¡Escucha a Dios!

Publicado: 17 octubre, 2013 en Metafísica, Pensamiento

Los problemas fundamentales de la cultura humana requieren para su examen una aproximación y una comprensión del hombre. No cabe ningún pensamiento del ser humano que no parta y no tenga como objeto fundamental la autognosis si pretende alcanzar la más próxima certeza objetiva y abarcadora del hombre. Sin un conocimiento propio de nosotros mismos no podemos alcanzar un subsiguiente conocimiento de la realidad extrínseca en la que actuamos y nos realizamos en vistas a un fin que se alcanza mediante una determinada forma ética. La evidencia de nuestro propio ser y la complejidad de nuestra naturaleza ontológica, que supera radicalmente a la de cualquier otro ser vivo, es la motivación intrínseca del ferviente deseo por conocernos a nosotros mismos y a la realidad total (Aristóteles, “Metafísica”).

A diferencia del resto de seres, el hombre es el único cuyo interés fundamental no depende ni se alcanza en la realidad física, sino que la trasciende. De aquí que se presente a modo de requerimiento intelectual y moral, en las más diversas cosmologías, el conocimiento de uno mismo. Si nos limitamos a estudiar y a comprender la naturaleza biológica del ser humano sin atender a su capacidad de autorreflexión no alcanzamos a penetrar en el interior del misterio del hombre (Ludwig Wittgenstein, “Tractatus Logico-Philosophicus”). Si el imperativo categórico conócete a ti mismo es el eje de toda reflexión sobre el hombre descubriremos que el correcto sentido y magnitud del conocimiento de la realidad es la búsqueda de uno mismo, la solución de quién soy y hacia dónde voy.

La cuestión del hombre es el problema del hombre y éste, todo apunta que parece ser así, es inalcanzable si se subestima o minimiza su original y exclusiva capacidad para la autorreflexión, pues no existe mayor universo para el hombre que él mismo. Así, la aproximación a toda posible verdad última debe partir siempre de una detenida y rigurosa antropología que no rebaje ni relativice ninguna de las facultades propias de la naturaleza de la persona. Porque si acontece esto último no sólo no lograremos un auténtico humanismo, sino que relativizando el ser del hombre hasta degradarlo al de la jirafa, obviaremos las cualidades mediante las cuales se perfecciona, a saber: el bien y su correcta realización a través del fortalecimiento de la virtud. Pues, no olvidemos, que la búsqueda de la verdad no corre de modo individual, sino que el misterio del hombre se revela a éste en cooperación con sus semejantes en cuanto ser social cuyo bien es compartido con la entera humanidad (Hannah Arendt, “La condición humana”). ¿No es así que en la pregunta “quién es el hombre” no sólo pretendemos dar una respuesta sobre nosotros mismos, sino sobre todos los aquellos con quienes compartimos el mismo estatuto ontológico?

No obstante, la cuestión del hombre no tiene sólo, como hemos dicho ahora mismo, un trasfondo moral, sino que éste revela o se revela por su sentido metafísico, que se descubre en el momento en el que uno, con conocimiento y dominio de sí mismo, percibe su radical independencia de la realidad en la que habita. Es indudable que la ciencia puede dar notables razones del cómo del hombre, pero nunca del quién es ni del por qué es, en cuanto que la esencia del ser humano no se encierra en una mera proposición matemática. La persona no es descubierta en el laboratorio, sino mediante su vida y su actuación práctica. Quizá, por qué no, la respuesta de quién es el hombre radica en un enmudecimiento, previo juicio riguroso y honesto, de la razón que, escuchando su interior, la conciencia, descubre el Logos más verdadero y auténtico, la del Ser en sí: “Qué será de ti, ¡oh hombre!, que buscas cuál es tu condición verdadera valiéndote de la razón natural… Conoce, hombre soberbio, qué paradoja eres para ti mismo. Humíllate, razón impotente; calla, naturaleza imbécil; aprende que el hombre supera infinitamente al hombre y escucha de tu maestro tu condición verdadera, que tú ignoras. ¡Escucha a Dios!” (Blaise Pascal, “Pensées”, 434).

El ser del hombre y su bien último sólo pueden juzgarse y comprenderse – ante el peligro de perpetuarse su irresolución – si se tiene presente, al mismo tiempo, su devenir. El deseo natural de la persona por el conocimiento se encuentra forjado por su intrínseco deseo de salvación, la cual no resulta clara y completa por la sola razón ya que es un acto de la gracia de Dios. La virtud, la originalidad y la exclusividad del hombre, decíamos, descansa en su capacidad de autorreflexión, en la posibilidad de escuchar en su conciencia la Voz de la verdad que rescata a la persona, y en especial a su razón, del silencio eterno (Pascal) de la vivencia de la nada del ser (Kierkegaard). En esta escucha, al contrario de lo que consideran los escépticos, descansa el auténtico y trascendente poder de la razón humana que se abre, irrestricta, a la abundancia infinita de la realidad que le es ofrecida en cuanto entra en contacto con el ser del que su naturaleza participa. Descartes lo comprendió, y en su duda universal, que parecía susceptible de encerrar al hombre entre los muros de su propia conciencia, terminó por reconocer que el ser humano sólo se alcanza a comprender a través de Dios y, a Éste, indirectamente, a través de la realidad.

comentarios
  1. Jaume dice:

    Por la autoconciencia adquirimos conocimiento de uno mismo como de una entidad separada y distinta de la naturaleza necesario para alcanzar nuestro propio fin que escapa y trasciende a las explicaciones de la razón matemática.

  2. Saludos Jaume, gracias por el comentario, se agradece, un saludo.

  3. Pablo F. dice:

    Quién se conoce a sí mismo consigue tener un cuadro del mundo y de su posición en él, que se acerque a la verdad. Quien no, genera un cuadro ilusorio al que se aferra a él con absoluta y dogmática tenacidad; estos son los radicales de las religiones y los escépticos positivistas que enaltecen la duda como fin.

  4. Saludos Pablo, comparto la reflexión que nos ofreces. Gracias por comentar, un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s