El conocimiento por la fe no se puede construir sobre la nada intelectual (I)

Publicado: 3 julio, 2013 en Ciencia, Metafísica, Pensamiento, Religión

canadaLa lectura del artículo del que forma parte la fotografía que encabeza esta entrada en el que se menciona, a saber por qué lógica, que la mejora de la formación intelectual de la persona se ajusta al porcentaje de quienes abandonan la creencia religiosa me invita a reflexionar sobre otro asunto relevante, la reclusión de la fe. En la forma de proceder de no pocos cristianos existe un cierto abandono del entendimiento de la fe, la cual se vive y se confina en la interioridad del corazón y de la subjetividad del sentimiento humano. En esto, olvidan muchos que la fe no puede darse nunca por supuesta como una cuestión ya decidida, sino que, en cuanto acto que abarca todas las dimensiones de la existencia del hombre, tiene que ser pensada de nuevo y, de nuevo, manifestada (Joseph Ratzinger, “Evangelio, catequesis, catecismo”): intellego ut credam. Otro funesto error, de las mismas dimensiones si cabe, es la cesión a la cosmovisión ateísta de la exclusividad del interés por el conocimiento de la realidad objetiva, del mundo y del hombre, como si el conocimiento de Dios, requisito indispensable para amarlo – pues nadie ama lo que no conoce –, no se alcanzará también mediante la razón y el conocimiento del macrocosmos (universo) y del microcosmos (el ser humano).

La escisión en el creyente en su relación con Dios entre el mundo finito y el mundo infinito, entre lo sensible y lo invisible, conduce, con error, a una religiosidad que reposa en el sentimiento. Y una religión de sentimiento es una falsa religión – o una religión, si quieren llamarla así, hecha a la medida del hombre, por muy beato que aparente ser quien así la vive y exhibe –. Si aceptamos que la presencia de Dios está inscrita en la naturaleza ontológica del ser humano – pues el hombre descubre en su espíritu no sólo la idea de lo eterno y lo absoluto, sino como verdadera realidad que anhela y persigue por intrínseca necesidad de su ser – y si entendemos que el conocimiento, la gnosis, supone, ante todo, una elevación del alma humana en su perpetua búsqueda de la verdad en la que descansa el sentido del devenir existencial, en la ordenación – religare – a Dios entran en juego el ser y, en consecuencia, el entendimiento: el  hombre participa en el ser de Dios según un determinado modo de ser y, al mismo tiempo, el hombre puede conocer a Dios “porque su propio logos, su propia razón, es logos del Logos, pensamiento del Pensador, del espíritu creador que impregna el ser” (Joseph Ratzinger, “Introducción al cristianismo”). Descartes concluye que existe una causa primera, Dios, que nos confiere el ser continuamente, lo mismo parece apuntar Berkeley: “viendo que no dependen de mí pensamiento (las ideas) y que tienen una existencia distinta de ser percibidas por mí, tiene que haber alguna otra mente en la que existen. Por tanto, es tan seguro que el mundo realmente existe como que hay un espíritu infinito, omnipresente, que lo contiene y lo soporta” (George Berkeley, “Tres diálogos entre Hilas y Filonus”).

La subjetividad humana cuando se absolutiza conduce al fideísmo y al nihilismo, es decir, “al abismo de la nada, donde naufraga todo ser” (Hegel, “Werken I”). Así, para el conocimiento de la verdad del Absoluto se hace indispensable la ordenación de lo finito en lo infinito, que subyace, embrionaria, en el estatuto ontológico de la persona. Esta apertura a la realidad total es, como ya hemos dicho, un acto que abarca todas las dimensiones de la persona, consecuentemente también la razón. En el conocimiento y en el amor a la verdad participa la persona entera, con su razón y mediante un muy determinado modo ético de obrar, por ello, no resulta extraño que en el primer artículo de las entradas relacionadas – ver parte inferior de esta entrada – se mencione también que las personas no teístas – que no quiere decir que no sean religiosas –son igual de caritativas que las teístas: la pregunta por la verdad exige una determinada postura moral, pues la vida del hombre no es mera reflexión, sino un tener que hacerse en cada momento, por lo que nunca puede prescindir de muy determinadas normas – virtud – vinculadas a la cuestión de la verdad – el sentido – y no a la arbitraria subjetividad del fideísmo o del nihilismo (Albert Camus, “El hombre rebelde”).

