Archivos para septiembre, 2012

El hombre, al ser el principio de sus operaciones, experimenta la libertad, en un primer orden, ante la ausencia de coacción; así, la interpreta como la capacidad para hacer algo que previamente ha decidido sin la presencia de obstáculos. No obstante, ésta una definición muy limitada de la libertad, pues olvida que la dimensión fundamental de la libertad, que nunca es un fin en sí misma, apunta al dominio de los actos humanos, que son todos aquellos susceptibles de una valoración ética. Así, en su sentido último la libertad y la moral son inseparables, pues, como decimos, la libertad apunta hacia el autodominio de los actos por los cuales la persona se dirige, mediante una muy determinada forma de vida, a alcanzar su verdadero fin: la autorrealización.

La libertad, por tanto, no es el simple ejercicio de la voluntad sin límite, sino que donde sucede el ejercicio de lo libre y voluntario interviene, de modo natural – intrínseco –, lo propiamente moral. Es decir, el sujeto de lo moral y de lo inmoral es siempre y exclusivamente la voluntad libre y racional, que es dueña de sus actos y que, al mismo tiempo, puede responder, responsablemente, de ellos. Por tanto, la moral designa el modo de gobernar las acciones libres, pues, todas las acciones libres, y sólo ellas, son morales, y, todas las acciones morales, y sólo ellas, son libres. En consecuencia la libertad, en primera y última instancia, no es la autonomía absoluta de la voluntad, sino el autodominio de las acciones de la persona por las cuales, insisto, se dirige a su propia realización. (más…)

El motivo de esta entrada es a raíz de la lectura del artículo ‘La independencia de Cataluña y los católicos’ que publica el señor Moreno Ramos en su blog de ‘Infocatólica’, en el que mediante sus convicciones ideológicas establece que el canon de la moral se fundamenta en la unidad nacional. Así, “un católico puede legítimamente ser independentista”, si bien no implica que pueda ser, por ello, “independentista catalán”.  Éste es el análisis de la afirmación: “una independencia siempre destruye un bien moral, que es la unidad del Estado original”. ¿España es producto de una creación ex nihilo?, ¿estamos ante una realidad sagrada?

El Santo padre Juan Pablo II deja bien explícito en el Evangelium Vitae que “la democracia no puede mitificarse convirtiéndola en un sustitutivo de la moralidad” pues “es un ordenamiento y, como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter «moral» no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que, como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es, depende de la moralidad de los fines que persigue y de los medios de que se sirve”. El señor Moreno sostiene que “no puede entenderse España sin el catolicismo”, y tiene razón, pero es toda Europa y el mundo entero que no puede entenderse sin el cristianismo. No obstante ni España ni ninguna nación tienen en exclusiva como una expresión de su espíritu la fe católica (Joseph Ratzinger, “Theologia perennis?”). (más…)

La decisión última de creer no tiene lugar sino en las profundidades del hombre, en su interior. La fe, no lo olvidemos, es un don que recibimos de Dios, en el que nuestro ‘yo’ se encuentra con un ‘Tú’, el ser subsistente por sí mismo que le sostiene, de aquí que su enunciado no sea “creo en algo”, sino “creo en ti”. Es por este motivo que la decisión última de creer no tiene lugar en las altas esferas o en las pruebas o contrapruebas racionales, pues la fuerza de la razón, que sabe dónde hay que juzgar, entiende que, ante la cuestión última, su racionabilidad no sólo no puede darse por supuesta, sino que por sí misma no puede hallar “una sede firme para edificar sobre ella una torre que se alce hasta el infinito” (Hans Küng, “¿Existe Dios?”).     (más…)

La libertad y la providencia juegan un papel trascendental en la obra de Tolkien. Ante posturas filosóficas contemporáneas que establecen una competencia entre Dios y la libertad del hombre, el autor de ‘El Hobbit’, iluminado por la doctrina del Aquinate, entiende la providencia divina y la existencia del libre albedrío humano – que designa el carácter propio de los actos realizables por el hombre sin que algo que le sea extrínseco ni intrínseco le haga inevitable realizarlos (Antonio Millán-Puelles, “El valor de la libertad” – como el encuentro interpersonal entre las dos realidades personales, en la que Dios aparece, más con carácter de padre que de tirano, como garante de la legítima autonomía humana.

Los personajes de la obra de Tolkien, en mayor o menor medida, se hallan constantemente en la inexorable necesidad de tener que hacer algo, so pena de dejar de vivir, pues lo que tienen que hacer no es otra cosa que ser, tomando decisiones trascendentales con unas consecuencias morales, ya sean buenas o malas. En esta situación, Dios – ya expliqué en otra entrada el sentido religioso en Tolkien en un contexto pagano o precristiano – ilumina la razón de la criatura en su camino hacia el bien y la verdad sin derogar su libertad. (más…)

Entre 2009 y 2011 la policía detectó en España a más de 4.000 víctimas de trata de seres humanos con fines de explotación sexual. No obstante, la cifra se queda corta, pues según los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, en España sólo se detecta una de cada veinte víctimas. La explotación sexual de inmigrantes ilegales es, junto al tráfico de drogas, uno de los negocios criminales más lucrativos según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, pues genera alrededor de 32 mil millones de dólares anuales.

