¿Celibato sí o celibato no?

Publicado: 12 diciembre, 2012 en Iglesia

celibatoEn Italia las redes sociales No hablan de otro asunto, un joven pastor abandona el sacerdocio por el amor de una mujer. El debate está servido: ¿celibato sí o celibato no? Desde luego, este tema es propicio en un tiempo, el actual, en el que no abundan, precisamente, las vocaciones al ministerio sacerdotal. Ciertamente, habrá quien critique sin previo análisis la decisión del presbítero calabrés; no obstante, debe respetarse y aplaudirse por la valentía de seguir la voz de su conciencia, por no ocultar la verdad y refugiarse en el silencio que conduce a la hipocresía de aquellos, pocos o muchos, que, en la oscuridad de la sacristía, mantienen una vida bien distinta a la mostrada a sus feligreses.

El celibato concierne a dos dimensiones propias del ser humano, la sexualidad y la libertad. La sexualidad no es una realidad más o menos importante, tampoco se reduce a un aspecto exclusivamente físico, biológico o psicológico, sino que abraza todas las dimensiones de la persona humana en la unidad de su cuerpo y de su alma; es, por tanto, el modo de ser de la persona en el mundo: varón o mujer. El ser humano es un ser sexuado, la sexualidad es su forma de ser, hacer y estar en el mundo. De este modo, debe entenderse como una realidad inseparable del sujeto que se refiere, sobre todo, al amor y, con ello, a la apertura de la vida. Por otro lado, no se reduce a la capacidad de engendrar o al disfrute de ella junto a la persona querida, pero tiene que ver con ello y mucho, en cuanto que son dos consecuencias que se desprenden de la sexualidad humana, que es “la capacidad de expresar el amor: ese amor precisamente en el que el hombre-persona se convierte en don y –mediante este don– realiza el sentido mismo de su ser y existir” (Juan Pablo II, “El significado esponsalicio del cuerpo humano”, alocución del 16 de enero de 1980).

Además, como ya hemos dicho, el celibato afecta a la libertad. En sí, es una opción escogida, a priori, por una persona madura que se hace responsable de ella. Ciertamente, a nadie se le impone el celibato. Sí, como indica Pablo VI en la Encíclica “Sacerdotis Caelibatus”, el celibato “sacude la conciencia y provoca la perplejidad en algunos sacerdotes y jóvenes aspirantes al sacerdocio y engendra confusión en muchos fieles”. Sin embargo, responde a una promesa y, todo joven conoce al entrar en el seminario que esta es una realidad custodiada por la Iglesia desde hace siglos. No digo que no sea inmovible, pues no es un dogma, pero como es recibido como un don de Dios que está estrechamente unida al ministerio eclesiástico considerándose que él, el celibato, debe sostener al sacerdote “en su elección exclusiva, perenne y total del único y sumo amor de Cristo y de la dedicación al culto de Dios y al servicio de la Iglesia” (Pablo VI, “Sacerdotis Caelibatus”), se hace difícil pensar que la Iglesia, al menos a corto plazo, se decida por introducir alguna modificación al respecto.

No obstante, no puede obviarse la siguiente reflexión. ¿el celibato es asumido esclusivamente como una ley canónica que debe abrazar todo futuro sacerdote o es, al contrario, una especie de voto asumido voluntariamente y por amor a Dios? Si es lo segundo y se alcanza la virtud de la castidad, que es el dominio de sí sobre las pasiones, muy bien. Pero, si es lo primero, es muy posible que el sacerdote se deje dominar por las pasiones, y sus sombras todos las conocemos, y no me refiero únicamente a los abusos sexuales por parte de algunos presbiteros. Sí, el celibato no es un dogma, insisto, pero quien quiere ser sacerdote bien sabe que la Iglesia lo custodia como un don interpretándose que procura el bien común de la catolicidad. Por tanto, el sacerdote no puede ignorar, a no ser que quiera engañarse, que para la Iglesia el celibato “es un don que Cristo ofrece a los llamados al sacerdocio” (Cardenal Claudio Hummes, XL aniversario de la Encíclica “Sacerdotis Caelibatus”) y que “la virginidad consagrada de los sagrados ministros manifiesta el amor virginal de Cristo a su Iglesia y la virginal y sobrenatural fecundidad de esta unión” (Pablo VI, “Sacerdotis Caelibatus”).

En la Exhortación apostólica “Familiaris consortio”, Juan Pablo II afirma que “la virginidad y el celibato por el Reino de Dios no sólo no contradicen la dignidad del matrimonio, sino que la presuponen y la confirman. El matrimonio y la virginidad son dos modos de expresar y de vivir el único Misterio de la Alianza de Dios con su pueblo. Cuando no se estima el matrimonio, no puede existir tampoco la virginidad consagrada; cuando la sexualidad humana no se considera un gran valor donado por el Creador, pierde significado la renuncia por el Reino de los cielos”. La Iglesia entiende que los candidatos a recibir la imposición de las manos son aquellos que podrán ejercer con disposición el ejercicio del sagrado ministerio porque han recibido el carisma de la perfecta continencia y que se comprometen a guardar fidelidad al don recibido. Es en este sentido que no puede decirse que la Iglesia atente contra la dignidad incondicional de la persona humana al impedir el ejercicio del ius connubii – el derecho a contraer matrimonio –, pues, a priori, es una renuncia libre de todo aspirante al sacerdocio y no una imposición que surge una vez ordenado. Otro asunto bien distinto es debatir sobre su idoneidad por la escacez de vocaciones y por las sombras que descansan sobre el sacerdocio por la incapacidad de unos – muchos o pocos – de mantener la virtud de la castidad – en ocasiones para bien, por el amor de una mujer; en ocasiones para mal, abusos sexuales, relaciones con feligresas casadas, convivencia escondida con mujeres, etc. –.