Suele decirse, bien distinto es que sea cierto, que las personas que profesan la religión atea son más abiertas a la ciencia. Dicha afirmación esconde una verdad si comparamos el ateo virtuoso con el individuo que abraza el fideísmo; no obstante, acontece lo mismo entre el creyente virtuoso y el ateo nihilista que instrumentaliza a la ciencia para conferir sentido a sus prejuicios. Por tanto, hemos de hacernos la siguiente pregunta: ¿Puede la ciencia, es decir, el conocimiento del mundo natural, explicarlo todo? ¿La ciencia a quién contenta, a los teístas o a los ateístas? Ludwig Wittgenstein tiene una respuesta que comparto: “nosotros sentimos que incluso si todas las posibles cuestiones científicas pudieran responderse, el problema de nuestra vida no habría sido penetrado” (“Tractatus Logico-Philosophicus”, 6.52). El misterio de la vida del hombre conduce, irrevocable, a admitir con la razón la imposibilidad de ésta de alcanzar conocimiento infalible: “Hay que saber dudar donde es necesario, asegurarse donde es necesario, sometiéndose donde es necesario. Quien no lo hace no escucha la fuerza de la razón. Los hay que pecan contra estos principios: o bien aseverándolo todo como demostrativo, por no entender de demostraciones; o bien dudando de todo por no saber dónde hay que someterse; o bien sometiéndose a todo, por no saber dónde hay que juzgar” (Blaise Pascal, Pensées, 268). El entendimiento humano es lo suficiente razonable para aceptar que por sí sólo no alcanza una explicación última, cuya base firme y estable permita alzar de manera inquebrantable todas nuestras cuestiones y dudas a modo de certeza. No obstante, esto no es motivo para aparcar la razón en el conocimiento de la verdad y recluir la fe en el terreno del sentimiento como suele hacerse de un modo bastante mayoritario. La fe, nunca lo olvidemos – incluso por muy místico que sea uno –, se dirige a la razón y, por esto, ha de ser pensada una y otra vez. La fe procede de la escucha, del conocimiento de la verdad, de la comprensión de la realidad entera, y una vez escuchada, conocida y comprendida (Rm 10, 17) – aunque de modo parcial – se ama la verdad.

La fe no es nada, absolutamente nada, sin la razón: “la demolición de la metafísica especulativa hecha por Kant, y el traslado de lo religioso a la esfera del puro sentimiento ajeno a la razón y a la metafísica, realizado por Schleiermacher, hicieron que se agravara el problema: por primera vez se abre ahora un foso insalvable entre metafísica y religión. La metafísica, es decir, la razón teórica, no tiene acceso alguno a Dios. La religión no tiene asiento alguno en el espacio de la ratio” (Joseph Ratzinger, “El Dios de la fe y el Dios de los filósofos”). Este es el peor mal que puede causar el hombre creyente a la fe que dice profesar, pues no hay mayor error que pensar que el conocimiento filosófico – teológico – no es indispensable para el conocimiento por la fe. Es evidente que para ser un ‘rodillas dobladas’ no es necesaria más que tal beata posición estética del cuerpo y del corazón, sin embargo para ser un verdadero creyente el Logos divino necesita y quiere contar con el logos humano. El hombre necesita pensar y repensar su fe y su relación con Dios hasta no alcanzar su visión directa, que será la respuesta última a toda pregunta, esa pregunta que para Wittgenstein no resuelve la ciencia. Sin embargo, algunos creyentes, quizá revestidos de una asombrosa perfección ascética, hablan y alardean de Dios como si lo tuvieran en sus manos. Estas personas si no son detractoras de la razón sí muestran justo entusiasmo por ella; personas que depositan confiadas todo fundamento del conocimiento en la sola fe. El ateísmo y el teísmo desligados de la razón se transforman en una patología peligrosa que abre las puertas al fanatismo.

