¿Por qué sigo a Cristo? (Parte II)

Publicado: 4 febrero, 2013 en Modos de vida, Pensamiento, Religión

Lo esencial de la condición humana es el sentido. Incluso en la falta de sentido la persona genera en su interior la sensación de sentido, si bien subjetivo. El hombre, sin embargo, no busca vivir en un espejismo, sino que estima oportuno tomar las riendas de su destino en busca del sentido por el cual conduce felizmente su existencia, en compañía de sus semejantes, mediante la realización de su proyecto personal. En mi caso, la vida sería un sinsentido si no respondiera a la exigencia de mi naturaleza ontológica, que demanda mi apertura total al Ser que descubro como primer principio del que depende mi ser y como fin último de mi obrar. En efecto, no sólo poseo la idea de lo eterno y absoluto, sino que percibo lo eterno y absoluto como verdadera realidad que anhelo. Cierto, no gozo de infalibilidad para conocer con certeza lo que debo hacer en cada momento en vistas a mi fin; sin embargo, cuento con Aquel que es el Camino (Jn 14, 5), el modelo verdadero de hombre para el hombre.

La verdad de Cristo es lo esencial para mi vida. Sin Él se que no habría, con claridad y distinción, ningún criterio o principio moral, verdadero y absoluto, para encarar la existencia con sentido, con el sentido que busca la verdad del ser. Sentiría, al contrario y por experiencia, la inanidad, la absoluta vivencia de la nada del ser; me hallaría “en la monotonía de la naúsea y de la nada” (E.M. Cioran, “El ocaso del pensamiento”). No obstante, gracias a Él vivo en la bienaventuranza eterna (Kierkegaard, “Temor y temblor”) y gracias a Él mi relación con Dios centra toda mi actividad, la fundamenta y la transforma sin caer en la superstición, sino como respuesta a la necesidad del Ser del que mi naturaleza se percibe como dependiente (Wittgenstein, “Notebooks”).

El verdadero creyente no es un megalómano psicótico, “el pensador religioso honrado es como un funámbulo. Casi parece que no estuviera andando sobre nada más que el aire. Su apoyo es el más sutil posible. Y sin embargo,es posible caminar sobre él” (Wittgenstein, “Aforismos. Cultura y valor”). “La fe es una decisión por la que afirmamos que, en lo más íntimo de la existencia humana, hay un punto que no puede ser sustentado ni sostenido por lo visible y comprensible; sino que linda de tal modo con lo que no se ve, que esto le afecta y se le presenta como algo necesario para su existencia” (Joseph Ratzinger, “Introducción al cristianismo”). En la búsqueda del sentido, es necesario el compromiso firme de entrar en comunión con Cristo, “hay que saber dudar donde es necesario, asegurarse donde es necesario, sometiéndose donde es necesario. Quien no lo hace no escucha la fuerza de la razón. Los hay que pecan contra estos principios: o bien aseverándolo todo como demostrativo, por no entender de demostraciones; o bien dudando de todo por no saber dónde hay que someterse; o bien sometiéndose a todo, por no saber dónde hay que juzgar” (Blaise Pascal, Pensées, 268).

Sólo quien conoce a Jesús como camino, puede encontrarle también como verdad” (Joseph Ratzinger, “Teoría de los principios teológicos”), pero para ello “lo que hay que vencer no es una dificultad del entendimiento sino de la voluntad” (Wittgenstein, “Aforismos. Cultura y valor”). Es necesario que en mi relación con Dios tenga la absoluta disposición de dejarme remover por Él hasta hacer posible que en mí y, sobre todo, en mi acción se muestre la verdad que me comunica. Así, el cristianismo no es lo que hacen los cristianos, sino lo que deben hacer en vistas a la verdad ante la que está en juego mi vida, pero ante la que hallo mi plenitud si respondo con honestidad. En este sentido, el cristianismo no debería entenderse nunca como una doctrina ni como un sistema filosófico, sino como la forma particular de vida que corresponde a la imitación del comportamiento de Jesucristo, en su llamado al amor entre todos los hombres, y en la cual se produce la auténtica afirmación de la existencia humana.

El cristianismo no debe vivirse como una doctrina, porque no sólo se corre el riesgo de vivirse según un conjunto de proposiciones incomprensibles para la razón que nada ofrecen acerca del significado de la vida, sino que se convierte en una obra humana que se torna obligatoria – atendamos a las distintas Iglesias, credos y sectas que existen en el seno del cristianismo – que reprueba a quienes no se abandonan a él, cuando en sí es exclusivamente la respuesta a la invitación que nos hace Dios a los hombres tomándose, como ya he dicho, a Cristo como modelo de vida, pues la revelación de la verdad se da en Él y sólo en Él y se encuentra presentada en los Evangelios. Así, insisto, el cristianismo no es una doctrina, sino la descripción de un proceso vivencial en el marco de la historia de la salvación de la humanidad al que debo adherirme con todas las dimensiones de mi ser, pues, “si realmente debo ser redimido, necesito certeza -y no sabiduría, sueños, especulación- y esta certeza es la fe. Y la fe es fe en aquello que necesita mi corazón, mi alma, no mi entendimiento especulativo. Pues mi alma, con sus pasiones, por así decirlo, con su carne y su sangre, debe ser redimida, no mi espíritu abstracto” (Wittgenstein, “Aforismos. Cultura y valor”).

¿Por qué sigo a Cristo? Porque me llama y acepto entrar en relación personal con Él por todas las razones comentadas aquí y en la primera entrada. Pero, si me lo preguntas, te responderé: porque me ofrece la verdad última sobre el ser humano, que no puedo hallar sólo mediante el conocimiento científico y filosófico y, sobre todo, porque me ofrece sentido y significado a mi vida. Y esta verdad no es subjetiva ni accedo a ella mediante doctrina, sino a partir de una experiencia, fruto del diálogo íntimo con el Ser, del que procede la Verdad última, asumiendo un determinado comportamiento ético: “recuerda que el cristianismo no es una cuestión de decir una cantidad de oraciones. Si tú y yo vamos a vivir vidas religiosas, entonces no se trata de que hablemos mucho de religión, sino de que nuestra manera de vivir sea diferente. Es mi creencia que sólo si tú tratas de ayudar a otras personas, al final encontrarás tu camino hacia Dios” (Maurice Drury, “Conversations with Wittgenstein”).

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comentarios
  1. Tienes razón, no sólo es repetir oraciones como un loro. Sino ser TESTIGO, dando TESTMONIO con tu vida.

  2. Saludos Malourdese, muchas gracias por el comentario.

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