Sorprendido ante la renuncia del Pontífice Benedicto XVI

Publicado: 14 febrero, 2013 en Iglesia, Pensamiento

¿Cómo debe el hombre pensar en Dios? Hago pública esta pregunta interior tras la noticia más remarcable y trascendental de los últimos siglos de la historia de la Iglesia Católica: el Papa dejará el ministerio petrino tras casi ocho años como Pontífice. No voy a perder el tiempo en analizar el motivo conocido de la renuncia del Papa porque es bien claro y evidente; tampoco especularé, porque no me interesa para nada, sobre la posible existencia de otro motivo más trascendente y que, por ello, permanece oculto, porque no tengo la menor idea al respecto y, en consecuencia, no aportaría nada. Tampoco es mi intención examinar ni juzgar a la persona de Benedicto XVI, que honradamente, al examinar su conciencia, afirma que no goza de fuerzas “para gobernar la barca de San Pedro”. Pero menos aún cuando sigo el siguiente imperativo: nadie debe juzgar a nadie, a no ser que con absoluta sinceridad pudiera asegurar que, en la misma situación, actuaría de manera diferente. Sin embargo, sí quiero reflexionar, a partir de la pregunta anunciada, sobre quién es el Papa y cuál es su función en el seno de la catolicidad.

Huelga decir que el Romano Pontífice es la más alta autoridad de la Iglesia Católica. Cierto, también es jefe de Estado del Vaticano, pero este cargo es accidental a su autoridad, que no es política. No estamos ante una figura que representa el poder temporal, sino ante el vicario de Cristo en la tierra, sucesor de San Pedro, a quien el mismo Cristo ungió como el primero entre los apóstoles (Mt 16, 13-19). Remarco esto porque la opinión concreta del periodista Bill Keller, que experimenta debilidad por los “poderosos” que saben cuando deben retirarse, es ampliamente compartida. También son muchos, o todos, los católicos que, tras saber que Benedicto XVI renuncia al ministerio que el Señor le confió, muestran su “más profunda gratitud por el impagable servicio prestado a la Santa Iglesia en estos intensos años de pontificado”. Sin embargo, y sin que en ello, espero, se halle motivo alguno de crítica hacia la figura del Pontífice, recordaré ahora algo que escribí en la crónica del viaje de la Parròquia de Santa Teresa de l’Infant Jesús a Roma para asistir a la audiencia con el Papa (29 de octubre de 2003): “Sabéis, si el Papa (Juan Pablo II), hubiera renunciado a su pontificado, si hubiera ido a descansar para morir mejor, todo aquello que me habría dicho en Roma, Toronto, Polonia, Madrid… habría caído en un pozo y me sentiría traicionado, pero no es así. Lejos de esas voces que le critican, de esas voces que dicen como Andrés Trapiello, cronista del ‘Magazine’ de ‘La Vanguardia’: “un Papa, herido por la enfermedad y la vejez, se aferra con dramáticos estertores al trono de San Pedro, en un patético y público espectáculo en el que acaso hallen algunos, más que una inmolación o santidad, senilidad y desmesura”; el Papa, con su sacrificio, me mostraba más sublime que la mano de Leonardo da Vinci, el rostro perfecto de Cristo; sí, en el aula Paulo VI vi el rostro de Cristo. Vi en el Papa la expresión máxima que se puede sacar del amor. Los hombres no amamos hasta que damos de verdad y el Papa está dando amor con su vida misma”.