La fe cristiana no es limitación ni obstáculo para la razón, sino que, por el contrario, sólo ella está en condiciones de habilitar la razón por el cometido que le es propio” (J. Ratzinger, “Una mirada a Europa”): el conocimiento de la verdad. Porque el hombre, también el cristiano, busca la verdad absoluta es indispensable el conocimiento de la verdad parcial: el mundo y el ser humano. Por tanto, la ciencia no es un saber de ateos y para ateos que expone un mundo sin Dios con un lenguaje, en ocasiones, antirreligioso – recordemos la reciente crítica de Peter Higgs a Richard Dawkins por este asunto concreto –, sino que también es un saber que ocupa a aquel científico para quien Dios está al comienzo de toda reflexión y al final de sus investigaciones. La ciencia y la religión no son incompatibles, lo único discordante y repugnante para el saber son ese prejuicio y ese dogmatismo de ciertos ateos escépticos y de aquellos creyentes que abrazan el fideísmo sin el cual “muchos hubieran podido alcanzar la sabiduría, sino hubiesen creído haberla alcanzado” (Séneca, sobre la serenidad, “Diálogos”, p. 280). En la búsqueda de la verdad hay que ser consciente de que esta no se posee. No puede haber honestidad ni rigor desde el dogmático fideísmo ni desde el dogmático escepticismo.

La fe cristiana no puede ser limitación ni obstáculo para la razón cuando “todos los hombres desean por naturaleza saber” (Aristóteles, “Metafísica”, I, 985 a), y no sólo para adquirir una certeza conceptual, sino más bien la seguridad existencial; ese punto de apoyo que puede desarrollarse a través del correcto gobierno de uno mismo en la vida práctica para alcanzar la plenitud. El hombre busca, por necesidad intrínseca, la certeza existencial de sí mismo que ofrece de modo ilusorio la ideología y de modo real el Ser, quien “ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo” (Juan Pablo II, “Fides et ratio”). Ante la reclusión de la fe es necesario abrir de nuevo las puertas a la metafísica, que se ocupa del estudio de la causa última y de los primeros principios y más universales de la realidad. El Estagirita la llama filosofía primera, pues a diferencia de cualquier otra, ya sea la antropología, la filosofía de la naturaleza, la filosofía de la ciencia, etc., no se ocupa de una parte, sino de toda la realidad. “Todos los hombres desean por naturaleza saber”, pues nadie quiere permanecer en la mentira o en el error, para alcanzar la plenitud existencial mediante el conocimiento de la verdad sobre sí mismo y el mundo. La búsqueda de una certidumbre en el ámbito del vivir, sobre todo, parece indispensable pues en ello se ocupan los hombres desde el comienzo de los tiempos. No obstante, si la fe no es nada sin la razón, tampoco es nada la sola razón sin la fe: “¿hay en el mundo algún conocimiento tan cierto que ningún hombre razonable pueda dudar de él?” (Bertrand Russell, “Los problemas de la filosofía”).

 

Entradas relacionadas:

 

Comment: Religion is in decline – so why are people so well behaved?

 

¿Cómo vivo la fe?

 

El conocimiento de la realidad y de Dios (II).

 

Ante el asombro de que hay un mundo, de que existe lo que existe, nos situamos en el umbral de lo trascendente.

 

La metafísica se ocupa del estudio de la causa última y de los primeros principios y más universales de la realidad.

 

El conocimiento de la realidad y de Dios (III)

 

Ricky Gervais: “¿Por qué no creer en Dios?”.

 

comentarios
  1. Excelente amigo, ¡un placer leerte! da gusto saborear tu reflexión que tiene el gusto de una verdadera meditación, uniendo corazón y entendimiento, saber de Dios y saber del hombre. Esta premisa de la razón iluminada por la fe está en el corazón mismo de la sabiduría cristiana

  2. Saludos Marcelo. Muchas gracias por comentar y por la aportación al tema. Siempre es un placer leer tus cometarios. Fe y razón son fundamentales, no podemos separarlas nunca para alcanzar mejor comprensión y plenitud del ser. Gracias por el comentario. Un saludo.

