Wert expulsa la filosofía del aula

Publicado: 24 octubre, 2013 en Educación, Filosofía

 

Es el deber de la sociedad, es más, es la exigencia a nuestra humanidad, que velemos con desvelo por la libertad. Las humanidades se encuentran en claro retroceso, en especial la filosofía, la madre de todas las disciplinas del saber – en cuanto que conecta a todas ellas entre sí – y causa de que el hombre oriente su vida de modo correcto, en beneficio de materias técnicas destinadas a la especialización de la persona en determinadas áreas profesionales. Sin embargo, qué importa que un joven adquiera el conocimiento de una profesión a través del estudio de una disciplina, ya sea en la universidad o en la academia, si se le niega desde la adolescencia la posibilidad de desarrollar con plenitud su razón, necesaria para adquirir el juicio correcto para desenvolver todas las capacidades propias del ser del hombre durante la existencia.

El destierro de la filosofía del aula es el perjuicio mayúsculo a la libertad trascendental – ‘libertad para’ – que permite el desarrollo interior del ser de la persona en vistas a su autorrealización. El perfeccionamiento humano no es un ideal, sino que brinda el despliegue de la infinita interioridad que es la naturaleza humana en la que radica el auténtico ‘qué hacer’ humano, motivo por el que el hombre no puede ser instrumentalizado. ¿Y qué disciplina despierta mejor en el joven esta llamada de su naturaleza ontológica? ¿Alguien dudará que la filosofía es la disciplina del saber que encauza en la búsqueda de la forma de vida que mejor corresponde al ser humano y que llamamos vida buena o feliz?

Nos tomamos la molestia de proclamar la necesidad de una sociedad perfecta y humana, pero olvidamos la disciplina que nos descubre aquellas formas y valores éticos que permitirán tal perfección, ¿o creen que otra disciplina al margen de la filosofía mostrará qué es el bien, la verdad y la justicia? No teman, nadie atentará contra las disciplinas científicas, pues éstas, aunque son las que permiten o son susceptibles de ofrecernos una mejora de nuestra calidad de vida, no son las que nos ayudan a ser humanos y mejores personas; no son las que nos descubren la virtud ni la libertad por la que orientamos en la praxis la existencia en vistas a nuestro fin, ni las que nos confieren el justo juicio para entender el fundamento de por qué la defensa de los derechos del hombre resuena a modo de imperativo en nuestra consciencia.

Es a la filosofía a quien compete descubrirnos la esencia de lo humano y esta es la razón por la que algunas formas de gobierno, incluso aquellas que se manifiestan en el marco democrático, la persiguen hasta el exterminio, porque si un día la turba descubre que la persona es un fin en sí misma y no un útil censurará sin temor ni egoísta interés personal cualquier uso instrumental que pudiera hacerse del sujeto humano. A diferencia de lo que sostiene Gorgias y cualquier relativista gnoseológico y moral, la verdad del ser existe, se puede conocer y explicar. Podemos derribar el relativismo descubriendo que la verdad y el bien no son meras ocurrencias mentales, sino realidades objetivas que atañen radicalmente al ser del hombre y a su perfeccionamiento mediante el obrar.

La filosofía responde a la natural inclinación de la persona por el saber. Ella nos encauza en la búsqueda de todas aquellas respuestas que permiten el acceso al hecho fundamental de la vida humana – quién soy – y, en consecuencia, que se escoja un valor ético y no otro: la virtud. Pero, cómo se escogerá con acierto la virtud que impone la libertad si en el aula se obvia y desprecia el conocimiento de uno mismo. No somos química, no somos física, no somos derecho, no somos periodismo, no somos mecánica… somos seres humanos que podemos desarrollarnos y perfeccionarnos mediante el despliegue de estas disciplinas una vez comprendemos la preciada esencia del hombre. Si no sabemos quiénes somos qué guía usaremos para avanzar sin miedo a la zozobra ni a la enajenación ante la realidad objetiva.

De la filosofía y por la filosofía depende de que no nos convirtamos en instrumentos en manos del poder ideológico que nos ata a las más terribles formas de despotismo. La filosofía libera a la palabra del hechizo del sofista, capaz de embaucarnos con dulces cantos de sirena, para ir en auxilio de esa naturaleza admirable que es el hombre y su inconmensurable libertad interior que se despliega con toda su realeza a través de un muy determinado comportamiento ético que origina el bien común. El humanismo mediante el despliegue de una ética personalista necesita a la filosofía. La esperanza del hombre descansa en que los valores del bien, de la verdad y de la justicia desembocan en un absoluto, realidad objetiva, que nos define y nos comunica su perfección: la felicidad es efecto de la difusión de la verdad y del bien en nuestra existencia y nuestro fin es asemejarnos a esa verdad y a ese bien a pesar de nuestra falibilidad.

¿Podemos decir que una sociedad sin filosofía es verdaderamente libre? La ausencia de filosofía es un paso para derrocar el carácter de absoluto de los derechos del hombre, pues una vez apartados de la acción política y de la conciencia ética de la persona nadie denunciará con ahínco que alguien – los grupos de poder en especial – trata a la persona de un modo no humano. Y para tratar a la persona de un modo humano es necesario que en las pizarras de cualquier aula se exhorte al conocimiento de uno mismo sin reservas. Así descubriremos que la libertad es un fin en sí misma necesaria para elegir entre diferentes absolutos: la verdad y el bien o el relativismo.

No experimentemos con la vida, pues el error no es un juego que puede reanudarse, sino una vida truncada que no alcanza su propósito.

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comentarios
  1. Curt Obrien dice:

    Los políticos tienen una gran tarea que realizar; en México , sigue habiendo continuas violaciones a los derechos humanos, el abuso del poder de varias instituciones no permite un pleno desarrollo del “Estado de Derecho”. México es un país grande en extensión territorial, rico en culturas, es una extraña mezcla de culturas europeas y culturas indígenas que han dado nacimiento a una nueva cultura. No se debe de dar preferencia alguna a una cultura; ni a los indígenas ni a los mestizos ni a los criollos: Todos somos mexicanos. Un verdadero y legítimo Estado, en lo primero que debe procurar es en los miembros que la componen; que exista respeto entre los habitantes, igualdad y seguridad en toda la población. Si el estado no cumple cabalmente con sus obligaciones, los habitantes tampoco lo harán y será un círculo vicioso. Si el Estado cumple con todas sus obligaciones, empezando por las garantías individuales, los ciudadanos cumplirán con las suyas y se formará un círculo virtuoso. Es, pues, derecho y deber de los políticos asegurar a sus gobernados su integridad como persona y, es derecho y deber de los habitantes vigilar a los gobernantes en el cumplimiento de sus derechos y obedecer las leyes.

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