¿Todo ente no es conocido por Dios?

Publicado: 9 mayo, 2013 en Laicismo, Religión

rezarDescubro a través de ‘El País’ que ayer, durante el Telediario 2 de la televisión pública española (TVE) se emitió una breve pieza en la que se recomendaba a los parados a rezar y a encomendarse a los santos porque “según los psicólogos, acercarse a un altar puede ayudar a calmar la ansiedad por falta de trabajo o por temor a perderlo”. Al margen de que alguien pueda ver en esto aquel dicho de “A Dios rogando y con el mazo dando” y con razón, quizá, al tratarse de la televisión pública que, en la actualidad, padece, supuestamente, según el Consejo de Europa la injerencia política de un gobierno, el del presidente Mariano Rajoy, incapaz para reducir la abultada cifra de personas que se hallan sin empleo y ante las puertas de la pobreza, me interesa la reacción de los lectores, en particular los comentarios de aquellos que muestran una presumida superioridad intelectual por seguir una cosmovisión no teísta.

Insisto, al margen del contenido de la noticia, que puede parecer propia de un régimen populista que trata a sus ciudadanos de sujetos menores intelectualmente, no deja de sorprenderme la supuesta superioridad intelectual que exhiben quienes no se consideran teístas, como si el ciudadano sublime y maduro de una sociedad democrática sólo pudiera ser aquel sujeto cuya cosmovisión se fundamenta en cualquier Absoluto que no sea Dios, como si la no creencia en Dios implique de manera inmediata la recta racionabilidad de la razón humana. No obstante, la razón es lo suficiente razonable como para advertir que esto es un desatino. La razón, ni ayer ni hoy, asevera que el fundamento más firme y estable del sentido y del porqué del hombre sea el ateísmo. Sí, el ateísmo, como el teísmo, es posible y es irrefutable, pero debe demostrarse, pues a día de hoy desconozco un argumento lo suficientemente inconmovible que demuestre la necesidad de aceptar el ateísmo como la unidad y la verdad de la realidad del hombre y del mundo – y daré motivos –.

No hay ninguna certeza de que la vida del hombre no tenga un sentido último ni que éste posible sentido último no pueda ser Dios. No tengo ningún argumento para negar a Dios y menos cuando la primera y última evidencia de la realidad es la presencia del ser. Si el ente es el primer concepto que capta nuestro entendimiento y aquél en el que se resuelven todos nuestros conocimientos, si ente son todas las cosas que llegan a ser y son, si todo lo que es ‘es ente’ sólo podemos decir, sin temor, que el ser es el acto constitutivo y más radical de la realidad, pues es aquello por lo que las cosas son. Como la realidad es así, quién tiene autoridad suficiente para negar que el acto de ser puede darse en grados de menor a mayor intensidad en las cosas que son, desde las realidades más imperfectas hasta Dios, Aquél que propiamente no tiene participación en el ser como el resto de entes, sino que posee el ser en sí, es decir, es el Ser.

Si bien la realidad es problemática, el hecho de que haya en absoluto un ente y no más bien nada (Heidegger, “¿Qué es la metafísica?”) nos revela que la realidad misma parece traicionar a aquellos que, sin fundamento, interpretan que la realidad no sólo carece de sentido último, sino que incluso niegan lo más evidente, que todo ente que conocemos es, que todas las cosas que llegan a ser y son tienen en común el ser, que es el fundamento causal. Y esto, no es una ensoñación de alguien que puede creer en Dios como pudiera hacerlo respecto de un unicornio o un duende. Hay un principio evidente que nadie puede negar: todo ente es verdadero, es decir, todo es cognoscible en cuanto está en acto. El ser, llamémosle Dios, hace al ente lo primero real y cognoscible. Nada conocemos que no tenga participación en el Ser: “la verdad es lo que es” (San Agustín, “Soliloquia”, II, 5). La verdad es el ser de las cosas y el Ser es el fundamento de todo ente; en consecuencia, ¿hay mayor verdad que el Ser?

