¿El Papa que no pudo ser?

Publicado: 9 septiembre, 2012 en Iglesia, Periodismo

Leo el artículo que firma el señor Pablo Ordaz y no hallo el modo de encararlo por la sarta de opiniones vertidas carentes de significación. Si apareciera publicado en la revista ‘El Jueves’ entendería con suma perfección que no se trata de otra realidad que de un honroso ejercicio de humor. Sin embargo, es el rotativo ‘El País’ quien le da cabida y la finalidad no es otra que la estricta ofensa no lograda revestida de ignorancia y de escasa comprensión del fenómeno religioso, del alcance trascendente del cristianismo y de la misión de la Iglesia.

El Papa que no pudo ser” porque representaba a una “Iglesia moderna, llena de dudas y de empatía con el prójimo”. Sobre esto último no realizaré comentario alguno, pues sólo el ciego voluntario negará la labor de la Iglesia. Respecto a la duda, sólo una pusilánime ameba carente de reflexión negará la presencia de la duda vital y metódica en la experiencia de fe. La duda siempre surge de una necesidad existencial; la razón duda, juzga y se somete y así, en la fe, una y otra vez, pues la fe nunca puede darse por supuesta, sino que es pensada de nuevo, y de nuevo manifestada: Credo ut intellegam, intellego ut credam.

 La Iglesia no es moderna, ni antigua, la Iglesia es el camino que debe recorrer el hombre para su salvación. No es una más de las tantas instituciones de este mundo, su misión no es temporal ni se ciñe a la coyuntura, su vocación no es otra, repito, que ser el camino, siempre contemporáneo, de la historia de la salvación del hombre. Muchos hombres, el firmante del artículo también, hablan de la Iglesia al margen de Dios, presentan la misión de ésta de tal modo que, en palabras de Dostoievski, pretenden el cielo en la tierra y borrar la trascendencia y la lógica divina que impera en ella en pos de un comunismo santo abrigado desde la fútil lógica humana.

El cardenal Martini eligió la manera de marcharse. Su cómplice fue el párkinson, el verdugo que desde hacía 16 años le venía quitando la vida poco a poco”. Ningún católico decide marcharse, pues su vida es una existencia marcada por el sentido y nadie le quita la vida, sino que la entrega, gustosamente, por Dios y por el Evangelio. Pero para comprender esta realidad no se puede obrar cual mero escribano que llena el espacio que le ofrece un rotativo, sino que uno debe vivir el Evangelio interiormente mucho después de realizar el mayor y más necsario ejercicio que puede y debe cometer un hombre: conocerse a sí mismo en una apertura honesta a la realidad y a la verdad.

Sí, hay una verdad en el ‘reportaje’ del señor Ordaz. Al margen de la figura del cardenal Martini, que es una excusa, el Papa que quiere ‘El País’ es, ciertamente, un Papa imposible, pues la misión de la Iglesia no es simplemente una mejora sociopolítica sino que ésta depende de una realidad mayor, de la transformación personal a través de la fe en Jesucristo, tomándolo como ejemplo de hombre verdadero que vence el pecado, del que forma parte la vanagloria de quienes consideran que el ser humano puede alcanzar su propia autorrealización al margen del designio divino. No se es un católico moderno o anticuado, como decía anteriormente, sino un católico eterno en comunión con Cristo, que da testimonio del Evangelio en su propia vida para que los hombres que, por una u otra razón, permanecen apartados de la luz, descubran el sentido de la existencia, cuya plenitud es la transformación del ser personal en el seno de su Iglesia.

‘El País’, con acierto, nos recuerda la necesidad imperiosa de volver, siempre, al Evangelio. Sin embargo, olvida, porque no es su objetivo, que de lo que habla Jesús en el Evangelio es de la importancia de la unidad de los creyentes en la Iglesia, a la que muchas veces desprecian al interpretarla desde su lógica humana como una institución política, y de la celebración eucarística con la esperanza puesta en la salvación de la humanidad: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). Esta vida en abundancia es la vida eterna que se alcanza en comunión con Dios a partir del momento en que el hombre se deja transformar por Él llenando de pleno significado la vida presente.

No es, pues, la Iglesia la que tiene que renovarse en vistas a una victoria sociopolítica sino que es el hombre mismo quien debe renovarse mediante la fe en el Evangelio en vistas a una victoria que trasciende la realidad temporal en la que reside el auténtico valor de cada persona. La misión de la Iglesia es anunciar esta verdad que es fuente de gloria mediante el Evangelio que ha recibido como don de Cristo a través de los Apóstoles para anunciar la Buena Nueva (Lc 4, 18; Mc 16, 15).

Entradas relacionadas:

Cuando se confunde ser sacerdote con ser político o cooperante.

La Iglesia no es una institución sociopolítica.

Anuncios
comentarios
  1. Eric dice:

    Lo mejor de todo el asunto es que después de 2000 años los detractores de la Iglesia siguen escribiendo de ella con el empeño de destruirla… y sigue en pie porque no es sólo una obra humana.

  2. Saludos Eric… sin duda, la Iglesia es obra de Dios y su cabeza es Cristo. Gracias por comentar.

  3. Claudio dice:

    Mientras hablen de la Iglesia es que la Iglesia hace lo que debe… ¿no?

  4. Blas dice:

    Muy interesante… lo he leído varias veces.

  5. Saludos Blas, muchas gracias por el comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s