La materia en Tomás de Aquino

Publicado: 1 diciembre, 2013 en Metafísica, Teodicea, Tomás de Aquino

¿La materia ostenta estatuto ontológico? En cuanto que posee ser, sí. No obstante, debe aclararse que posee ser en su máxima potencialidad y en su más mínima actualidad. En cuanto a su máxima potencialidad le conviene el calificativo de primer sujeto subyacente, es decir, el de principio. Sin embargo, por sí misma no existe en la naturaleza de las cosas, pues no es ser en acto, sino en potencia, por lo que es algo más bien concreado que creado (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, q. 7, a. 2, res. Obj. 3). Además, debe decirse que aun considerada en cuanto potencia, la materia prima no es infinita, sino en cierto modo, pues su potencia no comprende más que las formas naturales.

La materia no es una realidad existente al margen de la naturaleza divina, sino que es efecto de la omnipotencia creadora de Dios y participa por el ser de alguna perfección divina. De este modo, la relación entre Dios y la materia es la de Creador y criatura, pues si lo activo es causa de lo pasivo, Dios, en tanto potencia activa, es causa de la materia, que es potencia pasiva: “es razonable que el primer principio pasivo sea efecto del primer principio activo, pues todo lo imperfecto es causado por lo perfecto” (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, q. 44, a. 2, res. Obj. 2). Por tanto, la creación de cuanto existe no dependió ni depende de la materia, pues Dios, creando las cosas, no ha presupuesto ninguna materia. Dios es el único principio de la creación (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, q. 44, a. 4, res. Obj. 4) y creó la materia, pero no sin forma alguna, ya que la materia no puede darse sin la determinación de alguna forma que la determina en una especie concreta – la materia y la forma son elementos constitutivos de todo ente corpóreo –.

De esta manera debe decirse que “Dios es la primera causa ejemplar de todas las cosas. Para demostrarlo, hay que tener presente que la producción de cualquier cosa requiere un ejemplar con el objetivo de que el efecto tenga una determinada forma; pues el artista crea en la materia una determinada forma según el ejemplar establecido, tanto si este ejemplar está delante de sus ojos como si, con anterioridad, lo ha concebido en su mente. Ahora bien, es evidente que las cosas naturales tienen determinadas formas, y esta determinación de las formas es necesario que sea reducida a su primer principio, esto es, a la sabiduría divina, que estableció el orden del universo, que consiste en la diversificación de las cosas. Así, es necesario decir que en la sabiduría divina están las razones de todas las cosas, las cuales anteriormente (q.15 a.1) han sido llamados ideas, esto es, las formas ejemplares que hay en la mente divina, las cuales, aun cuando se multipliquen respecto a las cosas, sin embargo, realmente no son algo distinto de la esencia divina, si bien su semejanza puede ser participada por muchos de muchas maneras. Así, pues, el mismo Dios es el primer ejemplar de todo. Puede afirmarse también que algunas de las criaturas son ejemplares de otras en cuanto que hay algunas hechas a la semejanza de otras, bien porque sean de la misma especie, bien por alguna analogía en la imitación” (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, q. 44, a. 3).

Dice el Aquinate que “lo que es causa de las cosas en cuanto que son seres, es necesario que sea causa de las cosas, no sólo en cuanto que son tales cosas por las formas accidentales ni tampoco en cuanto que son estas cosas por las formas sustanciales, sino también en cuanto todo aquello que pertenece a su ser en el modo que sea. Así, es necesario sostener que también la materia prima fue creada por la causa universal de todos los seres” (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, q. 44, a. 2). Dios crea a la materia de la nada (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, q. 45, a. 2) informada por diversas formas elementales, así, participa del ser poseyendo una u otra forma. De esto se sigue que la materia es el primer sujeto de las formas, pues si no fuese sujeto de las formas cómo participaría del ser (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, q. 44, a. 2, obj. 1). Pero la materia no ha sido sólo creada por Dios de la nada, sino que además la materia y el tiempo empezaron a existir a la vez. Además, la idea de la materia en la mente divina no fue creada distintamente de la idea de la forma: la materia al ser creada informada no puede ser de ningún modo eterna, pero tampoco puede ser creada en el tiempo, pues esto último exigiría la existencia de una materia sin forma previa a la existencia de la misma materia informada.

Hay que decir, pues, que Dios crea e informa al mismo tiempo la materia, porque la materia no puede ser creada sin forma ya que todo ser es determinado en alguna especie y supone el acaecimiento de las formas que dan el ser. Por tanto, la materia es informada desde su origen y posee una esencia, si bien el es de la esencia de la materia posee la mínima actualidad de ser, de ahí que digamos que es ser en potencia –aunque no es absolutamente potencia, sino que posee el ser en su más mínima actualidad –.

Además, la esencia de la materia no es individual, sino que en cuanto primer sujeto de las formas no puede ser informada por una única forma sustancial, sino que más bien se ordena a la aceptación de las formas sustanciales (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, q. 47, a. 1), que la determinan el ser en potencia, ya que es la forma quien da el ser y el acto de la materia, pero, al mismo tiempo, la forma, al ser recibida en la materia, se convierte en la forma concreta de esa materia determinada. La materia posee una esencia, en consecuencia posee, también, una naturaleza gracias a la cual se ordena hacia un fin, las formas sustanciales: “la materia está delimitada por la forma, porque antes de recibir una sola forma que la determinara está en potencia para poder recibir muchas” (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, q. 7, a. 1).

Debemos concluir, pues, que “todo lo que ha comenzado a existir, antes de existir tenía la posibilidad de existir, porque, de lo contrario, sería imposible que existiera” (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, q. 46, a. 1, ob. 1) y esto que tiene posibilidad de existir es la materia, “que está en potencia para existir por la forma y para no existir por la privación de la forma” (Aquino, “Suma Teológica”, q. 46, a. 1, ob. 1). No obstante, que existiera antes de la existencia del mundo – la materia y la forma conjuntamente constituyen el mundo – no es posible por alguna potencia pasiva – la materia misma -, sino por la potencia activa de Dios (Aquino, Suma Teológica”, q. 46, a. 1, res. Obj. 1), ya que lo que es necesario lo es en cuanto que Él lo quiere, puesto que la necesidad de un efecto depende siempre de la necesidad de la causa. Y como en sentido incondicional no es necesario que Dios quiera algo fuera de sí mismo no hay más remedio que afirmar que “fuera de Dios nada existe desde la eternidad” (Aquino, “Suma Teológica”, q. 46, a. 1).

comentarios
  1. […] que la causalidad afecta esencialmente nuestra existencia – y esto lo explicamos al hablar de la creación de la materia como realidad concreada […]

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