Juan Pablo II era un hombre santo, sí; no quiero que con estas palabras se aprecie una crítica a la figura del Papa Benedicto XVI, pero sí la sensación extraña que anida en mi interior por su renuncia de un ministerio que no considero temporal y que, por ello, me lleva a preguntar, de nuevo, si alguien se imagina a Cristo desclavándose de la Cruz, a la que desde el principio y por amor ha estado clavado, y que se volviera por donde vino. El Papado no es una institución humana y aunque el Derecho Canónico recoge la posibilidad de la renuncia libre al ministerio petrino, me sorprende la noticia que da pie a esta entrada. Ciertamente, los planes de Dios revasan toda lógica humana y mi ignorancia intelectual es mayúscula para entender este hecho, más aún para pretender establecer un juicio, que ni debo ni quiero por mi amor incondicional al Romano Pontífice. No obstante, insisto, mentiría si no dijera lo que siento: la sensación de que la coyuntura expresada por Benedicto XVI para su renuncia es superior al deseo de Dios de que él fuese el pastor de su Iglesia – y Juan Pablo II no estaba físicamente mejor que él –. Mi sensación es ésta desde y sólo desde la comprensión de que ser Papa no es ejercer una autoridad temporal con fecha de caducidad, sino otra mayor, trascendente, atada al marco de la historia de la salvación del hombre. ¿La historia universal no se desarrolla para la Gloria de Dios?

Un presidente puede renunciar o ser depuesto. El Papa también puede, ¿pero debe? El Papa no es un líder temporal más, sino que, supuestamente, es la autoridad universal – católica –, el supremo pastor. Ciertamente, nada se dice de que no pueda renunciar, ni en la Sagrada Escritura ni en el Magisterio de la Iglesia, pero si su ministerio es voluntad de Cristo, ¿puede situar por encima la voluntad personal, aunque su justificación nos resulte de lo más razonable y honesta? ¿El servus servorum no es el portavoz de la voluntad del Señor? ¿El Sucesor de Pedro no es la roca que, contra la arbitrariedad y el conformismo, garantiza una rigurosa fidelidad a la Palabra de Dios? ¿No se sigue de ahí también el carácter martirológico de su Primado que implica el testimonio personal de la obediencia de la cruz? Si no es así, sino que, como se dice en el argot futbolístico, puede colgar las botas, qué sentido tiene decir que “la unidad de la Iglesia, al servicio de la cual se sitúa de modo singular el ministerio del Sucesor de Pedro, alcanza su más elevada expresión en el Sacrificio Eucarístico”.

Sacrificio, sí. En esa crónica de 2003 añadía: “los cristianos para ser felices hemos de gastar la vida en amar, y amar hasta morir nosotros para hacer vivo a Cristo en nosotros y que lo vean los demás. Si somos de Dios hemos de estar a su disposición. Como dice la beata Madre Teresa de Calcuta, a cuya beatificación asistimos: “todo lo decide Dios. Él decide cuándo vivimos y cuando morimos. Debemos tener fe en Él y hacer el trabajo que Él nos ha adjudicado hasta que muramos”. También es bueno leer el número 182 de ‘Camino’: “bebamos hasta la última gota del cáliz del dolor en la pobre vida presente. ¿Qué importa padecer diez años, veinte, cincuenta… si luego es el cielo para siempre […] ¿Qué importa padecer si se padece para consolar, por dar gusto a Dios nuestro Señor, con espíritu de reparación, unido a Él en su Cruz, en una palabra: si se padece por amor?”.

Con esto, insisto, mi pesar nace de la concepción trascendente que tengo de la misión papal. El filósofo Gustavo Bueno remarca una evidencia de dicho cargo que es hermosa y sustancial: “Él es el líder verdadero, el dirigente universal, católico por tanto, el único. La diferencia entre él y los demás es justamente la diferencia entre la verdad y la apariencia que también se asemeja a la verdad…”. Si el Papa es el vicario de Cristo en la tierra, ¿no debe estar atado a esta función trascendente hasta su martirio en la Cruz?, ¿si sus electores son sólo instrumentos del paráclito del Señor y no lo pueden deponer, qué autoridad tiene él para renunciar a una misión que, supuestamente, viene encargada por Cristo?

