Sin Cristo no puede darse por supuesta la racionabilidad de la razón ni la credibilidad de la fe

Publicado: 23 septiembre, 2012 en Pensamiento

La decisión última de creer no tiene lugar sino en las profundidades del hombre, en su interior. La fe, no lo olvidemos, es un don que recibimos de Dios, en el que nuestro ‘yo’ se encuentra con un ‘Tú’, el ser subsistente por sí mismo que le sostiene, de aquí que su enunciado no sea “creo en algo”, sino “creo en ti”. Es por este motivo que la decisión última de creer no tiene lugar en las altas esferas o en las pruebas o contrapruebas racionales, pues la fuerza de la razón, que sabe dónde hay que juzgar, entiende que, ante la cuestión última, su racionabilidad no sólo no puede darse por supuesta, sino que por sí misma no puede hallar “una sede firme para edificar sobre ella una torre que se alce hasta el infinito” (Hans Küng, “¿Existe Dios?”).    

Ciertamente, y a la experiencia me remito, ante las cuestiones últimas del ser humano la razón, por sí sola, no puede determinar nada; a no ser que, como las mentes mediocres, otorguemos, sin sentido alguno, rango de verdad a la opinión huera y a todas las divagaciones filosóficas que, cogidas por los pelos y mediante juegos de palabras, forman conceptos extraños y absurdos sobre la realidad trascendente del hombre y del universo. La verdad del hombre, por otra parte, no es una realidad abstracta producto de la subjetividad ni una realidad escondida al común de los mortales que sólo alcanza el intelecto privilegiado, sino que es conocida gracias a Jesucristo. Él y sólo Él transmite al hombre la verdad última, la Verdad en mayúsculas: el resultado último de la ecuación que se inició con la exhortación “Conócete a ti mismo” esculpida sobre el dintel del templo de Delfos (Juan Pablo II, “Fides et ratio”).

La razón por sí misma no puede salir de la duda. Considerar cómo soporte último de la verdad la racionabilidad de la razón es un ejercicio de desmesura que sólo conduce a la contradicción de la que es rehén el escéptico. El acceso a Dios tiene, por supuesto, múltiples variantes, sin embargo, en la búsqueda de la verdad, todos los que pretenden “conocer a Dios y probarle sin Jesucristo sólo tienen pruebas inoperantes” (Blaise Pascal, “Pensées, 547”) porque separan demasiado y radicalmente al Dios de la fe – verdad – del dios de los filósofos – divagación – (Joseph Ratzinger, “Teoría de los principios teológicos”). Porque, en definitiva y como ya he dicho, la Verdad no es “algo” sino “Alguien”. De este modo, el verdadero autoconocimiento del hombre sólo es posible en el conocimiento de Dios en el reconocimiento de la fe (Hans Küng, “¿Existe Dios?”). Y a esta verdad sólo se accede mediante Jesucristo, pues sin Él no sólo no puede darse por supuesta la racionabilidad de la razón, sino tampoco la credibilidad de la fe.

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comentarios
  1. Es verdad que la decisión última de creer tiene lugar en las profundidades del hombre, en su interior, la de que te gusten los gatitos o el azul celeste también ya que “… las experiencias religiosas, como todas las demás, son sólo posibles por la existencia en el cerebro de estructuras que les sirven de base. Así se explica que las emociones de tipo religioso sean iguales que las emociones ordinarias.” [Francisco J. Rubia “El cerebro nos engaña” pg. 368] y podemos localizarlas concretamente en las estructuras mesolímbicas, el hipocampo y especialmente la amígdala, ambos localizados en las profundidades del lóbulo temporal y, probablemente, también esté implicada la corteza interna de dicho lóbulo.

    Y todo esto lo sabemos porque unos señores fueron escépticos y no se conformaron con las explicaciones que recibían, buscaron explicaciones racionales, y a estos siguieron otros y luego otros … y hoy, el cerebro, gracias a la posibilidad de estudiarlo en vivo, va dejando de ser un reducto para las especulaciones “imaginativas”.

    Por otro lado, si la “razón misma no puede salir de la duda”, cosa que dudo, desde luego fuera de la razón todo es duda, todo conocimiento que no se pueda aprender racionalmente no es verificable y, en consecuencia, no se puede establecer si es verdadero o no con lo cual no considero que sea verdadero conocimiento. Y en cuanto al fondo, prefiero la explicación más parsimoniosa, un Universo como el que conocemos que se puede explicar sin necesidad de un Dios no necesita de un Dios para ser explicado.

