma también una o diversas cosmovisiones o religiones.

Es importante analizar el secularismo, pues existe la creencia que se trata de una categoría cerrada, liberada de lo religioso, ¿pero esto es así? A la luz de la experiencia y de la evidencia empírica no parece posible sostener con honestidad y rigurosidad académica que el secularismo es una categoría cerrada exenta de cosmovisión alguna. Al contrario, en las sociedades contemporáneas, existen tradiciones religiosas, incluso visiones míticas, que están adheridas en lo público y viven en ella con una asombrosa naturalidad. Existen, por ejemplo, muchos católicos no practicantes, cuyo desarrollo en la llamada vida pública no supone la presencia de ninguna creencia; sin embargo, su modo de desarrollarse en lo público implica una racionalidad que muchas veces responde a patrones éticos, morales y filosóficos que emanan del cristianismo – lo mismo podríamos decir, incluso, de personas que afirman no sostener una determinada creencia, o personas no practicantes que asumen pertenecer a una determinada religión –. Así, la secularidad más que una categoría cerrada y neutra, parece más bien un modo de vida en el que la existencia de un católico sigue siendo enteramente católica – lo mismo en el caso de la persona atea, judía o musulmana por poner otros ejemplos – sin que el Estado, en Europa, se identifique con una determinada cosmovisión.

Lo público, interpreto, no debe ser una esfera en la que determinada cosmovisión quede relegada a subsistir en la vida privada, sino el ámbito donde todas las cosmovisiones caminen juntas a través del respeto y para el bien común como fin último. En cambio, si se excluye de lo público a determinadas cosmovisiones difícilmente alcanzaremos algo tan deseable en sociedad como es la convivencia ciudadana. Por otro lado, la inclusión de las diversas religiones en lo público no supone ni debe suponer la exigencia al Estado para que asuma como política una determinada forma religiosa. La aconfesionalidad es el precio racional a pagar para disponer de una óptima democracia; sin embargo, es y sería peligroso que alguien, persona o institución, disponga o dispusiera de poder tal que pudiera excluir a una determinada cosmovisión de la esfera pública, pues en ello destruimos nuestra característica propia, la de ser una especie social y política. Vivir en sociedad supone convivir mediante el respeto – y no la mera tolerancia – con aquellos otros con los que no nos identificamos y ello por la pluralidad y el bien común.

comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s