El diálogo

Publicado: 17 julio, 2014 en Pensamiento

La solución de los problemas de la humanidad demanda poner fin a políticas y medios destinados al bien de unos pocos. Se requiere, en vistas al bien común, la proporcionalidad entre el desarrollo de la persona y el objeto de la sociedad. Un mecanismo indispensable para la consecución de este propísito no es otro que el diálogo y, en consecuencia, la capacidad de escucha. Sólo quien escucha se encuentra con la capacidad de entender al otro y, con ello, con la posibilidad de ofrecerle con garantías su bien propio. El bien común se logra cuando se pone el interés último en la persona y no cuando se subordina y cosifica a esta en vistas a un logro determinado que por contingente jamás tiene la condición de fin, de bien general.

El diálogo no es sencillo, pues exige compromiso. Quien escucha no observa ni interpreta, sino que comprende la posición del otro. Uno se encuentra dispuesto para el diálogo cuando ve al otro tal cual es con sus intereses concretos y no como desea que sea, subyugado a intereses ajenos, como pueden ser las ideologías de carácter político, económico o religioso. El diálogo, lejos de liquidar la personalidad acentua el reconocimiento de su dignidad incondicional, que no es otra que el hecho de ser un sujeto que es un fin en sí mismo – no es un medio para satisfacer otras necesidades –.

El hombre deviene plenamente humano cuando puede desarrollarse en plena libertad para destinarse a su propio fin, un fin que por su carácter de ser social no es otro que el bien común. Que la persona se desarrolle en plena libertad supone que el ser humano debe conprenderse, como decíamos, como un fin en sí mismo y no como instrumento de alguien para algo distinto del bien general, que es el bien del hombre porque este no es una inteligencia ni una voluntad encerrada en sí misma, sino que interactúa con sus semejantes integrándose en esa realidad que denominamos sociedad. Aquí es donde vuelve a entrar el diálogo y la capacidad de escucha que conducen a la superación del egoísmo y a relacionarse con los demás en vistas a un proyecto común en el que se alcanza realmente el bien particular: la libertad y la plena realización, que no es poseer mucho, sino ser mucho, ser plenamente humano, que implica gobernarse a sí mismo en lugar de estar encadenado por fuerzas extínsecas.

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comentarios
  1. cristina Bec dice:

    No hay diálogo sin la inclusión del otro, tampoco si no se busca el consenso real.

  2. Saludos Cristina, muchas gracias por comentar. Sin duda, la búsqueda de consenso es uno de los motivos del diálogo. Gracias.

  3. […] misma dignidad – es nuestro reto y sólo es alcanzable cuando entre un hombre y otro impera el diálogo y el […]

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