El bien común es una tarea ética que corresponde a la sociedad civil

Publicado: 27 agosto, 2012 en Ética y Moral, Pensamiento

Son muchas las voces que anuncian el fin del bien común y que denuncian que Europa está en manos de los financieros y no de las personas. Se reivindica la justicia social, pero se olvida o se ignora que para ello es indispensable la justicia moral. Apremia, más que nunca, la recuperación del binomio ética-política. Ésta es, principalmente, una extensión en el seno de la sociedad del sentido teleológico del hombre. Porque el fin del hombre es el fin de todos los hombres, el bien común es el fin de la humanidad y el objeto del Estado.

La praxis política, bien señala el Estagirita, depende de su corrección moral. Esto es evidente en cuanto que nadie tolera la vida en un mundo privado de justicia, una virtud que es un derecho humano (Hannah Arendt). La política no puede desprenderse de su sentido teleológico, debe entenderse en términos de medios-fin en cuanto que el hombre – zoon politikon – se asocia no sólo para vivir sino para vivir bien en vistas a su plenitud y no por otro motivo. Este es el fin de la política: el bien común. Si hay bien común la justicia vendrá por añadidura. 

La indignación actual viene causada por la reposición de la verdad y del bien en beneficio de la ideología política y económica. El éxito maquiavélico de separar el carácter moral y el sentido teleológico de la política convierten a esta ideología en un arma al servicio de todo tipo de tiranías, entre ellas la conversión del Estado en un macro individuo ajeno a los ciudadanos con fines y derechos propios no coincidentes la mayoría de las veces con los de la sociedad. Ante esta nociva situación es menester la restitución y la potenciación de la sociedad civil y su autonomía frente a este poder del Estado y, sobre todo, de esa gigantesca, invisible y poderosa ideología económica. Al mismo tiempo, urge la recuperación de los principios éticos que, a la luz de la verdad y del bien, revelan y promueven la dignidad de la persona humana, que es el verdadero sujeto, el verdadero principio y el verdadero fin de la sociedad; cuyo bien y cuya consecución es la razón de ser del Estado.

El relativismo, ese racionalismo menguado del que habla Jürgen Habermas, el positivismo y el escepticismo han desterrado de las decisiones fundamentales de la política las cuestiones últimas del ser humano, desde la verdad misma de su ser hasta los fines fácticos y bienes éticos necesarios e indispensables para llevar a cabo su proyecto existencial. La sociedad no es una simple masa uniforme que coexiste ni el hombre es un medio al servicio del Estado ni una creatura generada por éste, sino que es, ante todo, una unidad moral con un único anhelo, el bien común. Es la consecución del bien mayor del hombre la razón por la que se constituye la sociedad y por la cual el hombre convive en comunión con los demás (Aristóteles, “Política”, I, 1252 a 1).

No hay que olvidar, porque se olvida, que este fin y esta razón de ser de la sociedad no es una realidad que se halla independiente de la praxis de la persona en su cotidianidad, sino que es el sentido y la expresión de toda su actividad. Que el hombre sea un zoon politikon corresponde a una intrínseca realidad de la naturaleza humana por la cual se abre a establecer relaciones de vínculo con los demás buscando y disfrutando del bien de estos con la consideración de que su bien es el propio bien (Tomás de Aquino, Summa Theologiae II-II, 114, I, ad 2). En este sentido, la realización del bien común es una perenne tarea ética que corresponde a todos los ciudadanos, que deben, siempre, reflexionar sobre los bienes, fines y normas morales necesarios para su consecución con el reconocimiento, siempre, de la dignidad de la persona humana.

La restitución de la sociedad civil no tiene que ir necesariamente en detrimento de la presencia del Estado, sino que debe entenderse que éste es fruto de la actividad humana, que sus instituciones las dirigen personas con el fin exclusivo de reconocer y promover los proyectos personales en vistas al bien común. Como ya dije en una ocasión, el problema actual no es sólo del capitalismo o de los Estados, sino del hombre mismo que es quien se halla con la capacidad de obrar con justicia en vistas al bien común.

comentarios
  1. […] moral de la sociedad sólo depende de un factor que no es otro que descubrir la necesidad del bien común en detrimento del utilitarismo ético que rige la toma de decisiones en las que el fin último es […]

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s