Insisto, no quiero que se vea en mis palabras una crítica, que está lejos de toda intención, pues expreso un profundo respeto y amor por la figura del Papa. Mi propósito es expresar más bien mi estado interior por la importancia radical que confiero a la figura del Pontífice. Comencé esta entrada preguntando cómo debe el hombre pensar en Dios. Si el cristianismo no es un simple programa político, sino que es la historia de la salvación del hombre, ¿no debe cada persona, cada cristiano, según la misión otorgada, implicarse y comprometerse hasta el extremo de dar la vida misma? ¿Es tan poco importante la misión que se nos encomienda que puede primar la voluntad personal, aunque en ello encontremos justificación en el marco de la lógica humana? Insisto, no pido nada al Papa, ni le valoro por lo que pueda hacer, sino por lo que es: símbolo de la Iglesia Católica.

Y concluía mi crónica de la audiencia con el Papa del siguiente modo: “Y llegó la hora, que ilusión más grande ver al mosén arrodillado ante el Papa, ante Cristo en la tierra y ver que en sus brazos descansaban nuestras cartas. Dios nos conoce y sabe cuánto le amamos, pero en ese momento debía estar llorando de alegría por ver como nosotros, hijos suyos, nos acercábamos a Él […] Posible es que ya no volvamos a ver al Papa Juan Pablo II – y así fue, el siguiente viaje a Roma fue por su funeral –, un Papa que permanecerá siempre en nuestro corazón como ejemplo. Cristo dio la vida por nosotros, demos la nuestra por Dios y por los demás. ¿Cómo se hace?, mirar simplemente al Papa – Juan Pablo II –“.

Gracias, Benedicto XVI.

Anuncios
comentarios
  1. Álvaro dice:

    Me ha gustado especialmente leer este artículo. Descubrir nuevas reflexiones fundadas en el raciocinio y no en la inevitable reacción de sorpresa que todos tuvimos a primeras ante tal noticia. Tengo que hacerte la pelota Joan: escribes y argumentas cada día mejor.

  2. Saludos Álvaro. Muchas gracias por comentar. He escrito esto después de rezar y meditar, pero es la sensación que experimento lo que aquí se halla escrito y a la luz de lo que considero que es el Papado. ¿Qué piensas tú? Un saludo y gracias por comentar.

  3. Alku dice:

    Como bien dices el motivo de la renuncia es entendible, lo malo es que es muy humano.

    Como pueden a partir de ahora aconsejar a una persona cualquiera que siga con un matrimonio desavenido o que resista el dolor de una enfermedad, o resistiendo tentaciones pidiendo fuerzas a Dios?
    Esa persona dirá: Sabe que, estoy cansado, no tengo fuerzas. Si al propio Vicario no le alcanzan sus fuerzas que queda para el resto de los mortales simples y pecadores como yo?

    Es verdad que desde el punto de vista humano se justificaba una eventual renuncia de Juan Pablo II. Pero justamente.

    Yo creo que la posibilidad de renuncia esta contemplada para casos extremos. Quizás si en las últimas etapas de una enfermedad, quizas en el caso de que haya habido alguna irregularidad o algún hecho oculto en la elección o en la vida de un Pontífice. Me imagino que viene de las épocas cismáticas cuando había más de un Papa dando la oportunidad a reconocer que su envestidura no le correspondía.

    Alku

  4. Saludos Alku.

    Ciertamente, y la demostración es tu comentario, cabe la posibilidad de que una persona al plantearse el sentido de su “misión” (o lo que sea) tome como criterio de decisión la justificación de Benedicto XVI. No obstante, esto está lejos de ser una puerta para la eutanasia si esta es la idea que se esconde cuando hablas de enfermedad. Lo que sí abre, considero, es el dilema de la trascendencia de la vocación (oficio) de una persona, más en aquellas que se les intuye o apuntan a una cierta trascendencia. En este caso lo que dices del matrimonio también lo he valorado estos días. Ciertamente, el no deja de ser ministro, sigue siendo sacerdote, obispo, pero abandona una misión no humana como es el Pontificado. Por tanto, quién no puede alegar también que abandona un matrimonio porque no tiene fuerzas. Aquí se abre un dilema, cierto.

    Gracias por comentar.

