Libertad y providencia en el hombre

Publicado: 23 diciembre, 2012 en Pensamiento

¿La libertad y la providencia juegan un papel trascendental en la existencia del hombre? En la obra de Tolkien, al final del relato de ‘El Hobbit’, actualmente en la cartelera cinematográfica, aparece la relación que se establece entre la providencia divina y el libre albedrío humano como el encuentro que se establece entre dos realidades personales en la que una de ellas, de carácter divino, actúa de garante de la legítima autonomía humana. Del mismo modo que todo zoon logon los personajes de Tolkien, en mayor o menor medida, se hallan con la constante e inexorable necesidad de tener que hacer algo, so pena de dejar de vivir, pues lo que tienen que hacer no es otra cosa que ser, tomando decisiones trascendentales con unas consecuencias morales, ya sean buenas o malas. En esta situación, Dios – ya expliqué en otra entrada el sentido religioso en Tolkien en un contexto pagano o precristiano – ilumina la razón de la criatura en su camino hacia el bien y la verdad sin derogar su libertad.

¿Y por qué no tendrían que cumplirse? ¿No dejarás de creer en las profecías sólo porque ayudaste a que se cumplieran? No supondrás, ¿verdad?, que todas tus aventuras y escapadas fueron producto de la mera suerte, para tu beneficio exclusivo. Te considero una gran persona, señor Bolsón, y te aprecio mucho; pero en última instancia, ¡eres sólo un simple individuo en un mundo enorme!”. (J.R.R. Tolkien, “El Hobbit”). Esta respuesta de Gandalf a Bilbo evidencia o plantea la existencia de un plan trascendente y superior al margen de la voluntad de todo zoon politikon. Es decir, nada sucede por mero azar. Lamentablemente, puede ocurrir que sólo al final de muchos años, al echar la mirada atrás, al contemplar, precisamente, la existencia como todo un conjunto, uno descubra el hilo conductor de todos los hechos que marcaron su existencia y, sobre todo y fundamentalmente, descubrir el orden y la intencionalidad de los mismos.

En una entrada reciente afirmé que el desapego a lo estríctamente contigente surge o puede surgir ante el asombro de que haya un mundo, de que existe lo que existe, que hay un ente y no más bien nada (M. Heidegger, “¿Qué es la metafísica?”). En el ‘Timeo’, Platón expone su teoría teleológica mediante la alegoría cosmológica describiéndose los mecanismos del mundo físico que emplea el demiurgo para su fin o fines. Así, deja entender para “el amante de la inteligencia y el conocimiento” que no hay más causas que aquellas que cooperan a la cosnecución del mejor fin. Del mismo modo, Aristóteles, en su “Física”, añade que “la acción que tiende a un fin está presente en todas las cosas que llegan a ser y son por naturaleza. Más aún, cuando una serie tiene un punto de conclusión, todos los pasos van dirigidos a ésta. Así, tal como sucede en la acción racional, sucede en la naturaleza, y tal y como sucede en ésta, sucede en toda acción, si nada la interfiere. Puesto que la acción racional tiende a un fin, así también lo hará, por ende, la naturaleza de las cosas”.

Ciertamente, existe quien olvida, pienso en Darwin, que el hombre está condenado a ser libre (Sartre, “El ser y la nada”), que no le es impuesta la forma de vida como le es impuesta al sol, al árbol o al delfín, sino que en todo momento, como indican Ortega y Gasset (“El tema de nuestro tiempo”) y Heidegger (“Ser y tiempo”), la existencia humana se encuentra siempre ante una decisión: elegir su forma de vida, lo que no es cualquier cosa, pues para alcanzar lo mejor, la plenitud, el hombre debe adoptar una muy determinada forma de vida para ser lo que tiene que ser según su naturaleza ontológica. El ser humano no está determinado por leyes biológicas ni por causas físico-químicas. Él, el único y verdadero ser social (Paul Ricoeur), no puede ser explicado a partir de los grandes primates como pretende algún que otro osado. Recomendable la lectura de “La diversidad humana” de Lewontin donde se desmonta con rigor el determinismo que muchas veces se pretende pasar por auténtica ciencia.

