Cuesta creer en Dios, pero es creíble

Publicado: 28 enero, 2013 en Conversión, Modos de vida, Pensamiento

La razón me dice que no amo a Dios como debería, si bien mi ser anhela amarlo como la verdad en la que se asienta el sentido de mi existencia. Aún así, no encuentro tampoco una respuesta clara y evidente del porqué de esta seguridad; sin embargo, me conforta la constatación de que cada pregunta que formula mi razón es un motivo inequívoco en mi aproximación a ese Ser que apela a mi naturaleza ontológica. Al mismo tiempo, agradezco con toda sinceridad la presencia de la duda, y no sólo en mi pensamiento abstracto, pues no hay mayor sostén de mi fe que la duda vital que me libera del escepticismo y del fundamentalismo. No conozco lo suficiente a Dios, ni mucho menos le poseo cual objeto, para señalarte a ti por qué deberías amarlo. Pero es por esta situación incierta por la cual mi ser se ve empujado con pasmosa naturalidad hacia la apertura de la realidad total que desemboca en el Ser, que es el Sujeto de mis deseo existencial.

Es esta incerteza la que me libera del escepticismo, cuya duda metódica podría conducirme a la zozobra en la vivencia de la nada del ser. También es ella la que me libera del fundamentalismo religioso, que materializa la religación con un dios que se hace a la medida de la voluntad humana. Así, más que la respuesta, son la duda y la pregunta las que acrecientan mi amor por Dios, las que constatan que me relaciono con una realidad personal que trasciende la realidad óntica de cualquier ser afectado por la contingencia y por la cual mi existencia experimenta la necesidad de penetrar hasta sus entrañas por esa mi dimensión ontológica que esta irrevocablemente abierta al conocimiento y al amor de la realidad total, pues la búsqueda de la comprensión del ser es la comprensión de la esencia de mi humanidad (Heidegger, “El ser y el tiempo”).

¿Por qué creo en Dios? No tengo respuesta ni demostración para ello y me alegro de no poseer más que la sensación racional, pero sobre todo vital, de que mi existencia y mi razón no encuentran satisfacción ni consentimiento consigo mismas en el conocimiento de la realidad material, sino en la comprensión enigmática del Ser. Me alegra, al mismo tiempo, corroborar que esta inclinación metafísica no es una elucubración única de mi mente, sino que, sin dejar de ser quizá una elucubración, es compartida por otros y, en especial, por alguien al que respeto desde una posición intelectual y vital: me refiero a Jean Guitton, quien también cree en Dios “¡Porque me cuesta creer en Él![…]. Si Dios fuese fácil, estaría al alcance de la mano. No sería trascendente y no sería Dios. Pero si Dios es Dios, hay una desproporción entre Él y nosotros. No es de extrañar que, para verlo, tengamos que ponernos de puntillas sobre la punta del espíritu”. Y añade, “Me gustaría poder deducir su existencia a partir de mí. compruebo que es imposible. En este sentido, me duele. Pero si creyese así, no creería en Él, y el Dios al que me adheriría no sería Dios. Así, pues, no poder creer de esa manera me ayuda a creer” (Jean Guitton, “Mi testamento filosófico”).  

Crede, ut intellegas” (San Agustín, “Sermones”, 43). Cree para entender me susurra la razón. Esta es la aspiración a la que mi existencia se ve forzosamente necesitada sopena de perderse en la nefasta vivencia de la nada del ser y a la que se somete mi razón para no sucumbir al flagelo del escepticismo, que confia demasiado en la racionabilidad de la razón; o en el fideísmo, que renuncia a la inteligencia y a la razón en la consideración de que basta la sola fe. Éste último es un error mayor si cabe, pues el fideísmo es la causa de la existencia de todos los fundamentalismos religiosos, ya que es la forma más simple que hay de defender una posición cuando no se posee una sola razón clara y evidente para defenderla. Una fe sin razón no sólo no está desnuda, sino que no es ni fe: “frente a las tentaciones fideístas, era preciso recalcar la unidad de la verdad y, por consiguiente también, la aportación positiva que el conocimiento racional puede y debe dar al conocimiento de la fe” (Juan Pablo II, “Fides et ratio”). ¿Quién puede decir que el conocer humano es incapaz de alcanzar la realidad trascendente del Ser cuando es la apertura del ser del hombre y la aproximación al Ser mismo mediante la razón la que permite al hombre vivir en la verdad de su naturaleza ontológica? Sin razón no hay fe, hay sentimentalismo, voluntarismo y la oscuridad de un sujeto que da vueltas alrededor de sí mismo, y que de bien seguro someterá a los otros a creer con el mismo arrebato y con la misma pereza mental que él.

