La vida tiene mayor sentido si vivimos pensando en los demás

Publicado: 17 junio, 2013 en Amistad, Amor, Ética y Moral, Modos de vida

pobreLa finitud de la vida, coronada por la muerte a los ojos de los hombres que permanecen en este orbe, deviene un misterio por la imposibilidad de aproximarse a ella con el fin de alcanzar una seguridad próxima a la de la certeza matemática. Por mucho que la ciencia natural nos permita descubrir los más profundos secretos de la naturaleza y sus leyes todavía quedará por responder a la más alta, trascendente y vital de las cuestiones: el enigma de la vida, del que no se posee certeza terminante más segura que la necesidad intrínseca de desarrollarla con total autenticidad.

¿Cómo debemos vivir nuestra existencia para experimentarla en toda su potencialidad? Resulta evidente, a la luz de la historia, que por el deseo de poder y de nombre los hombres entran en disputa; unos viven en la opulencia material y otros en tal parquedad que incluso el alimento es una necesidad que no pueden procurarse por sí mismos. Este modo de vida en sociedad lejos de convertir al hombre en algo sagrado lo transforma en un salvaje lobo para el otro. Vivimos en competencia constante los unos contra los otros y sólo cuando ‘tenemos tiempo’ practicamos cierta actividad solidaria, la mayor de las veces para tranquilidad de nuestra conciencia. ¿Por qué no poner punto y final a esa estupidez que sólo genera desasosiego y depresión? ¿Por qué en lugar de causar sufrimiento y desánimo no colaboramos para alcanzar el deleite y el entusiasmo que ofrece una vida lograda?   

En España cada día se quitan la vida más de diez personas, un drama humano, que nos quita crédito en lo personal y en lo social, que debe hacernos reflexionar sobre lo funestas que son todas las ideologías, que sólo conducen al fundamentalismo y a ofrecer un trato inhumano a las personas. Cuando consideremos realmente que el ser humano es el animal admirable – el fundamento del derecho – y que la mejor de las sociedades exige el primado de la persona rectificaremos el modelo de educación que ofrecemos a nuestros hijos, basado en ese malentendido éxito que anima a ser el mejor por encima de los demás y no a trabajar junto con los demás, desarrollando ese don único que cada uno posee de modo exclusivo para hacer de este un mundo auténticamente humano. Si el fin es el bien común ofreceremos el bien particular a todos; si el objetivo sólo es el bien personal añadiremos nombres y apellidos en la tasa de desempleados, de pobreza extrema, de suicidios, etc.

El bien común sólo se alcanza cuando se reconoce la dignidad del ser humano y se promociona su persona en vistas al fin último, que es la vida lograda, la de todos los miembros de la sociedad. Urge la necesidad de recuperar la ética en la vida política porque si ésta no ama la verdad y el bien termina devorada por la injusticia del poder, responsable de la actual crisis económica y, sobre todo, moral. Para aprender a vivir mejor hay que aprender a mirar con amor a la persona del otro: al vecino; a la persona que ocupa el asiento contiguo en el autobús o al compañero de trabajo; al homosexual, al católico, al yonqui. Hay que aprender a vivir con humildad percatándose de que nadie puede vivir cual Robinson Crusoe, que toda persona tiene un talento único que sumado al de los demás permite edificar una sociedad más humana que abre las puertas al auténtico progreso: la perfección personal y social de las personas que procuran el bien común.

Los seres humanos no somos islas en la sociedad, sino que configuramos una red. Si en lugar de pensar en la seguridad del ‘yo’ procuramos la del ‘nosotros’ descubriremos que todo el odio existente se transforma en amor y que juntos alcanzamos todos la vida lograda que por cuenta propia resulta imposible, y sólo causa dolor y sufrimiento. La vida, sin duda, es un misterio, pero juntos, tratándonos con amor, se hace muy plácida y dichosa. ¿Por qué si podemos convertir la vida en una especie de edén preferimos transformarla en un campo de batalla? Ciertamente, no todos pensamos lo mismo ni tenemos la misma cosmovisión, pero es obvio que la vida adquiere un mayor sentido y alcance si todos ponemos nuestro talento a disposición de la humanidad, en vistas al bien común, y si nos tratamos los unos a los otros con amor – que es el modo en que deben tratarse las personas – entendiendo que si no procuro el bien de mi vecino no alcanzaré mi mayor bien particular.

comentarios
  1. Saludos Jesús. Muchas gracias por la recomendación; no he leído este libro, pero Pinker siempre es interesante. Gracias.

  2. Cristina Bec dice:

    Muy buena entrada, Joan. Me quedo con “Para aprender a vivir mejor hay que aprender a mirar con amor”. Una gran verdad, espero saber mirar con amor para construir mi vida interior y así contribuir a hacer una vida exterior mucho mejor. Gracias por la entrada.

  3. Saludos Cristina, gracias a ti por comentar. Esperemos que todos sepamos mirar así. A ver si lo logramos. Un saludo.

  4. Mateo dice:

    La sociedad necesita de más personas altruistas (que las hay y muchas) que dedican su vida y su capital en la potenciación de los proyectos de las personas para mejorar el mundo. Son un ejemplo a seguir.

  5. Saludos Mateo, muchas gracias por comentar y por su aportación. Un saludo.

  6. Ana Valent dice:

    La fuerza motriz de la sociedad sólo es el amor. Cuando nos demos cuenta de ello daremos con el auténtico progreso.

  7. Saludos Ana, muchas gracias por comentar. Sí, a ver si abro los ojos como dices. Un saludo.

  8. Gerardo dice:

    Si un hombre se mueve sólo por el intereses individual el deseo de poder será su pasión fundamental. Tristemente nos educan así desde bien pequeños.

  9. Saludos Gerardo, comparto cuanto dice. Muchas gracias por comentar. Un saludo.

  10. Inés L. dice:

    Mateo, cuánta razón, la riqueza que no busca el bien común genera pobreza

  11. Hemos aprendido a vivir desde el miedo, y en ese mundo difuso del miedo el talento lo tienen unos pocos mientras los demás sólo sobrevivimos. Eso es mentira, es una gran mentira que nos hace aburrirnos y deprimirnos.

  12. Saludos Ricardo, muchas gracias por su aportación, se agradece. Un saludo.

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