Es innegable que en el hombre hay una serie de capacidades que tarscienden las posibilidades del mundo físico, en especial el pensamiento y el juicio sobre la realidad. Por tanto, es indispensable, si queremos hablar con rigor, aceptar una dimensión espiritual en el ser humano que va más allá – que supera – lo material y que, necesariamente, no procede de una evolución desde la materia. Esta posición, todos lo sabemos, conduce, de inmediato, a introducir a Dios en la ecuación cuando se reconoce con meridiana claridad dimensiones en el hombre que superan toda posible combinación de la materia: hablo de la razón, de la libertad, de la apertura a la verda y, como no, del sentido exclusivo de la vida de cada zoon logon. Es evidente, por otro lado, que no es fácil eliminar a Dios, pues cómo podemos explicar mínimamente la libertad humana si negamos la espiritualidad del alma al responderlo todo, ingenua o cándidamente, mediante procesos químicos que operan en el cerebro. Quién, al margen del insensato o del dogmático que permanece contínuamente en la duda metódica, puede conformarse con una explicación materialista que no dice nada y que, sobre todo, no puede saberse que es verdadera.

Ya dije en una ocasión que el hecho de que el mundo ‘sea’ es fascinante, pero lo que lo hace trascendente y, por ello, asombroso es que tras cualquier explicación – las teorías físicas como el Big Bang, la teoría cuántica, las teorías biológicas como el darwinismo – de por qué el mundo es como es o de cómo llega a ser como es no se alcanza una explicación última cuya base firme y estable permita alzar de manera inquebrantable una respuesta cierta a la mayor de las preguntas: por qué es. Quizá, pues no es insensato pensarlo en cuanto que no hay ninguna evidencia de que no sea así, el único alumbramiento o solución al enigma del mundo, del que no puede hacer frente la sola racionalidad de la razón – el saber humano – resida fuera del espacio y del tiempo. del mismo modo, la unidad de materia y espíritu en el hombre es igual de misterioso, sin embargo, debe admitirse cuando existen dimensiones superiores que trascienden lo estrictamente material. Así, si existe algo superior a la materia debe existir Dios, de lo contrario, de dónde surge lo espiritual, si no surge ni puede surgir de la materia ni crearse a sí misma. Y, evidentemente, eliminar la posibilidad de Dios supone convertir la libertad humana en irracional. No obstante, Dios es necesario que exista, no sólo para dar explicación de las dimensiones espirituales; también, para demostrar que la materia nunca puede ser autosuficiente, pues si se bastara a sí misma posería características propias de Dios con la particularidad de la materialidad, algo que es imposible.

El hombre es libre porque existe Dios. Así, volviendo al comienzo,  Dios no aparece como un límite para la libertad del hombre, sino al contrario es su garante. La criatura descubre que no le es impuesta su forma de vida, sino que mediante la libertad y la razón la elige en todo momento la suya. Sin embargo, se siente íntimamente requerido a elegir, siempre y en todo momento, lo mejor; y lo mejor, ya no es una cosa entregada a su arbitrio, sino que responde a una necesidad de su naturaleza ontológica por la cual se encamina a ser lo que debe ser adoptando una muy determinada forma de vida. Y Dios, aquí sigue la doctrina de il buon fra Tommaso, en su inconmensurable inteligencia, hace que su plan se realice mediante la acción libre de la criatura – cuestión que expliqué en “Relación entre la libertad y la verdad” –. Así lo vemos en ‘El hobbit’ cuando Gandalf contesta a Bilbo: “¿Y por qué no tendrían que cumplirse? ¿No dejarás de creer en las profecías sólo porque ayudaste a que se cumplieran? No supondrás, ¿verdad?, que todas tus aventuras y escapadas fueron producto de la mera suerte, para tu beneficio exclusivo. Te considero una gran persona, señor Bolsón, y te aprecio mucho; pero en última instancia, ¡eres sólo un simple individuo en un mundo enorme!”.