Nadie experimenta la vocación al sacerdocio exclusivamente por su contemplación de la castidad. Ante la realidad empírica de sombras en la Iglesia y de sacerdotes que lo abandonan para contraer matrimonio, podría valorarse la posibilidad de convertir el celibato en una realidad opcional para el ejercicio del sacerdocio. Por otro lado, con especial atención a las sombras, si se quiere mantener el celibato como ley canónica, urge la necesidad de regular mucho mejor quién recibe la imposición de manos y, si esto no es suficiente, no esconder o tapar determinados casos que en nada favorecen la visión que tiene la gente de la Iglesia o que han hecho desistir del sacerdocio a muchos jóvenes – la homosexualidad en el seno de la Iglesia es muy existente, pero se esconde (y uno, este humilde servidor, no habla por hablar ni con el fin de causar polémica, sino de aportar luz a un asunto amargo que hace daño a muchas personas) –.

Entradas relacionadas:

Informe Semanal (TVE): “Celibato, entre el cielo y la tierra” (2010).

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La virginidad y el bien de la sexualidad.

¿Por qué simos varón y mujer? Una brillante conferencia de Mn. Joan Costa.

Diario Vaticano / Sacerdotes contra el celibato. En Austria se repite

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comentarios
  1. Jaume dice:

    Desde la opinión considero que el celibato no es conveniente ni positivo. Si un sacerdote lo quiere preservar me parece del todo legítimo y respetable; también me parecería legítimo y respetable un sacerdote casado. Un presidente de Estado no servirá mejor a sus ciudadanos por no estar casado, así tampoco se amará más a Dios y se servirá mejor a la Iglesia por no estar casado. Pienso.

  2. Saludos Jaume, muchas gracias por la aportación.

  3. Cristina Bec dice:

    El celibato no es un dogma, pero pienso que a nivel práctico un sacerdote sin la responsabilidad del matrimonio y de una familia puede dedicarse con mayor facilidad y disposición a las tareas propias de su ministerio.

  4. Boix dice:

    Uno puede estar de acuerdo o no con lo que dicta la Iglesia, pero si uno está en ella debe obedecer y seguir lo que dice por coherencia. Si una persona piensa en casarse mejor que no se haga sacerdote, nadie le obliga. Puede ser un buen católico laico.

  5. Saludos Cristina y Boix, muchas gracias por las aportaciones. Un saludo.

  6. Sigfrid dice:

    Hola Joan. Es importante señalar sobre el celibato que éste no guarda ninguna relación con la pederastia como suelen apuntar sus mayores detractores. Dicho esto, es interesante un análisis que he encontrado publicado en la prensa por expertos en la materia que dice: “¿Ser sacerdote o célibe te inclina hacia la pederastia? Clara y rotundamente no. ¿Ser pederasta te inclina hacia el sacerdocio? Sí, porque la Iglesia actúa de elemento protector, de paraguas, ya que el pederasta siempre piensa que es mejor caer en manos del obispo que del fiscal”. Coincido contigo que debe vigilarse más a los aspirantes que se ordena.

    http://elpais.com/diario/2010/03/29/sociedad/1269813601_850215.html

  7. Mateo dice:

    Con todos los respetos el celibato me parece una cuestión nada esencial al sacerdocio. Quien quiera que lo asuma, pero no por obligación. Este tema me parece tan ridículo como el hecho de que las mujeres mormonas no puedan llevar pantalones durante la celebración dominical

    http://www.sltrib.com/sltrib/blogsfaithblog/55445256-180/church-wear-lds-pants.html.csp

  8. Antonio dice:

    Ante este tema y desde mi ignorancia lo mejor es seguir la exhortación de San Pablo a los Corintios, que uno puede servir mejor a Dios y a la Iglesia no estando casado (1 Co. 7: 32- 35).

  9. Saludos Sigfrid, Mateo y Antonio por vuestros comentarios. Un saludo.

  10. lorena dice:

    yo creo que el celibato es visto por muchas personas como una represión hacia las pasiones naturales del ser humano y por tanto se ve peligroso. Pero si una persona tiene realmente vocación hacia el sacerdocio es fundamental que antes de ingresar a un seminario, se plantee algunas preguntas sobre que es lo que verdaderamente quiere y que estaría dispuesto a hacer o a que estaría dispuesto a renunciar por amor a su vocación.
    Si no se está dispuesto a esos sacrificios hay mas formas de servir sin tener que ser sacerdotes.

  11. Saludos Lorena, muchas gracias por la aportación, un saludo.

  12. Otra noticia para añadir al debate sobre el celibato o el control al ejercicio ministerial. Un sacerdote de una población de Sicilia, que mantenía una relación a escondidas, abandonará el sacerdocio por su futura paternidad.

    http://palermo.repubblica.it/cronaca/2012/12/14/news/trapani_sacerdote_annuncia_dall_altare_che_lascer_la_tonaca_per_diventare_pap-48724748/?ref=HREC1-8

  13. Mikel dice:

    La iglesia católica es un refugio para los reprimidos y los dos últimos papas han cerrado la boca, sobre todo en el caso de los Leginarios, cuyo fundador dio millones de euros al Vaticano para tapar sus abusos con menores

    http://madmikesamerica.com/2012/03/church-a-haven-for-sexually-suppressed/

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