Persiguiendo a Descartes (I)

Publicado: 13 marzo, 2014 en Descartes, Filosofía

No existe hombre alguno que quiera permanecer en la mentira o el error. Todos buscamos la verdad y anhelamos hallarla con una certidumbre absoluta e incondicional, y más que en el ámbito del saber, que también, sobre todo para vivir conforme a ella. Sin embargo, acontece, que unos y otros se empeñan, a partir de ideas propias, a sostener cómo debe ser la verdad y los principios que emanan de ella. Algunos de estos quisieran y quieren establecer la verdad con una certeza matemática que de razón de todo.

Es indudable que a todos nos interesa, en lo posible, emitir juicios tan ciertos que sobre ellos no se derrame posibilidad alguna de error, pero, ¿cómo será posible que lo que uno conoce sea sin mácula de duda, verdadero? ¿El conocimiento del hombre no tiene límite o hasta dónde es capaz de conocer? Para ello, quizá podríamos llevar a cabo, convenientemente, la misma gesta que Descartes anuncia en la primera regla del ‘Discurso del método’, que no es otra tarea que la de no admitir como verdadera cosa alguna para no comprender, en nuestros juicios, más que aquello que se presenta a nuestro entendimiento de manera clara y distinta.

El poner en duda todo lo que hemos admitido hasta ahora como más verdadero y seguro (Descartes, “Meditaciones metafísicas”) no implica ni debe conducirnos al escepticismo, cuya característica es la suspensión de todo juicio cuando no se muestran fluctuantes, sino más bien a situarnos en disposición de encontrar esta tan anhelada verdad. Para ello es necesario que examinemos qué es aquello que, una vez puesto, momentáneamente, todo en duda, nos permita avanzar hacia el conocimiento de la verdad. Es obvio, que tras una detenida reflexión existe una realidad que debe ser exonerada de toda duda, a saber, nuestra propia existencia, ya que para el simple hecho de dudar tenemos que existir y pensar al mismo tiempo, de lo contrario, quién sería el sujeto de la duda.

Del hecho de ser existencias pensantes puede empezarse a escapar de la duda metódica y socorrer de ella todo cuanto hemos puesto en duda, pues si el ser sujetos pensantes es una verdad que se presenta a nuestra mente de manera clara y distinta, todo aquello que se perciba del mismo modo también se encontrará afectado por tal certeza. No obstante, recordemos que Descartes, con la idea del genio maligno, pone en duda incluso las realidades simples y universales, entre ellas, la idea de un Dios omnipotente, pues, ¿no cabe la posibilidad de que Él haya querido que nos equivoquemos siempre? (Descartes, “Meditaciones metafísicas”). Además, dado que no nos damos a nosotros mismos la existencia, tendremos la imperiosa tarea de descubrir si Dios nos creó con una naturaleza tal que seamos susceptibles de caer en el error incluso en esas verdades que se perciben con claridad y distinción. Así, la primera misión en nuestra búsqueda de la verdad será descubrir si Dios existe y si tiene la facultad de engañarnos.

Quizá alguien objete este último punto; no obstante, la idea de Dios que existe en nuestra mente, es decir, la de un ser sumamente perfecto e infinito no puede proceder del hombre (causa eficiente), en quien no se encuentra tal excelencia, sino de Dios mismo.

comentarios
  1. Muy interesante y da para mucho más.

  2. Saluos Malourdese, gracias por comentar, en los próximos días publicaré la próxima entrada. Gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s