 

 

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comentarios
  1. Seamos serios, Joan, ¿El hombre no está determinado por leyes biológicas? ¿el hombre no está determinado por causas físico-químicas? Bueno, los accidentes que producen lesiones en el cerebro determinan el comportamiento posterior del individuo ¿pierde el hombre el alma, o algo así, en estos casos?, también parece que la ingestión de determinadas substancias que producen alteraciones químicas se pueden observar en la conducta y, consecuentemente, en las decisiones … ¿Como podría funcionar su sistema nervioso sin sodio o sin potasio?

    Y, por favor, como no se va a poder explicar el hombre a partir de los grandes primates si el hombre es un gran primate ¿?

  2. Saludos Cayetano.

    Respecto a los grandes primates, afirmo que del hombre (que también es un primate) podemos conocer ‘algo’ estudiando los animales inferiores, pero no podemos limitarnos a ellos, pues no entenderemos qué es el hombre por el simple hecho de que es el único ser realmente social, el único que vive en sociedad y el único que emplea el lenguaje. Podemos decir, muy secundariamente y por analogía, que los animales e incluso los insectos viven en sociedad y emplean un muy determinado ‘lenguaje’. Sin embargo, quien escribe libros sobre primates es el hombre, y quien ‘enseña’ a monos, chimpancés o urangutanes es el hombre y no al revés. Y pongo ‘enseña’ entre comillas porque estos animales nunca aprenden el principio interno que lleva a realizar un determinado ejercicio, mucho menos comportarse como un humano (Richard Lewontin, “La diversidad humana”).

    Es evidente que el hombre tiene una determinación biológica, pero trasciende a la misma respecto a lo ya mencionado: racionalidad, libertad, apertura a la verdad,o el hecho de que cada individuo de la especie humana puede llevar una vida distinta a la de cualquier otro, hecho que no sucede en ninguna otra especie regida absolutamente por el instinto. John Eccles, en colaboración con Karl Popper, afirma en su libro “Evolution of the brain: Creation of the self”, que “me veo obligado a atribuir el carácter único del yo o del alma a una realidad espiritual sobrenatural…”. Incluso en uno de los libros más citados por los detractores de una finalidad y de un plan sobrenatural, “El gen egoista” (Dawkins), hallamos un componente teleológico en su explicación del relojero ciego en cuanto establece una instrucción.

    Gracias por comentar.

  3. El hecho de que el hombre trasciende a lo biológico es una creencia tan buena como cualquier otra pero una creencia al fin y al cabo. La realidad es que todas esas cualidades que usted le asigna al ser humano (algunas cuya existencia es discutible) no existen sin un soporte biológico en condiciones adecuadas de funcionamiento y dejan de existir cuando el soporte biológico no funciona adecuadamente, vamos que nadie ha observado que alguna de esas características se de sin la presencia de un cerebro en buenas condiciones de funcionamiento.

    Por otro lado minusvalora usted la complejidad y sutileza del comportamiento de otras especies, especialmente las similitudes de nuestro comportamiento con el resto de los grandes primates, y muy especialmente con los bonobos y chimpances; el hecho de que desconozca usted el comportamiento del resto de los grandes primates no le autoriza a afirmar que tal comportamiento no existe ya que, por ejemplo, si que se ha observado la capacidad de entender los principios que subyacen tras las acciones, son capaces de crear una técnica propia destinada al mismo fin que la técnica aprendida por observación de los mayores (si, resulta que también tienen transmisión cultural diferenciada entre grupos, como tienen jueces especializados en dirimir conflictos, alianzas políticas duraderas, preveen el futuro próximo, saben engañar, tienen empatia, cuidan a los ancianos, intercambian favores y otros comportamientos que consideramos morales si los observáramos en humanos).

    En cuanto al instinto, las verdad es que no se lo que sucede cuando una especie está regida absolutamente por el instinto, no conozco ninguna ni creo que usted la conozca tampoco. Todos los animales empleamos una mezcla de instinto (los más simples no) y aprendizaje (incluso los más simples) en nuestra conducta; si se parará a pensarlo observaría como un importante porcentaje de sus propios comportamientos habituales son o están basados en comportamientos instintivos.

