la moral fundada en un sistema de principios absolutos muestra la racionalidad de la ética (II)

Publicado: 30 agosto, 2013 en Ética y Moral

Todas las acciones libres son morales, en consecuencia, el mal compete a una problemática de la libertad. “Toda acción y elección parecen tender a algún bien; por esto se ha dicho con razón que el bien es aquello a que todas las cosas tienden” (Aristóteles, “Ética a Nicómaco”). Por tal razón, la ética se ocupa, precisamente, de orientarnos con el fin de aprender a ordenar aquellas acciones de las que podemos hacernos responsables, asumiéndolas, confesándolas y combatiéndolas. La tendencia al bien no es una elucubración, sino que es un fin realizable en la praxis. El hombre puede obrar mal, aunque esta variante moral no se halla en la naturaleza biológica del hombre ni, mucho menos, en la razón, de lo contrario sería cierta la afirmación de que el hombre es malo deliberadamente y sin resto; sin embargo, nadie obra para hacer algo que bajo todo punto de vista es malo, sino que el mal puede apreciarse bajo la forma de bien aparente.

Toda acción humana tiende hacia un bien o hacia un bien aparente. Precisamente porque una realidad contraproducente puede aparecer bajo la forma de bien, el hombre es susceptible de realizar acciones moralmente malas. El mal moral designa aquella acción humana que es objeto de imputación, acusación y reprobación. Así, la voluntad del hombre no es neutra, sino que es productora de hábitos, de virtudes y vicios. Además, si el bien del hombre no es la simple subsistencia, sino la realización de los propios proyectos personales, que es lo que confiere sentido y autenticidad a la propia existencia, el mal implica atentar contra esta autorrealización; supone dañar a otro directa o indirectamente o a uno mismo cuando no se ponen los medios necesarios para alcanzar ese bien por el cual todo hombre llega a ser aquello que debe ser: un fin en sí mismo que halla en el obrar la plenitud de su ser.

El mal no es ningún principio ni fundamento, sino que procede en exclusiva de la esfera del acto libre, del ejercicio de la voluntad. El bien es el fin del hombre, en cambio, el mal “es solamente la máxima suprema que sirve de fundamento subjetivo último a todas las máximas malas de nuestro libre albedrío. Esta máxima suprema funda la propensión al mal en el conjunto del género humano, en contra de la predisposición al bien, constitutiva de la voluntad buena” (Paul Ricoeur, “El mal. Un desafío a la filosofía y a la teología”). Si bien afirmamos del hombre que es un fin en sí mismo, que posee una dignidad incondicional; es menester recordar, como ya hemos hecho con anterioridad, la presencia de una doble dignidad en el ser humano que refuerza la presencia real del libre arbitrio. Por un lado, podemos hablar de una dignidad incondicional, que es real y no subjetiva ni sujeta a consenso, que emana de su estatuto ontológico por el mero hecho de ser persona. Esta dignidad jamás se pierde ni puede ser arrebatada, ya obre uno moralmente bien o moralmente mal, pues el ser humano es un absoluto, si bien relativo, desde el preciso instante en que es ontológicamente. Por otro lado, podemos hablar de una dignidad moral, que sí se puede perder en el momento en que obra el mal en detrimento del bien, que es su fin. No obstante, hay una diferencia cualitativa y radical entre la dignidad ontológica y la dignidad moral, pues una es en el orden del ser y la otra en el orden del obrar, y la primera prevalece sobre la segunda.

Dicho esto, cabe decir que el bien no sólo es el fin del hombre, sino que también es el bien integral de la persona considerada en su unidad y totalidad. Así, la consciencia juzgante que denuncia el mal y exhorta al bien no es una invención, sino una realidad intrínseca en la persona que desea y busca la felicidad, un fin que es deseado más que cualquier otro y por sí mismo (Brentano, “El origen del conocimiento moral”). Afirmamos en la entrada anterior que la incondicional dignidad de la persona es el principio moral que debe tomarse como referencia para designar si una acción libre es correcta. En esta hemos dicho que el hombre es un absoluto relativo, pues esta dignidad incondicional emana de su estatuto ontológico que es obra de un acto creador de Dios. En efecto, si la persona humana es una dignidad incondicional lo es en cuanto creada a imagen y semejanza de Dios; así, el ser humano es un absoluto relativo en cuanto que depende de un absoluto radical que está por encima de él y respecto del cual dependen todos los hombres y gracias al cual cada persona es respetable ante las demás (José Ángel García Cuadrado, “Antropología filosófica”).