  3. Primero, Joan, hablar de “religión atea” es como decir que una televisión apagada está sintonizada en el “canal off”. Aparte de esto, y en cuanto a la cuestión de fondo, el problema fundamental es que la ciencia es lo contrario de la religión, de hecho la ciencia nace cuando se cuestiona la veracidad de las creencias y se las analiza, estudia y contrasta con la realidad:

    “Es precisamente a través del descubrimiento científico como aprendemos que algunas de nuestras ideas … son prejuicios. Sólo después de que el progreso de la ciencia nos ha llevado a descartarla, descubrimos que una creencia que sosteníamos previamente era un prejuicio. Pues antes de ese progreso no hay criterio por el cual reconocer los prejuicios.” [Karl Popper “El mito del marco común. En defensa de la ciencia y la racionalidad”: “Ciencia: problemas, objetivos, responsabilidades” (versión revisada de conferencia en la Federación de sociedades americanas de biología experimental 17-04-1963) pg. 113 y 114]

    En este sentido es cierto que el conocimiento nos aleja de la creencias y nos aleja en un porcentaje superior del 14%, ya que mientras (2009{*}) el 61% de los que carecen de formación académica cree en Dios, sólo el 47% de los que tienen formación académica superior cree; si nos remitimos a los científicos (Academia de Ciencias Americana y siendo EEUU un país con casi el doble de creyentes que Europa 80%) matemáticos, físicos y biólogos van del 7% al 13% los que creen en un dios y desde luego, para mantener sus creencias, la mayoría de ellos han tenido que abandonar la mayoría de los dogmas y afirmaciones irracionales de las religiones personales para llegar al conocido como “dios de los filósofos” ya que como bien decía Einstein “La Biblia es una honorable pero primitiva serie de leyendas que de todas formas resultan infantiles.”

    {*} Estas cifras deberían ser corregidas ya que el número de creyentes desciende (en España) a razón constante de un 1% anual desde 2000 con lo que estamos hablando de que ahora hay entre un 3% y un 4% de creyentes menos.

  4. Saludos Cayetano.

    Antes de nada, muchas gracias por su comentario. Bien, una cosmovisión y el ateísmo es una cosmovisión, es decir, es un modo de interpretar el mundo y de ordenarse en relación a la realidad. La única diferencia entre la religión atea y la teísta es que esta última implica un orden o relación concreta a Dios. Sin embargo, ambas, suponen una libre elección del entendimiento y una opción de la voluntad – de todo el ser de la persona en definitiva – cuyo objeto es la atención a la verdad que la realidad – el ser – nos muestra. El ateísmo es una religión, pues supone la relación ontológica de total dependencia del hombre con la Realidad, y como bien sabemos, hay más bien ente y no nada (Heidegger, “¿Qué es la metafísica”?). De no ser así toda cosmovisión resta imposibilitada.

    “De hecho la ciencia nace cuando se cuestiona la veracidad de las creencias y se las analiza, estudia y contrasta con la realidad”. De hecho la ciencia no nace de cuestionar la veracidad de las creencias, sino del hecho de la creencia misma. Es suficiente con retroceder a la historia y comprobar quiénes son los padres de la ciencia moderna.

    Ciertamente, a través del conocimiento, de cualquiera de sus ramas, la principal la metafísica, pero también la ciencia natural,la filosofía… nos desprendemos de los prejuicios, que como bien indica su término es anterior al juicio y se halla, en consecuencia, fuera del ámbito de lo racional.
    Por otro lado será interesante qué entiende usted por creencia. Sin lugar a dudas la fe, si se refiere a ella, no es una superstición, sino que es un asentimiento de la razón. Intellego ut credam.

    En cuanto a esta información (que no sé de dónde saca) qué quiere decirme: “En este sentido es cierto que el conocimiento nos aleja de la creencias y nos aleja en un porcentaje superior del 14%, ya que mientras (2009{*}) el 61% de los que carecen de formación académica cree en Dios, sólo el 47% de los que tienen formación académica superior cree..:”. Lo más sorprendente es el “en este sentido es cierto”, de dónde procede este axioma.

    “La Biblia es una honorable pero primitiva serie de leyendas que de todas formas resultan infantiles”. Una opinión respetable, pero no es más que una opinión.

    Muchas gracias por comentar.