    Es un hecho demostrado, mas demostrado que la teoría heliocéntrica (en palabras de Francisco Ayala), que el hombre es el producto de la evolución y que la complejidad del comportamiento observado (o sus resultados) se ha ido incrementando con el incremento de la capacidad craneal, lo que nos lleva a una pregunta incomoda (incomoda para usted, para mi ni siquiera existe el problema) ¿cuando el hombre empieza a ser hombre? ¿era el homo erectus humano? ¿eran los neandertales humanos? Es una cuestión peliaguda, unos no eran mucho más inteligentes que un chimpance, otros ni siquiera están en nuestra línea filogenetica (salvo por cruces esporádicos).

  4. Saludos Cayetano.

    Antes de nada gracias por su comentario.

    Entiendo lo que usted quiere decir. No obstante, pretende reducir toda explicación del mundo y del hombre a procesos estrictamente biológicos y físico-químicos, negando, por ello, cualquier otra causa superior por el simple hecho de restar fuera del ámbito de la ciencia positiva. Creo, y disculpe si me confunde, que usted no reconoce la limitación de la ciencia y de su método, sino que, además, le imputa toda explicación incluso la de aquellas que la trascienden. Al mismo tiempo, una explicación exclusivamente química del mundo y del hombre no es más que una hipótesis y no una verdad fundamental. Sólo es una hipótesis del materialismo, cuya filosofía pretende negar sí o sí toda posible causalidad.

    Los hominoideos abarcan, junto con el hombre, a los antropoides tales como el gorila, el chimpancé y el orangután. Están comprendidos dentro de los catarrinos, entre los que se hallan los actuales simios. Al mismo tiempo, los catarrinos se agrupan con los platirrinos en el marco de la categoría de los simiiformes. Todos estos grupos se extienden tanto a especies actuales como a otras de las que sólo restan fragmentos fósiles. Evidentemente, pretender establecer un árbol filogenético es una taera ardua, para no decir imposible. Por otro lado, y es suficiente con que hable con un paleoantropólogo, los restos fósiles existentes y los que se van encontrando son tan característicos y especializados que es difícil afirmar con absoluta certeza que esos fósiles son auténticos antecesores. Desde luego, todo son hipótesis y supuestos para decir que determinado sujeto conduce a otro, y esto ocurre tanto en los primates, en los simiiformes, en los catarrinos, en los hominoideos y en los homínidos.
    Incluso en los mismos homínidos, que abarcan épocas relativamente más recientes y de los que tenemos un poco más de restos fósiles la dificultad es la misma y la sucesión oficial (Australophitecus, Homo habilis, homo erectus, homo sapiens) presenta serias dudas. Basta con escuchar a Coppens o a Pilbeam. El eslabón perdido es realmente un eslabón perdido, pues, ¿usted puede a ciencia cierta como tanto le agrada afirmar sin error la unidad de especie y la relación directa entre el Homo Erectus con el hombre actual? ¿Puede decir usted por qué el hombre de Neanderthal más próximo en el tiempo no es considerado como antecesor nuestro? Sin duda, la ciencia no puede ir más allá de los datos que dispone con su método, lo demás es conjetura. Y creo que en esto Gould está bastante de acuerdo.

    Ciertamente, el hombre es un animal. La definición clásica lo define como el animal racional; Pico della Mirandola lo define como el animal admirable. ¿El hombre es sólo un animal? Ciertamente podemos estudiar el hombre a partir de otros animales, pero hay un error magno si se pretende decir que el hombre es un animal más. Sin embargo, en el hombre hay realidades, dimensiones espirituales que escapan al método experimental de la ciencia positiva. Usted, como Gould, pretende negar la existencia de lo espiritual en el hombre afirmando que es una mera creencia religiosa. Sin embargo la existencia del espíritu humano no se puede rechazar a la ligera. Recuerde, por ejemplo, que a comienzos de la década de 1980 en el Simposio anual de la Academia Internacional de Filosofía de las Ciencias de Bruselas trató el tema de “lo corporal y lo mental” en el que la mayoría de los científicos invitados así como los filósofos – todos eminencias – admitieron la existencia del espíritu humano.