  5. Álvaro dice:

    ¿Qué pienso? Pienso en el ejemplo que nos dejó Juan Pablo II. Recuerdo con mucho cariño su mirada paternal hacia la humanidad. Rememoro su cruz en pleno pontificado plagado de vejez, enfermedades y esperanza hasta el final de sus días. Aunque no llegara a conocerle, sinceramente le hecho de menos.

  6. Saludos Álvaro. Un ejemplo a seguir, desde luego, porque lo que decía lo testimoniaba él mismo con su vida. Gracias.

  7. German dice:

    Llegan los problemas para la Iglesia y el capitán deja la nave.

  8. Sigfrid dice:

    Pues soy de la opinión de Álvaro… la verdad es que esta lectura que haces del tema es interesante. Tampoco he visto nunca el papado como un oficio cualquiera, pero la renuncia del Papa como se convierta en algo habitual será peligroso… ¿cuándo sabremos que es por un motivo libre y no hay coacción? Y en este caso, ¿realmente fue libre?

  9. Victoria dice:

    Me resulta desacertado este artículo, Joan. Hemos de darle las gracias por su entrega a la Iglesia.

  10. Saludos German. Al margen de lo aquí escrito, una sensación interna, lo bello es percibir la unidad que hay en el seno de la Iglesia Católica y el agradecimiento unánime al Santo Padre. Aún tenemos capitán, como dices, y tendremos a otro que llevará el timón de la Iglesia. Gracias por comentar.

  11. Saludos Sigfrid. Muchas gracias por comentar. Veremos, lo importante es la unidad que se percibe en la Iglesia, como he dicho a Germán. Gracias.

  12. Saludos. Por supuesto, Victoria, hay que darle gracias a Benedicto XVI. Gracias por comentar.

  13. Alku dice:

    No no me refiero a la eutanasia ni a nada inmoral ya que la acción de Benedicto XVI no es inmoral, es completamente legal. Solo me refiero a la frase que anda por ahí.
    “Si el Papa no tiene fuerzas……”
    Desde ya que la Iglesia puede señalas a muchos que si tuvieron o recibieron fuerzas desde el propio Cristo a los apóstoles al propio Juan Pablo II.
    Simplemente creo que hay como un tono por parte de muchos de aceptar y de decir que está bien. Yo creo que a menos que se devele una razón que sea razonable dentro del contexto católico no quedará como un buen ejemplo.
    (algo razonable dentro del contexto católico bien pudiera ser… Tuve una revelación y supe que debía renunciar, otro argumento razonable sería una enfermedad muy muy grave e incapacitante)
    en fin veremos que sucede

    Alku

  14. Saludos Alku. Llevas razón. Hay cierta complacencia en aceptar la renuncia sin más, cuando no sólo es inusual que un Papa renuncie a su cargo, sino porque el motivo que debe llevar a la renuncia debe ser muy trascendente desde una perspectiva católica para interrumpir una función que es la voluntad de Dios. Ciertamente y como dices habrá que esperar a verlo con más luz o ver que deparan los acontecimientos venideros. Gracias por comentar, Alku, un saludo.

  15. will sanz dice:

    Solo puedo comentar que ciertamente…..nuestro querido Papa….pues se le encomendo una mision que no cualquiera puede lograr y pues tambien es cierto que nuestro querido Papa es humano….y por eso jamás nadie podra ser santo en esta tierra…poque si no seriamos igual a Dios….y eso es imposible…..ahora nos toca solo orar y pedir a Dios por nuestro Papa….para que de ahora en adelante pueda encontrarse con su luz interior…luz que solo Jesucristo le puede dar para llegar al Padre…..Oremos mucho por Él……

  16. Hilse dice:

    Hola Joan recibo todos los días tus reflexiones pero ésta me dejó sorprendida viniendo de ti, quizás las razones que tuvo Su Santidad son muy graves no lo sabemos, lo que sí sabemos es que Dios lo permitió, nos queda rezar mucho por la unidad de la Iglesia y por que se elija a un Papa que sepa guiar en estos tiempos tan difíciles.