Si decimos que el bien es aquello a que todas las cosas tienden en cuanto que perfecto, no queda otra que señalar que el bien y el ser son realmente lo mismo, pues ser bueno le corresponde señaladamente a Dios – primera causa efectiva en la que subsiste el bien –, pues algo es bueno en cuanto apetecible, y de lo que Él se apetece es la participación de su semejanza, que se halla manifestada en nuestro estatuto ontológico. Si Dios es el absoluto bien, es decir, es el bien por esencia, todas las cosas que son buenas lo son en cuanto que participan del ser de Dios, pues ningún bien subsiste al margen de Él. De este modo, si hay una sola bondad de todo y todo puede ser llamado bueno por la semejanza en la bondad divina (Tomás de Aquino, “Suma Teológica”), esa consciencia juzgante del hombre de la que hemos hablado, ¿no muestra el espíritu divino en el interior del hombre?, ¿no es Dios, en última instancia, el garante del ideal moral? ¿No es el bien y el perdón la manifestación de Dios en medio de los hombres? Si Cristo, modelo de hombre para el hombre, ha vencido definitivamente al mal, ¿podemos hablar realmente del mal como si aún tuviera poder real, como si la victoria sólo fuera futura? Es evidente que como no vemos el Reino de Dios en total plenitud aún seguimos amenazados por el mal, el hombre puede elegir lo que Dios rechaza para el hombre.

comentarios
  1. xavier dice:

    Gracias en este articulo aclaré mis dudas que tenía acerca del articulo anterior ….solamente añado que el mal “en si” no existe, lo que existe es el Bien (Dios) y el el mal lo entiendo como una ausencia de bien (Dios), es por eso que cuando el hombre actúa mal, no busca el mal en sí sino una bien aparente subjetivo..trasladándolo al ámbito de la religiosidad el hombre entre más se olvida de su principio y fundamento (Dios creador)mas se aleja del Bien y es mas propenso a actuar mal…es por eso la necesidad de buscar la relación con el absoluto y para una persona de fe sería la “oración”….

  2. Saludos Xavier… muchas gracias por la aportación en tu comentario. Se agradece. Un saludo.

  3. German dice:

    Hola. Disculpa, pero no existe ninguna naturaleza transcendental de la moralidad. La moralidad de un individuo o la de una sociedad es tan sólo un hecho (normativo), nada más. Es esa segunda naturaleza de la que hablas, y en cada cultura se manifiesta de un modo normativo particular. No hay más.

  4. Saludos Germán.

    Antes de nada muchas gracias por comentar.

    Usted dice que la moral carece de fundamento trascendental, sino que es más bien factual, positivo. Entiendo que usted perciba la inexistencia de una causa trascendente en la cual la acción humana halla el fundamento último de la moralidad. Si convenimos en su visión nos vemos en la obligación de afirmar que el ser humano posee una existencia impracticable, sin unidad ni sentido, pues si cambiamos las “normas” morales en virtud de la libérrima voluntad podemos sostener valores éticos opuestos, lo que hace que la vida sea impracticable y que, en definitiva, el hombre no pueda autorrealizarse. Lo que usted sostiene nos conduce, inevitable, hacia un relativismo, pues por lo que dice la moral cambia según las condiciones empíricas que la determinan. No obstante, valga la ironía, esto nos lleva a un fundamento: el amoralismo trascendental, eso sí, sagazmente presentado bajo la apariencia de positivismo científico, contenidos psicológicos, etc. Sin embargo, hay que decir, que no es la persona moral o su libertad quien condiciona los valores o principios éticos, sino que son los valores los que condicionan al sujeto. Un valor no comienza a ser bueno porque lo quiero, o porque deseo realizarlo, sino que quiero realizarlo porque advierto que es bueno realizarlo en vistas a mi realización como ser humano, prefiriéndolo a otros con los cuales puede estar en conflicto. Lo que hace la persona moral es descubrir valores, tomar conciencia de ellos para alcanzar del mejor modo posible su fin.