  5. Religión es un conjunto de creencias acerca de la divinidad normalmente acompañada de una serie de practicas y ritos y el ateísmo pueden ser dos cosas, bien la expresión de que no se cree en dioses o bien la negación de que tales dioses existen; en cualquiera de los dos casos se está negando la creencia con lo que difícilmente podemos hablar de religión, en todo caso estaríamos hablando de que los que así opinan (u opinamos ya que aunque yo nunca me califique de ateo si lo soy en el sentido de no creer en dioses) carecen de religión.

    La metafisica, Joan, puede ser un buen ejercicio intelectual pero, al carecer de contrastación con la realidad, de cualquier conocimiento que pudiera parecer que hemos obtenido se desconoce si es o no conocimiento verdadero; y decir que no sabemos si es conocimiento verdadero es tanto como decir que no es conocimiento, es una creencia, que podrá o no ser confirmada en la medida en que seamos capaces de diseñar un método para contrastarla con la realidad.

    “En este sentido es cierto” no es ningún axioma, expresandolo de otro modo podría decir: “es verdad y se puede comprobar que con el aumento de la formación académica decrecen las creencias y se puede estimar que el porcentaje es superior al 14%” y los datos corresponden a los Publiscopios elaborados por el Obradoiro de Socioloxia entre septiembre y diciembre de 2008, con 12.800 entrevistas y un margen de error: 0,7%. En este caso no se pregunta por la confesión religiosa como suele hacer el CIS sino, directamente, por la propia creencia o no en Dios. No obstante es un hecho conocido que, aproximadamente la mitad de los que se definen como Católicos luego dicen no creer en Dios (estos datos se pueden comprobar en el Publiscopio de Público diciembre de 2011) y, en el mismo sentido apuntan los datos de un Metaestudio mundial publicado en 2007 por Michael Martin de la University of Cambridge (todos ellos, por supuesto puedo hacérselos llegar).

  6. Apreciado Cayetano…

    Una cosmovisión implica una relación, un religamiento… para no extenderme te recomiendo la lectura de “Filosofía de la religión” de Alessi, “El problema filosófico de las historias de las religiones” de Zubiri o “Filosofía de la religión” de Joaquín Ferrer. El ateísmo no es sólo negación, es la toma de una postura.

    ¿”Constatación con la realidad”?, ¿”conocimiento verdadero”? La metafísica se ocupa de algo bien real, el ser. Bien distinto es que limites el conocimiento de la realidad al objeto de estudio del que nos ocupamos con el método de las ciencias naturales.

    Gracias por comentar.

  7. He leído a Zubiri lo que no significa que esté de acuerdo, la creencia en que existe algo que pudiera llamarse religación supone de la previa aceptación de unas premisas que no acepto, como me consta que tampoco son aceptadas por los llamados ateos, entiendo que sólo se puede hablar de religión atea desde el punto de vista del creyente nunca desde el punto de vista del ateo, y por eso me parece mas un intento de variar o enmarañar el significado habitual que se da a los términos que un intento de acercamiento honesto a la comprensión de otros modos de pensar.

    En cuanto a que el ateísmo es una toma de postura si estoy de acuerdo (entendiendo que hablamos del ateísmo que niega la existencia de dioses no del ateísmo del que simplemente no cree) creo que es un exceso por falta de pruebas o capacidad de probarlo; y la prueba de que no estoy de acuerdo es que ya habrá observado que yo no tengo mucho interés en negar la existencia de seres imaginados aunque en ocasiones, es evidente, que de dioses (como el cristiano), con características incompatibles con el funcionamiento del universo, si se puede afirmar que no existen con casi completa seguridad, por lo menos con la misma seguridad con que podemos predecir la caída de una manzana en nuestro planeta.

    En cuanto al problema del “ser” no acabo de entender donde esta el problema. Solo podría haber un problema si lo que existe no hubiera existido alguna vez y, para empezar, no se sabe si eso ha ocurrido ni siquiera parece que eso sea posible y, que yo sepa, ninguna de las teorías actuales de la física apunta en ese sentido; lo que si conocemos es que la materia y la energía se han ido transformando desde los orígenes del universo para dar lugar a todo lo que existió, existe y existirá, cualquier consideración ajena a esta realidad, o que pretenda ir más allá, no es sino simple y pura especulación.