  17. Saludos Will, muchas gracias por tu aportación. Un saludo.

  18. Saludos Hilse. Antes de nada gracias por comentar. Ciertamente, nos queda mucho que rezar y mucho que comprender. Aquí, en este escrito, sólo expreso una sensación, la posibilidad de renunciar a una misión divina por cuestiones humanas, y no ya por la renuncia de Benedicto XVI, y hallar en ello virtud. Pero como dices hay que rezar y reflexionar. Un saludo y gracias por comentar.

  19. Cristina Bec dice:

    Esta frase de la madre Teresa lo dice todo: “Debemos tener fe en Él y hacer el trabajo que Él nos ha adjudicado hasta que muramos”.

  20. Saludos Cristina, muchas gracias por comentar. Sin duda merece la pena reflexionar sobre estas palabras de una gran santa. Un saludo.

  21. Álvaro dice:

    Es bueno cuestionarse las cosas. Hay que cuestionar para avanzar. Sin miedo al qué dirán. Es así que me cabe una vez más darte la enhorabuena Joan.

  22. Saludos Álvaro. Totalmente de acuerdo: “dudar donde es necesario, asegurarse donde es necesario, sometiéndose donde es necesario” (Blaise Pascal, “Pensées”). Gracias por tus palabras. Un saludo.

  23. Jaume dice:

    Es muy dura esta reflexión, pero más sensata y honesta que esta otra, que suena a chiste: “El Papa con su renuncia ha querido mostrar que Dios está presente en la historia”

    http://www.paginasdigital.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=3448&te=15&idage=6600&vap=0

  24. Saludos Jaume, muchas gracias por comentar, un saludo.

  25. Germán dice:

    Hilse: “lo que sí sabemos es que Dios lo permitió”.

    ¿Lo dices en serio? ¿Cómo sabes que Dios lo ha permitido? ¿Por no bajar a la tierra y dar su opinión dices que Dios lo permite? Si tiro algo al cielo Dios nunca lo coge, ¿Dios no lo quiere?

  26. Muy interesante su artículo, todavía no acabo de comprender lo que está pasando y tal vez nunca lo comprenderé. Sólo confió en el Buen Dios y en el don de las libertad que nos dió y de que Benedicto XVI hizo uso de él.

  27. Saludos Malourdese, muchas gracias por su aportación y por comentar.

  28. Rosalía dice:

    Joan. Gracias por éste artículo. Creo que es lo que muchos piensan y pocos se atreven a decir. Al final del pontificado de Juan Pablo II nos parecían demoníacas esas voces que pedían su dimisión. A esos mismos hoy la renuncia de Benedicto XVI les parece un acto de libertad y humildad. No lo entiendo. Humanamente sí, pero como Iglesia que soy no

  29. Saludos Rosalía. Es gratificante saber que hay más gente que ve esto de este modo. Muchas gracias por comentar Rosalía, un saludo.

  30. Cristina Bec dice:

    Añado un artículo de Jesús Bastante lo suficiente interesante para no olvidarlo: “Ratzinger abandona por honestidad, o por cobardía”

    http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2013/02/25/ratzinger-abandona-por-honestidad-o-por-cobardia-religion-iglesia-reforma-curia-renuncia-celso-alcaina-benedicto-sucesor.shtml

  31. Saludos Cristina, muchas gracias por la aportación, leeremos este artículo. Un saludo, muchas gracias.

  32. Marmara dice:

    Pienso lo mismo, muy buena entrada. Esta mañana leía algo que va por la misma línea: “La vieja guardia jamás perdonará a Benedicto XVI el mal trago de no morirse en el trono, rompiendo la mística y “abandonando” la barca de poder curial”

    http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2013/03/05/roma-ya-no-es-eterna-religion-iglesia-vaticano-conclave-cardenales-papa.shtml

  33. Saludos Marmara, muchas gracias por su aportación. Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s