    Muchas gracias por comentar.

  5. German se me ha adelantado, Joan, yo venia a decir algo muy similar pero antes quiero hacer constar que no se puede “percibir la inexistencia” por definición, lo que se observa es la carencia de pruebas que apunten siquiera a la posibilidad de que exista una causa trascendente y, dado que, para que algo pueda ser considerado una causa debe constatarse antes que existe ese “algo” y después que existe la correlación causal, no puede hablarse de causas trascendentes antes de haber probado que existe algo que puede ser llamado “trascendente” y aun si esto se hiciera (que no lo creo posible) después habría que probar la existencia de la correlación.

    En cuanto a la moral es claro que los diferentes grupos humanos disienten en muchos aspectos sobre lo que se puede considerar bueno y malo y los mismos grupos humanos también cambian sus valores morales a lo largo del tiempo lo cual hace que apelando al sentido común (en este caso podríamos desarrollarlo como una apelación al principio de parsimonia) la causa más aceptable (si es que se formulara alguna otra que fuera posible, cosa que no se ha hecho) sea el propio grupo trasmitiendo los valores que lo mantienen cohesionado y desechando los que producen disturbios en su funcionamiento.

  6. Saludos Cayetano.
    Antes de nada muchas gracias por comentar.
    Si hay algo evidente es que hay ser en abosluto y no más bien nada (Heidegger, “¿Qué es la metafísica”?).
    Por otro lado y como ya he dicho a German, nadie actúa sin seguir un criterio, orden, sentido salvo que se sea un desorientado que no sabe dónde se dirige. Como he dicho en muchas ocasiones, no hay una sola acción que no tienda a un fin…
    Otro asunto es la existencia de la ley humana, de determinadas costumbres culturales… sin embargo los principios morales son universales aunque uno los ignore o desconozca. Si hablamos de derechos humanos, por ejemplo, es porque descubrimos el valor de la persona humana por encima de la xenofobia, la homofobia, etc. Si hay una jerarquía de valores es en relación a unos contravalores. Como digo hay que distinguir ley humana y ley natural: “Las leyes normativas, las normas, en general, en su más amplio sentido (preceptos, reglas, decretos, recomendaciones…) pueden ser justificadas (pues la justificación consiste en insertar la acción o el proyecto en alguna norma), así como también pueden, en principio, ser desobedecidas o corregidas; las leyes naturales pueden, en cambio, ser explicadas (carece de sentido, salvo que adoptásemos una perspectiva ontoteológica, cualquier intento de «justificar» la ley de la gravitación), pero no pueden ser desobedecidas…” (Gustavo Bueno, “El sentido de la vida”).

    Gracias por comentar.

  7. Si fuera evidente eso que dice, Joan, de que “hay ser en absoluto”, no estaríamos discutiéndolo. Por un lado yo no veo que exista eso que usted llama “ser” sino que entiendo que de lo que existe yo puedo decir “es algo” y por otro no parece que exista posibilidad física de que pueda o haya podido existir algo en el universo que pueda aproximarse a su concepto de “nada”, con lo cual esa dicotomía me parece artificial.

    En cuanto a la “ley natural” creo que el señor Gustavo Bueno no está hablando del mismo concepto que usted por mucho que emplee los mismos términos pero, de cualquier modo, si usted (o el, lo mismo me da) cree que existe una “ley moral universal” debería demostrar que existe con pruebas igual de solidas que las que se pueden usar para demostrar que existe lo que coloquialmente llamamos “ley de gravitación”(*) y entonces yo podría tomar en serio su existencia, mientras tanto, me permitirá usted que, a falta de pruebas, lo considere una simple creencia que no afecta en nada al hecho antropologicamente demostrable de que siendo la moral diferente para diferentes grupos humanos es el grupo humano el origen de la moral y no de otro modo.

