¿De qué lado estás?

Publicado: 24 enero, 2013 en Pensamiento

¿De qué lado estás, Joan?”. En los últimos meses leo todos artículos, comentarios y opiniones que puedo de personas creyentes, en especial católicas, respecto a la homosexualidad. Quizá sea una falsa opinión por mi parte, pero vislumbro en ellos, y no en casos aislados, una actitud ofensiva y una disposición poco flexible y dialogante que causa turbación. La guinda de esta quizá mera percepción es la oración entrecomillada que introduce este párrafo. ¿De qué lado hay que estar?, ¿de los que opinan”A”, o de los que opinan “B”? Con la máxima sinceridad y con el mayor anhelo de rigurosidad me decanto por el lado de la verdad, y en el caso concreto del hombre, por una antropología que descubra con la mayor certeza la rica y compleja realidad humana sin caer presa de ideologías, creencias esotéricas u opiniones de tres al cuarto, pues de ello depende el reconocimiento trascendente de un término, el humanismo, que hoy en día se halla disuelto y relativizado por unos y otros.

¿Qué es el hombre? Descubrir esta cuestión es una necesidad en la búsqueda de la verdad objetiva y para la comprensión de la realidad humana y su sentido. Para no andarme en rodeos ni perderme en el desierto de las opiniones difusas, encuentro justa la defición por la cual “la persona es el supuesto individual de naturaleza racional” (Boecio, “Contra Eutychen et Nestorium”). El ser humano, como zoon, es, esencialmente, un subsistens rationale – subsistente racional – (Tomas de Aquino, “Suma contra gentiles”, IV, c.35) que se abre, por su entendimiento y voluntad, al conocimiento irrestricto de la realidad en la que halla y debe hallar su comprensión y plenitud: el hombre, “en su búsqueda del sentido, así como en su búsqueda de la verdad objetiva, está dirigido por algo parecido a un sentido o a una realidad” (Viktor Frankl, “En el principio era el sentido”). Así, la persona es una naturaleza ontológica compuesta de cuerpo – en cuanto subsistente – y alma – en cuanto racional – dotada de funciones cognoscentes y volitivas – hábitos y virtudes – cuyo fin es la realidad del Ser o Dios.

Para comprender el ser del hombre es necesario y quizá sólo es posible mediante el estudio de su obrar como aduce el Aquinate y como recoge Karol Wojtila (Juan Pablo II): “la acciónlibrenos ofrece el mejor acceso para penetrar en la esencia intrínseca de la persona y nos permite conseguir el mayor grado posible de conocimiento de la persona. Experimentamos al hombre en cuanto perosna y nos damos cuenta de ello porque realiza acciones” (“Persona y acción”). Hoy, aprecio, entre determinado catolicismo un análisis del comportamiento del hombre que pretende ser moral, pero que no trasciende el campo de la opinión y del nefasto prejuicio fundado en respuestas procedentes de una supuesta fe más pasional que reflexionada. Les pongo un ejemplo. Ayer mismo, en mi cuenta de Facebook, puse la siguiente cita: “¿La persona religiosa sabe cuál es el sentido de su vida? ¿Le basta y le sobra con la religión? “No estoy de acuerdo. Los cristianos de verdad, los profundamente religiosos, también pueden caer víctimas de una neurosis, hasta de una psicosis. En realidad, la religiosidad no es ninguna garantía frente a una dolencia neurótica o incluso psicótica” (Viktor Frankl, “En el principio era el sentido”, pp 51-52). Y obtuve la siguiente respuesta por parte de uno de mis contactos: “La religiosidad no, pero la relación con Cristo, si es garantía. Son cosas diferentes”. Esta respuesta invita a la reflexión. ¿La religiosidad no, pero la relación con Cristo sí? ¿No es esta una respuesta dogmática en su juicio?, ¿no es una aseveración carente de argumento?, ¿Estamos seguros de que en nuestra supuesta relación con Cristo no hacemos a Cristo a la medida de nuestra voluntad interpretando las acciones propias y ajenas según nuestro libre parecer? Cierto es que la pregunta por la verdad del hombre exige una determinada postura moral, pero considero que antes de juzgar qué está bien y qué no, y de interpretarlo según el Evangelio, es preciso descubrir en qué acciones del hombre se destaca la singularidad y la especificidad de lo humano en vistas a su humanización, que es aquello que debe ser, según una muy determinada forma de vida, para alcanzar su plena realización dotada de sentido.