La brecha cada vez más pronunciada entre los países ricos y pobres causa un mayor flujo migratorio de personas cuyo objetivo inmediato es alcanzar una vida con mayores oportunidades, si bien en muchas ocasiones supone exponer la propia vida. Esta situación es una fábrica perfecta para el crimen organizado que trata a estas personas, mujeres y niñas, cual otra mercancía cualquiera para su beneficio. Sin embargo, el mayor responsable de esta lacra es la concepción utilitarista que no concibe a la persona como un fin en sí misma, sino como un medio y, como bien dice un comentario de una lectora en la noticia publicada por ‘El País’: “sino existieran tantos consumidores de este oficio, seguramente no existiría la esclavitud sexual, ni de niños ni chicas, ni jovencitos. Pero ahí van esclavos de sus instintos a someter a otros sin importar su condición”. (más…)

La cuestión del aborto se halla, y esto es un éxito de sus defensores, en el terreno ideológico porque la ciencia, con claridad, muestra que desde que se produce la fecundación mediante la unión del espermatozoide con el óvulo, surge un nuevo ser humano que merece toda la dignidad por el mero hecho de ser un individuo de la especie humana. No obstante, el mayor peligro que corre el reconocimiento de la incondicional dignidad del nonato es la ignorancia intelectual de aquellos, muchos o pocos quién sabe, que interpretan el aborto como el derecho de la mujer a decidir sobre el futuro existencial de su hijo.

Ayer mantuve una conversación a través de Twitter con un joven muy educado pero con una formación un tanto sospechosa que afirmó las siguientes barbaridades: “los primeros meses de embarazo son solo células. No es un bebé. Lo di el año pasado en biología”; “no digo que no sea humano. Es que son simples células en reproducción” y “si esas celulitas son ya humanas, los espermatozoides también. La masturbación debería ser prohibida”. ¿Simples células? En biología, la noción de individuo remite a la idea de organización de la estructura viviente. Cada ser vivo es un individuo cuando es un organismo, una unidad integrada por estructuras y funciones; en este sentido, el embrión es un ser individual y personal. Es decir, es un ser humano que no depende genéticamente de la madre, sino sólo ambientalmente, ya que tiene en sí mismo el principio constitutivo del propio ser (G. Rager, Embrión-Hombre-Persona. Acerca de la cuestión del comienzo de la vida personal. Cuadernos de Bioética, 1997). (más…)

La relación entre la libertad y la verdad

Publicado: 17 septiembre, 2012 en Pensamiento

Si el animal irracional no puede dejar de ser ese animal irracional y de actuar de acuerdo con los instintos, que es la forma de vida que le es impuesta; cada uno de nosotros se experimenta libremente teniendo que ser en todo momento. Así, para que aquel que debemos ser no sea una utopía perpetua o un abismo irremediable es necesario comprender la relación y la simbiosis existente entre la verdad y la libertad del ser humano, que es la que permite la consecución de aquello que denominamos vida lograda.

El hombre se sitúa más allá de la escala zoológica. No tiene otro remedio que reflexionar sobre su vivir y organizar su existencia en vistas a un fin que es el bien mayor, ser lo que uno debe ser de acuerdo a su naturaleza ontológica. Por esta razón, la verdad es una realidad necesaria que se impone al hombre en cuanto que es, en última instancia, la única garante de la libertad y la que confiere sentido a la existencia. Allí donde la verdad no es un valor en sí mismo, absoluto, el hombre corre el peligro de dejar de ser quien debe ser, de deshumanizarse, de no ser hombre o de ser un escéptico atrapado en su constante duda radical. (más…)

El sentido en una vida lanzada a quemarropa

Publicado: 16 septiembre, 2012 en Pensamiento

El ser humano se halla con la posibilidad de desentenderse de las ocupaciones cotidianas que los animales no racionales realizan por instinto, y, mediante una facultad no comprensible biológicamente, de meterse dentro de sí para ocuparse de sí mismo. La pregunta por el sentido de la vida no es el capricho del sacerdote o del intelectual, sino que el hombre, quizá sin saber por qué o el cómo, se descubre a sí mismo teniendo que ser en todo momento y en todo lugar. Con acierto, Ortega y Gasset dirá que “la vida nos es disparada a quemarropa” (Ortega y Gasset, ‘El hombre y la gente’), pues uno, ante la vida, es el viviente que, sin previa preparación, se ve en el necesario imperativo de tener que ser y, desde luego, no a través del despliegue de cualquier existencia.

La pregunta por el sentido de la vida no es una cuestión exclusiva de la persona religiosa, si bien su dimensión trascendente remite a una realidad sobrenatural. Es una cuestión universal en la que la persona se encuentra habiéndoselas individual e irremediablemente sola consigo misma, ante la realidad del universo y de los demás hombres, para plantearse de que forma debe llenar esa vida que le es donada y ante la cual, forzosamente, tiene que ser, en todo instante, su actor, eligiendo libremente, por su propia cuenta y riesgo, el camino a recorrer. (más…)