Fanatismo religioso (II): díalogo y pluralidad

Publicado: 25 julio, 2014 en Política, Religión

¿Tiene sentido que hablemos de sociedad y de comunidad política cuando sobre las cuestiones trascendentales de la existencia humana el diálogo más bien se transforma en un virulento ejercicio cuyo único fin es la imposición al otro de nuestras ideas? Este modo de estar los unos con los otros no es humanista, pues no se respeta ni la dignidad ni la libertad del otro ni se busca el mejor ambiente para alcanzar el bien común a través de una convivencia basada en el mutuo respeto, sino que cada uno, en vistas a su seguridad enarbola, subyugado, una ideología con la que espera doblegar a su ‘oponente’.

El mundo social es la segunda naturaleza del hombre, es el ámbito de la humanización; sin embargo, con frecuencia, se convierte en un inmenso campo sembrado de odio a causa de la defensa a ultranza de ideologías – políticas,económicas, religiosas – que no buscan el bien común, sino el dominio del otro, dando lugar a actitudes totalitarias que llegan, incluso, a florecer con facilidad en estados donde la democracia parece firmemente instituida. Pero el fin de la sociedad no puede ni debe ser ese ámbito, cultural, donde la humanidad reste separada en facciones, sino que debe representar la suprema forma de convivencia humana dispuesta para la única acción razonable de la existencia del ser humano: la consecución del bien común en la que el sujeto logra su autorrealización a partir del desarrollo de sus proyectos personales.

El hombre, aunque lo parezca y lo intente, ni es una bestia ni es un Dios, sino que es un sujeto que, si alcanza su desarrollo correcto y natural, sólo puede vivir en una comunidad ético-política (Aristóteles, “Política”) basada en la justicia y la libertad – que nace del respeto de sus miembros al entenderlos como una dignidad incondicional, un fin en sí mismos – necesarias para disponer del bien del hombre en un contexto donde ningún otro ideal pueda ser más trascendente que la dignidad de la persona y su consecuente libertad, pues en nombre de cualquier otra ‘noble intención’ se minimiza, de continuo, la vida de miles de seres humanos. Por tanto, para pensar y alcanzar una auténtica comunidad de hombres es indispensable reconocer el respeto categórico de lo humano ejemplificado en la existencia de las más diversas minorías a fin de desprendernos de la fácil tendencia a desarrollar formas impositivas hacia el otro diferente. Sólo a partir del respeto por lo humano y su rica diversidad estaremos en disposición de construir, mediante el diálogo, una comunidad ético-política.

Del mismo modo que un solo hombre no constituye comunidad, tampoco lo hace un solo pensamiento. Así, sólo estoy legitimado a expresar mi particular cosmovisión si, al mismo tiempo, estoy abierto a escuchar la del otro, pues será de la puesta en común de los diversos pensamientos que estaremos en disposición de alcanzar el bien común, que siempre es el resultado de la suma de las aportaciones de todos los miembros que conforman la comunidad. El bien común, en definitiva, es sólo resultado del estar juntos, de la sincera atención y respeto de la pluralidad, siempre antagónica de la opresión y del pensamiento único que encierra toda ideología. Un respeto a la pluralidad que no requiere de la funesta tolerancia, sino de la virtuosa e intelectual apertura al diálogo. Si la voluntad y el pensamiento de cada uno de los miembros de la comunidad se hace presente y se escucha, la persona deja de estar sometido al imperio de una voluntad ajena y se transforma, en la apertura radical de sus potencialidades humanas, en cocreador junto a los otros de una sociedad basada en el bien común, la única forma de sociedad donde se respeta su dignidad y los derechos que emanan de ella.

comentarios
  1. Excelente comentario, muy acertado, muy acertadas tus opiniones. Defiendo mucho la libertad, pero muchas veces hacemos mal uso de ella, justificándonos en puras tonterías.

  2. Saludos Lourdes. Se agradece la aportación al tema. Sin duda, tendemos a hacer un mal uso de la libertad. Saludos.

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