    (*) En cualquier caso, lo que coloquialmente llamamos, “ley de gravitación” es una regularidad que se ha observado, una aproximación aceptable cuando se dan determinadas condiciones de contorno pero que no se puede emplear con carácter universal, por ejemplo con masas elevadas o muy pequeñas, con altas velocidades, … Ya le he dicho otras veces que no existen “leyes” en la física tal como usted entiende que son las “leyes” es decir rectoras universales, lo que existe es una observación de patrones o regularidades que se dan cuando se dan determinadas condiciones. La palabra ley empleada en física es un arcaísmo decimononico que se mantiene aunque ya se ha olvidado el “Deus ex machina” que originó el nombre; si usted quiere encontrar alguna autentica “ley” lo que más se le aproxima son los “principios de la termodinámica” y aún así hay críticos sobre su supuesta universalidad.

  8. Saludos Cayetano.

    Ciertamente, Cayetano, una propiedad de todo ente es que “es”, participa del ser, y, además, es algo. El ente no es una realidad abstracta, sino que goza de una determinada esencia. Todo lo que conoces es ente, y ningún ente no deja de ser algo. En la realidad hay ser en absoluto en cuanto que todas las cosas existentes son, tienen ser en un determinado grado: https://opusprima.wordpress.com/2013/05/16/el-conocimiento-de-la-realidad-y-de-dios-parte-ii/

    “Al transgredir las normas legales, en la medida en que lo hace sin conocimiento de aquellos que las han convenido, está libre de toda vergüenza y castigo; si se le descubre, empero, no. Por el contrario, si en contra de toda probabilidad, se violenta algún principio que es connatural a la naturaleza misma, aun cuando escape del conocimiento de la humanidad entera, no por ello el mal es menor, ni será mayor en el caso de que todos los hombres fueran testigos. Porque el daño resultante no lo determina la opinión, sino la verdad” (Antifonte, “Acerca de la verdad”, Fragmentos).
    Dices: “al hecho antropologicamente demostrable de que siendo la moral diferente para diferentes grupos humanos es el grupo humano el origen de la moral y no de otro modo”. Esto, más bien son costumbres o hábitos que pueden ser moralmente buenos o malos en cuanto reconocen o no la dignidad incondicional de la persona.

    Gracias por comentar.

  9. Cristina Bec dice:

    Interesante artículo e interesantes comentarios. Pienso que importancia de hallar la verdad no sólo se relaciona con lo especulativo, con la inteligencia humana, sino también con el terreno delo volitivo, lo moral, o lo que es igual, con lo personal, con aquello que hace referencia al sentido de la vida. Concuerdo contigo y con Xavier.

  10. Saludos Cristina, gracias por la aportación al tema debatido. Un saludo.

  11. xavier dice:

    se me hace interesante este tema…solamente me gustaría añadir lo que entiendo por ley: se que existen leyes universales eternas, también que existe una ley natural inscrita en el corazón de cada hombre (sinderesis) que dice “haz el bien y evita el mal”, pero esta ley natural de alguna manera es abstracta y el hombre en cada cultura a querido expresarla mediante leyes positivas…

  12. Bueno, Joan, como de costumbre nos encontramos en un callejón sin salida, usted cree en unas esencias que no puede demostrar con las pruebas que yo admitiría (contrastables, repetibles y susceptibles de ser percibidas) y yo no admito otra realidad que esta en la que existo, parrafraseando al “viejo profesor”, la transcendencia me es ajena, me encuentro perfectamente asentado en la finitud en cuanto no concibo que haya nada fuera de ella y no la echo de menos porque tampoco admito esta clase de paradoja (ver Enrique Tierno Galván “¿Qué es ser agnóstico?” pg. 16) .

  13. Saludos Xavier. Muchas gracias por la aportación, coincido con esta línea argumental que presenta. Muchas gracias por este apunte.

  14. Saludos Cayetano. Ciertamente, puede parecer que nos hallamos en caminos opuestos, sin embargo, al margen de que es grato dialogar con alguien de su terrible honestidad, sí considero que tenemos o debemos tener algunos puntos que nos acercan irremediablemente. Muchas gracias, insisto, por tus comentarios. Siempre se agradece una visión distinta a la de uno mismo, son las que más invitan a la reflexión. Gracias.

