Educación para la Ciudadanía sigue castrando el espíritu de los niños

Publicado: 11 septiembre, 2012 en Educación

 

La plataforma Madrid Educa en Libertad advierte que la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC) sigue siendo la misma, y que los cambios incluidos en el decreto del 3 de agosto no son más que un maquillaje que no resuelve el carácter adoctrinador de la asignatura. No obstante, la cuestión no es que se introduzcan los nuevos contenidos, sino que la asignatura en sí desaparezca. Dije en una ocasión, e insisto en ello, que ningún gobierno puede originar o causar ciudadanos morales mediante la introducción de principios ideológicos en la enseñanza que sean tomados por el alumno como normas éticas que fundamenten la acción, sino que son las personas mismas, en cuanto sujetos morales, libres e independientes del Estado, quienes fortalecen con su responsable obrar una sociedad moral virtuosa.

Educación para la Ciudadanía es, desde su aparición, la guinda de un sistema educativo que, lejos de ayudar a que el alumno adquiera conocimientos a los que aunar, con posterioridad a su crecimiento, la moral recibida en el hogar familiar, sólo llena la cabeza de los imberbes de patrañas que luego requieren de esfuerzo y tiempo para ser desechadas. Es lamentable, más bien obsceno, que a los niños no sólo se les impriman juicios por parte del Estado, sino también prejuicios. Piensen en el interesado esfuerzo por inculcar la homosexualidad como forma natural de vivir la sexualidad humana varón-mujer y la destrucción de principios fundamentales abrazados por la sociedad española por ser los propios del cristianismo.

No soy maestro, pero intuyo que durante la infancia sólo se debería sostener un sistema educativo orientado en exclusiva a la formación del conocimiento, sin introducir, y menos sin la autorización de los padres, valores éticos y, mucho menos, prejuicios hacia modelos de vida que, aun siendo los compartidos por la mayoría, resultan, para la subjetividad libidinosa de una minoría, trasnochados. Es necesario, y esta es una norma compartida por mentes dispares como Aristóteles, Kant y Schopenhauer, que la enseñanza académica avance con criterio hacia la alimentación del intelecto. Respecto a lo que podríamos denominar ‘escuela o formación de la vida’ es tarea que compete y atañe de modo exclusivo y sin injerencia a los padres y a quien estos bien gustosamente consideren.

Es tarea exclusiva de los padres, de los padres responsables, de presentar a sus hijos la concepción más clara y rigurosa de la realidad, de las relaciones humanas y del conocimiento de uno mismo; en definitiva, todo lo necesario e importante para que alcancen una vida lograda. Repito, es obsceno y propio de una sociedad de vasallos que el estado moldee la moral de los ciudadanos. La escuela sólo puede y debe ofrecer conocimiento particular dejando para más tarde y para los padres la introducción del juicio. Sin embargo, y a la realidad me remito, Educación para la Ciudadanía es responsable directa de la existencia en la mente de muchos niños de un revoltijo de pensamientos incoherentes y, lo peor, de una teoría de la identidad del ser humano próxima a la vivencia de la nada del ser que, lamentablemente, conducirá a muchas almas al fracaso existencial que no es otro que no llegar a conocerse a sí mismo. Piensen, por ejemplo, en Canadá, donde a un niño de ocho años se le presenta como real la existencia de seis géneros por obra y gracia del lobby gay.

No es una exageración apuntar que el actual sistema educativo con la suma de Educación para la Ciudadanía es un arma de destrucción pues con él es susceptible de fracaso incluso la mente más sana, ya que ofrece a un niño inocente y sin un juicio armado el delirio propio de un manicomio; incapacitándolo, en consecuencia, y si los padres no lo remedian, de poseer pensamientos de verdad sobre el mundo y el hombre y de valerse por sí mismo. Cuando el Estado interviene en la formación ética de las personas no sólo estamos en un régimen dictatorial sino ante una sociedad de espíritus castrados.

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comentarios
  1. Juan Quinto dice:

    Sólo cuando se suprima EpC podremos esperar no una generación de estudiantes más sabios, sino, al menos, menos trastornados.

  2. Xavier Pérez dice:

    La aparíción de EpC suposo el retroceso más grande que ha padecido España en mucho tiempo, si no eramos ya víctimas de un sistema educativo que en los últimos años generaba jóvenes de una profunda incultura.

  3. Pues mire, Joan, estoy de acuerdo con usted en que debería desaparecer la asignatura de educación para la ciudadanía de los colegios pero también creo que debería desaparecer cualquier tipo de educación en materia de religión en los colegios públicos y en cualquier otro que reciba cualquier tipo de subvención del estado.

  4. Sigfrid dice:

    Coincido plenamente con todos vosotros, EpC debe desaparecer. En cuanto a la presencia de la asignatura de religión Cayetano se debe a que es una realidad que representa al sentir mayoritario de la sociedad. Pero entiendo tu posición, aunque, también pienso que suprimir una asignatura que no afecta mucho a la conciencia de las personas supone, posiblemente, la institucionalización el ateísmo

  5. Ya, Sigfrid, podríamos discutir si es o no un “sentir mayoritario” pero el problema principal es que la religión es una forma de adoctrinamiento mucho más invasiva que la EpC y no debiera ser subvencionada por un estado aconfesional.

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