No amo a Dios como debería, pero es que ni siquiera tengo una respuesta firme de por qué guio mi vida en la creencia en Él. Pero de algo estoy seguro, de que “nadie cree algo, a menos que antes piense que es creíble” (San Agustín, “Sobre la predestinación”). Y creible aunque su conocimiento resulte enigmático, pues descubro en mí no sólo la idea de lo eterno y lo absoluto, sino que percibo lo eterno y absoluto como verdadera realidad que anhelo y persigo por intrínseca necesidad de mi ser y de su sentido. La razón humana no es infalible, pero siempre es recta nunca engañosa y busca su sentido. Respeto y entiendo, al mismo tiempo, que se interprete que lo natural sea, supuestamente, mantener una posición escéptica, atea o agnóstica. Sin embargo, como he dicho al principio, mi existencia y mi razón no encuentran satisfacción ni consentimiento consigo mismas en el conocimiento de la realidad material. En este sentido, soy un ateo del Absoluto no personal. Soy, en cambio, un buscador enamorado del Absoluto personal porque mi naturaleza ontológica tiene hambre de Él y creo en Él, en este Absoluto personal, porque si bien es comprensible no es del todo cognoscible y porque no es del todo cognoscible no es ni una ilusión ni una estructura creada por mi razón, ni puedo objetivarlo como hace el fideista, cabiéndolo en mi sesera.

Ante todo lo dicho si tú me exiges una respuesta de por qué creo en Dios no puedo decirte más de lo que aquí expongo. Es por todo lo dicho que consiento en mí lo que de Dios se nos revela mediante la Escritura porque mi razón, lo suficientemente razonable, dictamina que debe y puede someterse a ello en unidad y armonía con la verdad del Ser a la que tiendo irrevocablemente y en la que se asienta el sentido de mi vida mediante el ejercicio de un determinado comportamiento ético, en la praxis, que no es una estructura de mi voluntad, sino que está iluminado por Jesucristo, que es mi modelo de hombre, quien no sólo conoce al Ser, sino que vive en armonía con Él como yo aspiro como una exigencia de mi naturaleza humana: “el camino que lleva al hombre hasta el Dios del hombre pasa por el hombre-Dios. Pues Éste es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús […]. El único camino por completo seguro contra todos los errores” (San Agustín, “La ciudad de Dios”).

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comentarios
  1. Juanjo dice:

    Hola Joan. Con todo el respeto creo que te pierdes en tu reflexión y peligrosamente te sumerges en la fe del filósofo.

  2. Saludos Juanjo.

    Antes de nada, muchas gracias por su comentario.

    En mi experiencia vital, sin ánimo de sentar cátedra – sería una estupidez -, y en mi relación con Dios, no hay ni se da una separación de la razón y de la fe, pues es por ellas que alcanzamos cierta comprensión de la verdad natural y de la verdad revelada. Desde luego, y sin ánimo de rebatirle, si la razón no consiente lo que creo no tendría ningún motivo o tendría todos los motivos para convertir mi religión en una ideología, con todas las peligrosas consecuencias que ello conlleva. Sin embargo, mi fe no es la fe un Dios objeto, si no en un Dios trascendente y personal que apela a mi inteligencia para entrar en diálogo con Él, y un diálogo en el orden del ser.

    Muchas gracias por su comentario.

  3. Pablo F. dice:

    Siempre he encontrado muy coherente el pensamiento de Guitton, Joan. Tiene una cita muy interesante sobre el fideismo y sus peligros en el sí de las religiones: “el espectáculo de lo que fueron las religiones, y de lo que todavía son algunas, es muy humillante para la inteligencia humana”.

  4. Saludos Pablo, muchas gracias por comentar. Una cita para reflexionar, no hay duda.

  5. Antonio Espín dice:

    Hola Joan, conozco a mucha gente que pretende convertir a la gente a base de ir lanzando citas evangélicas diciendo que Dios manda esto y lo otro. Son como Lutero: “Todo lo que hay en nuestra inteligencia es error” (Comentario a los Gálatas, I, 55). La fe no se fundamenta en la razón, de lo contrario sería subjetiva, pero no puede darse sin la razón.

  6. Saludos Antonio. Muchas gracias por su comentario. La verdad es que muchos olvidan que una de las facultades más altas del hombre es la inteligencia y que es de caracter espiritual, que Dios sólo se revela al ser racional. Gracias por comentar.

  7. lorena dice:

    Genial

  8. Saludos Lorena, muchas gracias por comentar.

  9. Sigfrid dice:

    La fe sin la razón evoluciona entre dos extremos: se tornará demasiado afectiva o se volverá hacia el iluminismo fanático. Qué el cristianismo, de primeras, resulte inverosímil es lo que hace que no creamos en cualquier cosa.

  10. Saludos Sigfrid, muchas gracias por comentar. Coincido con tu argumento. Un saludo.

  11. Saludos Malourdese, muchas gracias por comentar.

  12. Monica dice:

    Por lo general no suelo comentar en blogs, pero me gustaría decir que este escrito me ha sorprendido. Gracias, es un artículo bastante interesante.

  13. Saludos Mónica, muchas gracias por su comentario, más si no suele hacerlo por lo general. Muchas gracias.

  14. gonzalo andres villalobos tellez dice:

    hola Joan, soy colombiano tengo 20 años y hoy miercoles 6 de enero 2016, me has aclarado un monton de dudas!, ya que mi creencia es muy débil quisiera que me orientaras mucho mas ya que me gusta tu punto de vista. este es mi correo Joan gonzalo.black256@hotmail.com te agradecería ante mano que me pudieras ayudar muchas gracias!.

  15. Saludos Gonzalo, muchas gracias por comentar. Mi correo es jfiguerolaardanuy@hotmail.es
    Puedes escribirme cuando quieras. Saludos.

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