  15. Sigfrid dice:

    German y Cayetano:

    Habláis de costumbres y la presencia de costumbres diversas en las correspondientes culturas para refutar la existencia de una moral absoluta. Pregunto, ¿no puede suceder que sean generalmente aceptadas en una determinada cultura ciertas prácticas que no resultan beneficiosas en absoluto para el hombre? ¿No puede ser insalubre para la persona algo a lo que estamos acostumbrados? Una cosa no es buena porque sea usual, pues se dan como frecuentes actos que antropológicamente no son provechosas, sino perjudiciales para la persona. ¿Aceptar lo perjudicial como practica cultural no es adaptar al hombre a lo perverso? ¿Esto no invita a pensar y a descubrir que hay un bien concreto y un determinado modo de actuar?

  16. Saludos Sigfrid, muchas gracias por tu comentario. Interesante pregunta “¿No puede ser insalubre para la persona algo a lo que estamos acostumbrados?”. Un saludo.

  17. Jaume dice:

    Coincido con el argumento de escrito y de algunos de los comentarios. Bien, hay diversidad de culturas y diferencia de costumbres entre unas y otras, pero los juicios sobre aquello que se ha de tener por bueno o malo es idéntico por la simple razón de que existe justamente una naturaleza en el hombre y una razón.

  18. Saludos Jaume, muchas gracias por comentar y por la aportación; cierto: hay una naturaleza en el hombre. Un saludo.

  19. Desde luego, Joan, coincido en que a mi también me parece provechoso este intercambio de opiniones y desde luego que tenemos puntos en común, por ejemplo, yo no discrepo en que la moral que usted expone, con algunas salvedades, es como debería ser, básicamente discrepo en como y porque se llega a esa conclusion.

    Me voy a permitir, con su permiso, responder a Sigfid en la parte en la que me siento concernido: Yo no defiendo en ningún momento que lo que sea natural sea bueno, si hiciera eso estaría cayendo en la falacia descrita en lo que se conoce como el “Problema del ser y el deber ser” (lo cito por su nombre por si quiere ampliar su información) sólo defiendo que es natural porque la observación de la naturaleza nos permite realizar esa descripción, de ello no puede derivarse que yo considere que lo natural es siempre bueno; yo describo que lo que habitualmente se considera bueno es aquello que ayuda a la cohesión del grupo y que lo que habitualmente se considera malo es aquello que provoca disturbios en el grupo porque considero que puedo demostrar que el origen de la moral es el grupo humano pero, dicho esto, también hay que decir que los grupos humanos tienen historia y en esta historia se manifiesta que las formas morales van cambiando porque los hijos no suelen aceptar tal cual la moral que se les trasmite en el proceso conocido como “endoculturación” y las diferentes generaciones van modificando estas normas morales dentro del paradigma que he descrito, es decir, sólo sobreviven aquellas normas que mejor mantengan la cohesión del grupo. Dejaré el concepto grupo indefinido por no extenderme en demasía pero no puedo dejar de señalar que aquí no se considera específicamente el bien del individuo y después de ello debería extenderme sobre lo que demuestran los experimentos que consideramos equidad aceptable, los estudios antropológicos de como llevamos cuenta sumaria de los favores intercambiados y algunas otras cuestiones que no abordaré para no aburrir.

  20. Saludos Cayetano, muchas gracias por comentar. Sin duda sé que nuestra diferencia radica en eso último. Un saludo.

  21. Sigfrid dice:

    Resulta que en la vida cotidiana queremos, normalmente, algo de manera incondicional, lo conseguimos, y luego comprobamos que eso no era realmente lo que queríamos. Qué es aquello, pues, que nos hace felices. Algunos dicen que la virtud es un elemento de la felicidad, pero es al contrario, la felicidad es la recompensa de la virtud, de querer lo que es propiamente bueno por sí y que contribuye a la plenitud de la persona, que es lo que todos deseamos realmente.

  22. Saludos Sigrid. Gracias por comentar.

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