El humanismo, tantas veces citado y tantas veces domeñado por el error de la opinión, es la humanización del hombre en el reconocimiento de su primado, pues la razón más alta de la sociedad es este reconocimiento, el de la incondicional dignidad del ser humano por el simple hecho de que sin él y sin la materialización de su bien mayor, que es común a la entera humanidad, no hay sociedad. Para el humanismo lo esencial es el hombre y el amor al hombre nunca nos debe dividir en facciones ni ponernos en la disyuntiva “¿de qué lado estás, Joan?”, sino llevarnos a descubrir, en diálogo con los demás, las formas – y no la forma – de vida humana que permiten el despliegue en el obrar de la rica y compleja ontología del hombre en la que halla su sentido y plenitud en la consideración de su origen trascendente.

Interpreto que la moralidad de las acciones no debe medirse nunca por la opinión ni el prejuicio al que nos ata la vivencia subjetiva o la asimilación de determinada cultura, sino más bien por la cercanía del Ser en el que el hombre se humaniza libremente y alcanza la plenitud de su dignidad ontológica y moral. Qué importante es, en este sentido, que la fe de los creyentes sea reflexiva, pues la verdad del hombre, su humanización, aparece con relación al ser que interpela al hombre mismo resaltando su auténtica dignidad que se despliega en el obrar, en la acción, en la configuración de un determinado modo de ser, que puede ser bien distinto en cada una de las personas. Es la apertura y la proximidad al Ser la que permite al hombre vivir en la verdad de su naturaleza ontológica, de lo contrario se convierte, religioso o no, en un sujeto perdido que da vueltas alrededor de sí mismo y de una razón ofuscada, pues lo racional – lo esencial – en el hombre no se explica desde sí mismo, desde su subjetividad, sino a partir de la relación con lo real, y lo más absolutamente real es el Ser (Martin Heidegger, “Cartas sobre el humanismo”). Sólo así obtenemos un conocimiento del hombre a través de sus actuaciones indispensable para que podamos organizarnos y gobernarnos en vistas al fin último que es el bien común.

El reconducir una ciudad a una verdadera vida política presupone un hombre bueno” (Nicolás Maquiavelo, “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”). Un hombre es bueno mediante el fortalecimiento de la virtud, dersde luego. Pero, cómo descubrimos en su ejercicio el sentido de la vida en la praxis. Regreso a Viktor Frankl (“En el principio era el sentido”) porque deja ir una idea interesante que nos recuerda la necesidad de la proximidad con el Ser: “el hombre no está autorizado a preguntar cuál es el sentido de su vida, sino que es la propia vida, que le plantea continuamente preguntas, a la que debe responder. Él es el que responde o el que debe responder. No responde con palabras, sino con sus acciones, con acciones responsables. Es decir, el hombre es el interrogado y cualquier situación de la vida es una pregunta” y añade “el sabe que ‘ahora me toca hacer esto’”. En este sentido, y en cuestiones últimas del ser humano, en qué facultad me encuentro para juzgar si un proyecto de existencia ajeno es fruto del mero antojo o del vacío de la vivencia de la nada del ser. ¿En mi juicio, pretendidamente moral, realizo un reconocimiento de la dignidad incondicional de la persona situándola en el primado que le corresponde o, en cambio, no hago más que degradarla? ¿La devaluación intrínseca del hombre según la ideología o facción que abraza no es la que lleva a preguntar “¿De qué lado estás, Joan?”.

“No te he dado una forma, ni una función específica, a ti, Adán. Por tal motivo, tendrás la forma y función que desees. La naturaleza de las demás criaturas la he dado de acuerdo a mi deseo. Pero tú no tendrás límites. Tú definirás tus propias limitaciones de acuerdo con tu libre albedrío. Te colocaré en el centro del universo, de manera que te sea más fácil dominar tus alrededores. No te he hecho mortal, ni inmortal; ni de la tierra, ni del cielo. De tal manera, que podrás transformarte a ti mismo en lo que desees. Podrás descender a la forma más baja de existencia como si fueras una bestia o podrás, en cambio, renacer más allá del juicio de tu propia alma, entre los más altos espíritus, aquellos que son divinos.” (Pico della Mirandola, “Discurso sobre la dignidad del hombre”). Pero para no ser una bestia, para estar entre los espíritus divinos, para ser como Dios, hay que reflejar esa imagen que de Dios hay en nosotros y que en la praxis se realiza mediante el cumplimiento de un mandato: “Que, como yo os he amado así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que soís discípulos míos” (Jn 13, 34-35), discípulos del amor y no discípulos de un bando u otro, de una ideología u otra. Y el amor exige la afirmación de la persona en sí misma y no su degradación en el juicio prejuicioso que siempre estamos prestos a realizar antes de toda reflexión.

