¿Cómo aprender a vivir como debe vivir un hombre? Imitando a Jesucristo (I)

Publicado: 4 enero, 2013 en Ética y Moral

¿Cómo aprender a vivir como debe vivir un hombre? Una cuestión formulada hasta la saciedad y por la que algunos, con visión de mercado, han visto aumentadas sus retribuciones gracias a la publicación de libros que satisfacen la demanda de los hombres en su búsqueda de sentido. Antes de manifestar una primera respuesta es necesario, más bien fundamental, intentar descubrir quién se es – quién soy –. Búsqueda, por otra parte, que debe instalarnos como sujeto racional ante la realidad, ante los demás hombres y, también, sobre lo indecible o, para los cristianos, Dios. Pues ello es lo que suscita el deseo de conocer, sobre todo, para saber qué hacer, en la praxis, con la existencia.

El hombre es el ser que adquiere y posee conciencia de sí mismo, que se constituye como sujeto individual ante una realidad de la que obtiene una compresión de sí mismo que no se agota en lo contingente, es decir, trasciende la materia, que es la explicación última de conocidas corrientes como el positivismo o el materialismo, y, por ello, se sitúa como interlocutor de lo ‘indecible’. ¿Es casualidad que nosotros, zoon logon ekhon, sujeto con la capacidad del discurso, poseamos la capacidad de disertar sobre el noúmeno que, en la religión cristiana, se manifiesta mediante la palabra en el principio de todo (Jn 1, 1-3)? Puede ser casual o fruto de nuestro entendimiento, pero ya que el hombre pueda pensar en el noúmeno, ¿es descabellado considerar que esto se debe a que “su propio logos, su propia razón, es logos del Logos, pensamiento del Pensador, del espíritu creador que impregna el ser” (Joseph Ratzinger, “Introducción al cristianismo”).

Yo soy el camino” (Jn 14, 5) y el camino es la palabra, pues “todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de lo que existe” (Jn 1, 3). Si la palabra es el medio por el cual el Logos penetra en la realidad del hombre, ¿es casual que nosotros respondamos a esta llamada que anima interiormente nuestro ser mediante el diálogo, es decir, sólo es producto de elementos físico-químicos? No sabría responder con acierto a esta pregunta; es más, no creo que pueda responder a ella jamás con grado de certeza. Sin embargo, parece ser que nosotros – zoon logon ekhon – tenemos la capacidad de sacar a la luz – apophainesthai – lo deseable – orekton – para nuestra naturaleza ontológica, que es el fin de nuestro obrar, nuestra plenitud. Si no hay una realidad metafísica, qué benévola es la biología, la física y la química al reservar al hombre, con exclusividad, la capacidad de logos, de captar el sentido de lo conveniente, el bien, y su sentido – ética y moral – que otorga unidad y dicha plenitud al proyecto personal de cada uno.

Que el hombre es un ser hecho para el diálogo es innegable. Que el hombre no puede vivir al margen de la compañía de sus semejantes (hannah Arendt, “La condición humana”), es decir, que su vida está conformada de tal manera que sólo adquiere sentido al estar en relación con los demás, también. Sin embargo, está relación ‘yo-tú’ no agota todo el sentido del hombre, pues sentimos deseo de lo ‘indecible’ – de lo que está más allá de la materia – por el que nos preguntamos con la intuición, siempre susceptible de error, de que es, por dependencia, nuestro fin y plenitud. ¿No experimentamos en nuestro espíritu la idea de lo eterno y lo absoluto como verdadera realidad que anhelamos y persiguimos por intrínseca necesidad de nuestro ser? Ciertamente gracias a la figura de Jesucristo, Logos que viene al encuentro del hombre, no sólo tenemos a Aquel que permite entrar en relación con lo ‘indecible’, sino que, además, tenemos, al menos hipotéticamente, el modelo verdadero de hombre para el hombre.

El irrestricto deseo por lo ‘indecible’ restaría perpetuamente inalcanzable durante la existencia mortal de no ser por Jesucristo – considerar su existencia o no existencia y el hecho de ser verdadero hombre y verdadero Dios ya es tarea que debe juzgar y por lo que debe someterse o no tu razón –. Sin embargo y desde la óptica del creyente, Él es, con un sentido perceptible, el que muestra al hombre quién es el hombre y el camino para su plenitud. En este sentido y sólo en este, ¿no habrá que construir la sociedad del hombre según Jesucristo, es decir, aprender a vivir como debe vivir un hombre exclusivamente a partir del concepto verdadero de hombre? Y esto siempre es preferible, ya de partida, antes que proclamar la vivencia de la nada del ser descrita por Blaise Pascal. En consecuencia, y siempre desde la suposición, si Cristo es el verdadero modelo de hombre se entiende que “lo que es bueno es divino… Sólo algo sobrenatural puede explicar algo sobrenatural” (Ludwig Wittgenstein, “Aforismos. Cultura y valor”).

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comentarios
  1. […] ¿Cómo aprender a vivir como debe vivir un hombre? Imitando a Jesucristo (I) […]

  2. Eric dice:

    Cuando el hombre rompe su unión con Dios padece una disolución de su ser.

  3. Saludos Eric, para reflexionar sobre sus palabras. Muchas gracias por comentar.

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