  8. Saludos Cayetano.

    El ateísmo no sólo es como dices la negación de la existencia de dioses, sino que es la negación de la existencia de dioses porque su supuesta afirmación contradeciría o refutaría una determinada cosmovisión no teísta que abraza la persona atea. El ateísmo no es sólo negación, afirmar esto es tener por poco al ateísmo, que es una profunda cosmovisión y, por ello, religión (extenderme en ello ahora no es posible pero tengo una entrada titulada “la moral necesita de la religión” donde hablo de ello).

    Me agrada la afirmación: “es evidente, que de dioses (como el cristiano), con características incompatibles con el funcionamiento del universo, si se puede afirmar que no existen con casi completa seguridad”. Será interesante saber esas características incompatibles a la vez que me expliques con más detalle eso de “con casi completa seguridad”.

    “Lo que sí conocemos es que la materia y la energía se han ido transformando desde los orígenes del universo para dar lugar a todo lo que existió, existe y existirá”. Exacto, la materia se ha ido transformando, pero evidentemente no es autosuficiente, no puedes afirmar que la materia se crea a sí misma, que es inteligente. Bien dices, desde el origen del universo. No antes.

    Gracias por comentar.

  9. Pablo F. dice:

    Cayetano

    Ya que citas a Einstein, decir que la misma teoría de la relatividad dejó al descubierto las limitaciones del determinismo, materialismo, positivismo y reduccionismo como vías infalibles de adquisición del conocimiento científico. Yo no subestimaría tanto las demás disciplinas del saber, incluso una de superior (así lo cita Descartes) como es la metafísica. Para un conocimiento integral no limitemos el campo de conocimiento si realmente queremos abrirnos a la verdad.

  10. Saludos Pablo, muchas gracias por comentar. Un saludo.

  11. Bueno, Joan, se puede considerar que el ateísmo es una cosmovisión o que determinadas cosmovisiones llevan al ateísmo o, lo que es mucho más simple y habitual, que dada la falta de pruebas acerca de la existencia de dioses, el ateo simplemente considera que está en posición de afirmar que los dioses no existen hasta que no se demuestre que existen. Usted asume como un prejuicio que su Dios existe y para usted tiene importancia pero para el ateo que no cree en dioses eso no tiene la más mínima importancia, no forma parte de su cosmovisión, es simplemente la constatación de un hecho evidente que se sitúa en el mismo contexto que afirmaciones como que no existen los elefantes voladores, los unicornios o los gnomos.

    En cuanto al Dios de los cristianos, es un dios interviniente (tal como lo describe la Biblia y la ortodoxia católica) y en sus supuestas intervenciones se considera que puede, y lo hace, modificar el normal funcionamiento del universo, se supone que puede suspender y suspende las “leyes” conocidas de la física para obrar según su voluntad; esto es tan increíble y se puede afirmar que es tan falso como que una manzana pueda caer hacia el cielo burlando las leyes de la física, ¿esto podría ocurrir? Si, por supuesto, es posible pero la posibilidad de que ocurra es tan baja (un 0 seguido de tantos ceros) que cualquier físico le dirá que es imposible. Es más, para completar el panorama y como era de esperar, cuando científicos independientes (siguiendo el uso y las salvaguardas habituales) han investigado un supuesto milagro, este siempre ha resultado ser falso.

    En cuanto a usted, Pablo, ¿podría decirme de que modo o en que medida la relatividad dejó al descubierto las limitaciones del determinismo, etc …? No acabo de entenderlo.

    Y, por lo que respecta al conocimiento, mire: el conocimiento puede ser verdadero o imposible de determinar si es verdadero y sólo hay un modo de determinar si el conocimiento es verdadero, contrastándolo con la realidad, empleando lo que se suele llamar el método científico, diseñado y afinado específicamente, a lo largo de algunos siglos, precisamente para cumplir ese fin, determinar si el conocimiento es verdadero. En cualquiera otro caso en que no sea posible contrastar el conocimiento con la realidad decimos que no es científico y lo que queremos decir es que no se puede determinar si es conocimiento verdadero ya que no tenemos forma de hacerlo, lo que vale tanto como decir que es una especulación.