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comentarios
  1. Inés L. dice:

    Algunas personas hablan de amor pero les falta amor en el trato a las demás personas. Hay muchas personas católicas que son homosexuales y no me extrañan que se sientan dolidas con determinadas actuaciones por parte de sacerdotes y creyentes.

    http://www.la-croix.com/Religion/Actualite/Catholiques-et-homosexuels-ils-se-sentent-a-une-drole-de-place-_NG_-2013-01-24-903101

  2. Saludos Inés, muchas gracias por el comentario. También dejo un enlace del reciente mensaje de Benedicto XVI sobre las redes sociales. Del texto destaco la necesidad de dialogar y abrir debates desde el respeto, la argumentación rigurosa y la consecuente dedicación a la verdad.

    http://www.corriere.it/cronache/13_gennaio_24/messaggio-papa_a28cd0a8-6612-11e2-a999-f4ff91782969.shtml

  3. Antonio Espín dice:

    Lo peor que le puede ocurrir a la humanidad en su búsqueda de la verdad es la polorización del pensamiento en convicciones irreconciliables entre ellas. Cómo podemos pretender hablar y entender a otra persona si partimos de la base que esa persona está confundida, que necesita que yo la rescate del error.

  4. Dog dice:

    Hola!

    Recomiendo que se lea este artículo sobre argumentos estúpidos en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo. Seguro que alguna vez alguien ha pensado o piensa cosas de estas.

    http://sciblogs.co.nz/molecular-matters/2012/03/18/stupid-arguments-against-same-sex-marriage/

  5. Saludos Antonio. Muchas gracias por su comentario. Considero, al respecto, que esas posiciones son siempre las fundamentalistas. Al respecto escribí hace poco una entrada. Gracias por comentar.

    http://opusprima.com/2012/12/29/ese-fundamentalismo/

  6. Saludos Dog, muchas gracias por su aportación. Un saludo.

  7. Sigfrid dice:

    Siempre hemos de guardarnos de emitir un juicio si antes no alcanzamos una comprensión de la otra persona y de sus hechos. Juzgamos los actos de los demás con mucha rapidez y somos muy benévolos con los nuestros.

  8. Saludos Sigfrid. Bien cierto lo que dices. Muchas gracias por comentar.

  9. Pablo F. dice:

    Hola Joan.

    La actividad que nos hace progresar moralmente de un modo radical no es realizar acciones ni cumplir normas (como hacen los más ortodoxos), sino seguir a un modo personal de ser y cuyo mejor modelo es Jesucristo. Antes de juzgar, deberiamos juzgarnos a nosotros mismos.

  10. Saludos Pablo, muchas gracias por su interesante reflexión. Un saludo.

  11. Lucho dice:

    Pienso que la pregunta en cuestion, de que lado estas?, no necesariamente significa una devaluacion de la dignidad de la persona que se ubica del otro lado una determinada postura. Pienso que en ocasiones cuando se debe defender, por ejemplo, la vida del nonato pues evindeciaria posturas o “lados” lo cual no necesariamente significa que la persona del otro “lado” sea menospreciada en su dignidad por quienes defienden “posturas distintas”.
    Lamentablemente en uno de los comentarios se observa como se dice estupidos determinados argumentos, los cuales mas de uno, desde mi punto de vista, no son inteligentemente respondidos al respecto del matrimonio entre personas del mismo sexo.

  12. Saludos Lucho, muchas gracias por la aportación que ofreces al respecto. Un saludo.

  13. ¿De que lado estoy? Del respeto a la dignidad y opiniones de las personas, aunque no sean de mi agrado y mucho menos esté de acuerdo con ellos. Nos hace falta un poco más de respeto al prójimo. A veces se nos olvida que Dios nos dió Libertad, Entendimiento y Voluntad y por eso hacemos mal uso de estos dones, creyéndonos poseedores de la verdad absoluta.

  14. Saludos Malourdese. Muchas gracias por su comentario. A veces, no pocas veces, nos creemos poseedores de la verdad y lo único que hacemos es defender con vehemencia nuestro error, que nada tiene que ver con la verdad, sin respeto a la dignidad del prójimo. Un saludo y gracias por su comentario.

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