Si lo verdadero es lo cognoscible y todo lo que es susceptible de ser conocido es ente, ¿no podemos decir que la verdad se funda en el Ser y que éste causa la verdad del intelecto? Por tanto, la verdad de nuestras ideas depende del ser de las cosas que conocemos – que siempre, necesariamente, son en acto –, pero las cosas, y en última instancia la realidad, no dependen en absoluto de la idea que de ella nos hagamos. Así, viendo que las cosas que llegan a ser y son no dependen de nuestro pensamiento – y teniendo en cuenta que la relación del ser con la verdad es una relación de razón –, parece que tenemos que decir, ya que ningún ente es incomprensible, que “tiene que haber alguna otra mente en la que existen. Por tanto, es tan seguro que el mundo realmente existe como que hay un espíritu infinito, omnipresente, que lo contiene y soporta […] Las cosas sensibles existen realmente; y si existen realmente, son percibidas necesariamente por una mente infinita; por tanto, existe una mente infinita o Dios” (George Berkeley, “Tres diálogos entre Hilas y Filonus”). Además, como el ser es quien causa la verdad y no hay ninguna inteligencia que quiera permanecer fuera de ella, el Ser en sí es el bien que desean las cosas que tienen ser, que son todas, el hombre también, porque lo más apetecible es lo perfecto, y nada más perfecto que el Ser, la actualidad de todas las cosas que llegan a ser y son.

Ciertamente, cabe que alguien discuta cuanto he dicho, pero nadie puede refutar tales palabras. Es más, si tenemos en cuenta que al hombre no le es dada ni le es impuesta su forma de vida, sino que tiene que elegir en todo momento la suya, el llegar a ser lo que debemos ser, según nuestro estatuto ontológico, se convierte en un imperativo; por tanto, tras lo aquí dicho, evidencias empíricas, ¿no será un atrevimiento negar sin justificación la existencia de Dios y que “todas las cosas están dirigidas a un fin que es Dios” (Tomás de Aquino, “Summa contra Gentiles”, III, 17)?

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Dios, el hombre y el conocimiento de la verdad.

comentarios
  1. Fernando dice:

    Dios existe y es el creador y dueño de nuestras vidas, si asi nosotros lo deseamos pues él tanto nos ama que nos permite con toda libertad de elegir el camino que deseemos seguir. Y es obio de que si optas por el bueno, buenas cosas encontraras y de forma contraria si te dejas llevar por el camino equivocado desengaños y sufrimientos con seguridad encontraras. Como experiencia propia andube por caminos obscuros llenos de lujuria, alcohol, pleitos demasiada malvivencia. Ello solo me trajo desgracia, enfermedad fisica y espiritual, frustracion, rencor, odio y todas las cosas malas que al demonio agradan. Hasta que llego el dia en que me encontre solo . Sin amigos, sin familia, no trabajaba nadie me queria. Senti grandes deseos de morirme. Mi vida era en ese momento una piltrafa humana. Pero alguien me dijo que aun yo era muy importante y que mi vida era muy valiosa. En este momento fue cuando desidi acercarme a Dios para pedirle con todas mis fuerzas que tubiera misericordia de mis miserias, le entregue mi vida y le dije que me ayudara a cambiar, que yo queria ser diferente Antes de un año verdaderamente mi vida a dado un giro de 180 grados. Dios me ha hecho importante. No tengo muchos amigos pero los pocos que conservo son sinceros y leales. Tengo un buen trabajo y demasiados motivos y deseos para vivir. Con gran sinceridad invito a optar por el camino del bien, que aunque dificil, siempre lleva a saborear lo hemoso y maravilloso que es el amor de Dios, porque donde esta Dios no falta nada.

  2. Saludos Fernando. Muchas gracias por compartir su experiencia. Se agradece. Un saludo.

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