    El espíritu humano, quiera o no quiera usted, muestra diferencias esenciales cualitativas – y no sólo de grado como apunta Gould – entre el hombre y cualquier otro animal. En “The self and its Brain” tanto Karl Popper como J.C. Eccles critican el materialismo. Popper, a partir de un texto de Arthur Schopenhauer critica al materialismo duramente afirmando que ha olvidado tener en cuenta al hombre mismo; además, añade que todas las teorías materialistas son intuitivas y reduccionistas, pues pretenden explicar toda la realidad – del mundo y del hombre – reduciéndola a las interacciones materiales del mundo físico. Popper reconoce que la existencia del lenguaje humano implica una capacidad de razonar y de abrirse al mundo – trascdender – que es superior a cualquier otro animal. Evidentemente, como agnóstico, no concluye con la existencia de Dios, sino que tal diferenciación radical apareció en el transcurso de la evolución. Sin embargo, al admitir que la naturaleza es ‘creativa’ en sus distintos niveles deja todo dicho. Usted y yo, apreciado Cayetano, tenemos experiencia de nuestro espíritu en todo momento; el trabajo es suyo para afirmar, en todo momento, que todo lo que existe son sólo realidades materiales.

  5. Mire, Joan, no es que yo pretenda reducir toda explicación a procesos biológicos y físico-químicos es que si algo puede explicase satisfactoriamente de forma simple, como de hecho puede explicarse, no veo la necesidad de complicarnos la vida con explicaciones que incluyen dioses o realidades que ni siquiera sabemos si existen. No es que yo pretenda que la ciencia tiene todas las explicaciones, la ciencia sólo pretende encontrar explicaciones fiables contrastadas con la realidad y usted habla de explicaciones que “trascienden” la realidad, bueno, nadie sabe si existe algo que trasciende la realidad y, si existiera, estaría fuera de la realidad y fuera del ámbito de la ciencia, para emplearlo como explicación de algo primero habría que demostrar que existe.

    En cuanto a la filogenia, si, estoy en condiciones de afirmar que el homo hergaster está en la línea filogenetica del homo erectus y del homo antecesor y que el homo sapiens y el homo neanderthalensis están en la línea filogenetica del homo antecesor y que tanto neanderthales como sapiens se desarrollaron en areas separadas y se cruzaron hace unos 40000 años en oriente medio de modo que el homo sapiens tiene genéticamente al menos un 4% de genes de neanderthal.

    En cuanto al espíritu humano, yo no tengo constancia de que exista tal cosa y tampoco creo que tenga usted alguna prueba contrastable y repetible de su existencia.

    En cuanto a la exegesis de Gould y Popper, no voy a entrar a discutir sus afirmaciones por mucho que las considere muy discutibles, ya que de cualquier modo me estoy basando en estudios sobre el comportamiento de primates superiores e investigaciones neurológicas publicadas con posterioridad a la muerte de Gould y Popper.

    Por lo que respecta al hecho de que yo tenga que demostrar “que todo lo que existe son realidades materiales” no veo porqué si no encuentro ninguna necesidad de que exista otra realidad que no sea material para explicar el mundo y que existe la realidad material es evidente y demostrable.

  6. Saludos Cayetano.

    Coincido con usted, “si algo puede explicarse satisfactoriamente de forma simple, no veo la necesidad”. Suscribo al 100% esta afirmación (la navaja de Ockham). No obstante, y como bien dice Ludwig Wittgenstein en el Tractatus: “Nosotros sentimos que incluso si todas las posibles cuestiones científicas pudieran responderse, el problema de nuestra vida no habría sido más penetrado (T L-P, 6.52); es decir, hay cuestiones que escapan al método científico de la experimentación, que no pueden explicarse como se explica un proceso biológico, físico o químico, sino que simplemente se muestra, como el amor, la libertad, la verdad, la belleza, la justicia… Pero la ciencia no es la única disciplina que puede estudiar las realidades de este mundo, simplemente porque no sólo hay una realidad material (hay distintas materias, como bien dice un autor que usted citó recientemente, el señor Ayala).

    Le recomiendola lectura de “Ética y creencia religiosa en Wittgenstein”, de Cyril Barrett (Alianza Universidad).

    Muchas gracias por su comentario.

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