  12. Saludos Cayetano.

    ¿He dicho que Dios existe? Al respecto, hace ya tiempo que hablé de esto precisamente. ¿Puedes decirme la diferencia radical entre ser y existir pues la respuesta es importante para comprender la cuestión del conocimiento de Dios.

    “El ateo simplemente considera que está en posición de afirmar que los dioses no existen hasta que no se demuestre que existen”. Desde luego es una afirmación que no se realiza mediante el método científico. Curioso que des validez a una afirmación metafísica.

    “Usted asume como un prejuicio que su Dios existe”.
    No entiendo qué significa asumir como un prejuicio. Disculpa.

    ¿El Dios cristiano es un “Dios interviniente”? ¿Puede “modificar el normal funcionamiento del universo”? Esta divinidad que describes no es Dios (parece más bien el Dios de los creacionistas o el Dios del D.I.).

    Sigo esperando una explicación lógica y científica a: “es evidente, que de dioses (como el cristiano), con características incompatibles con el funcionamiento del universo, si se puede afirmar que no existen con casi completa seguridad, por lo menos con la misma seguridad con que podemos predecir la caída de una manzana en nuestro planeta”. Me interesa saber que valor científico (ya que es el único método de conocimiento que contemplas) tiene un casi conocimiento.

    Muchas gracias, como siempre, por tus comentarios.

  13. Ser es estar incluido en alguna de las clasificaciones que arbitrariamente hemos definido, existir es tener algún impacto en la realidad de tal modo que esta seria diferente si no existiera lo que existe y la realidad es todo aquello es que es susceptible de ser percibido.

    La postura de un ateo en el momento en que dice que no existen dioses porque no hay pruebas de que existan dioses es tan metafísica como cuando yo digo que en la habitación en la que estoy no hay un hipopótamo porque no tengo ninguna prueba de que en ella hay un hipopótamo. Es verdad que en el caso del hipopótamo no hay lugar para la duda y en el caso de los dioses imaginados como no-intervinientes es una afirmación exagerada porque no tendríamos modo de determinar su veracidad pero, desde luego, es una postura mucho más razonable que afirmar que si existe un dios aunque no se pueda aportar ni la más mínima prueba solida de su existencia, esto último es lo que llamo un prejuicio ya que se establece el juicio antes de tener elementos suficientes o suficientemente sólidos para fundamentarlo.

    En cuanto a los milagros del Dios de los cristianos, siempre según la propia mitología cristiana y sin animo de exhaustividad, convierte a gente en sal, separa las aguas del mar para hacer un pasillo, convierte el pan en vino, multiplica panes y peces, resucita muertos (a veces hasta después que cocinados), repone miembros amputados, y otras muchas presunciones de vulneración de los principios físicos, lo que hace que o bien estos principios son incorrectos o bien ese dios no existe.

  14. Saludos Cayetano.

    “No se pueda aportar ni la más mínima prueba solida de su existencia”.

    Si tenemos en cuenta que hay más bien ente y no nada. Que todo cuanto existe tiene, en mayor o menor grado, participación en el ser; es decir, se tiene el ser por otro (somos ‘entia ab alio’) a diferencia del ser en sí, cuya existencia es necesaria (‘Ens a se’), no afirmaría tan taxativamente la no existencia de Dios, pues todo ‘esse’ participado es causado inmediatamente por el Esse por esencia. Sólo el ‘Esse ipsum’ es causa del ente.

    Por otro lado pintas a Dios de un modo bastante calderoniano, pues no hay injerencia de la causalidad de la causa primera en las operaciones del cosmos y del hombre ni limitación de su actividad. De esto ya he hablado para no extenderme ahora.

    Como siempre muchas gracias por tus interesante aportaciones, Cayetano, se agradece.

  15. Bueno, Joan, es evidente que no estoy de acuerdo y podría seguir discutiendo pero no creo que aportara nada nuevo a lo que ya he dicho y no quiero hacerme pesado ya que, a pesar de nuestras diferencias de opinión, a mi también me resultan interesantes estos intercambios de opinión y creo que entiendo su postura aunque no la comparta y, a pesar de lo que pudiera parecer, no me parece irracional.

  16. Saludos Cayetano, seguiremos conversando en temas venideros. Un saludo cordial.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s