  2. Saludos Cayetano. Tiene usted razón, no hay que conformarse con cualquier explicación ni dar nada por supuesto. Oír algo no constituye ni debe constituir la base de fe de una persona. Sin embargo, como bien dice Pascal, hay que saber cuándo hay que juzgar y cúando, la razón, debe someterse. En cuanto al aspecto de neurología que introduce le recomiendo la lectura de “El cerebro, lo neurológico y lo trascendental” de Amadeo Muntané, María Luisa Moro y Enrique R. Moros. Astrolabio (EUNSA) y “De la neurociencia a la Neuroética. Narrativa científica y reflexión filosófica” de José Manuel Giménez Amaya y Sergio Sánchez-Migallón. Astrolabio (EUNSA).

    Al respecto puede leer:

    http://opusprima.com/2010/08/06/cerebro-y-dios-i/
    http://opusprima.com/2010/08/09/cerebro-y-dios-ii/
    http://opusprima.com/2010/08/14/cerebro-y-dios-iii/
    http://opusprima.com/2010/08/20/cerebro-y-dios-iv/
    http://opusprima.com/2010/08/24/cerebro-y-dios-v/

    pd:conocemos cómo es el mundo, pero la sola razón no puede ni podrá por sí misma explicar el por qué… pero la razón, como es razonable, sabe que debe someterse.

    Muchas gracias por su comentario.

  3. Gracias, Joan, procuraré leerlos como he leído otras referencias que me ha sugerido, pero supongo que es consciente de que me está referenciando textos de la Universidad de Navarra que es una universidad Católica ligada al Opus Dei y yo estoy siguiendo las investigaciones de Francisco J. Rubia, Antonio Damasio y Vilayanur S. Ramachandran especialistas en neurobiología, mundialmente reconocidos, a los que no se les conoce ningún sesgo religioso.

  4. Saludos. Tanto unos como otros son mundialmente reconocidos, Cayetano. ¿Hay que ser ateo o agnóstico para hablar de estos temas? ¿Uno queda desautorizado por sus pensamientos personales al margen de la rigurosidad académica? Saludos nuevamente.

  5. Didac dice:

    Comparto el enfoque del texto. La revelación es Dios mismo – verdad objetiva – por lo que la revelación no es una verdad subjetiva , abstracta o conceptual, sino una persona – el Ser como dices – que nos habla, nos busca y nos invita. La verdad es escuchada y no inventada.

  6. No, no, por supuesto uno no queda desautorizado por creer en tal o cual cosa, siempre existe la posibilidad de corregir los sesgos, sólo destaco que considero un hecho significativo no conocer las creencias personales de un investigador. Para mi, desde luego, es deseable el agnosticismo ya que lo considero la filosofía que mejor se se ajusta a la ciencia, de hecho es la única que se ajusta específicamente al conocimiento científico:

    “Los resultados de la elaboración del principio agnóstico variaran de acuerdo con los conocimientos y capacidades individuales, y de acuerdo con las condiciones generales de la ciencia. Lo que no se ha demostrado hoy en día puede ser demostrado con la ayuda de nuevos descubrimientos mañana. Los únicos puntos negativos que se mantendrán fijos son los que fluyen de la limitación de nuestras capacidades para demostrar.” [Thomas Henry Huxley “Cap. VII Agnosticism -1889- Collected Essays vol. V” e.e.]

  7. Saludos Cayetano. No comparto su punto de vista. Lo que más se ajusta a la ciencia es la honestidad como en la filosofía la búsqueda de la verdad más allá de las convicciones del científico o del filósofo en cuestión. Gracias por su comentario.

  8. Saludos Didac, muchas gracias por la aportación.

  9. Por supuesto que la honestidad es imprescindible, de hecho es tratado tanto por Russell como por Popper pero es Lakatos quien lo convierte en una cuestión fundamental en la epistemología pero eso forma parte de “como” se obtiene el conocimiento no nos dice nada sobre que “es” conocimiento.

    “El agnosticismo se define, por el contrario, en función de las evidencias muy firmes … Pues ya no se trata ahora de defender, como única alternativa filosófica, la necesidad de dudar «sobre el conocimiento en general», sino precisamente sobre el conocimiento no científico. Del conocimiento científico no cabe en realidad dudar. Nos permitimos subrayar que esta oposición entre el conocimiento científico y el conocimiento no científico (el cual arrastra la sospecha de no ser, no ya conocimiento verdadero –sólo probable– sino de no ser siquiera verdadero conocimiento) …” [Gustavo Bueno “Ignoramus Ignorabimus” e.e.]

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