Totalitarismo y humanismo cristiano en el s. XXI

Publicado: 8 agosto, 2012 en Pensamiento, Política

El comunismo y el fascismo pertenecen al siglo XX. Sin embargo, el totalitarismo se halla presente en nuestro tiempo. Nos creemos curados de los crímenes contra la humanidad, pero ocurre que los digerimos durante la sobremesa sin darnos cuenta que se reproducen los mismos horrores del pasado, y para el inteligente no es necesario que le exponga ejemplos. La mayor arma del totalitarismo no es otra que la negligencia de quien obvia la incondicional necesidad de pensar y de cuestionar los acontecimientos que nos circundan.

El totalitarismo se manifiesta mediante el poder incondicional de un Estado político-económico de estructuras complejas que dispone de los medios suficientes para domeñar toda libertad de expresión y pensamiento manteniendo en una posición residual toda actitud supuestamente disidente como acontece con el movimiento 15/M. Es evidente – de ahí su mayor crueldad – que gracias a esos medios el poder del totalitarismo actual no requiere del ejercicio constante del despotismo, le basta y le sobra con sujetar al individuo – pues así ve al ser humano – por medio de la ideología, que asimila como su intrínseca cosmogonía.  

La ideología, herramienta del totalitarismo, inhibe al hombre de todo pensamiento y, en consecuencia, lo subyuga confinándolo en el seno de la democracia infundiéndole la creencia de que ella es el único sistema que asegura por sí mismo y de modo categórico el bien común. Ante esta idílica situación la persona deja de pensar y, por ello, de cuestionarse si eso es realmente así. Y si lo hace se encuentra ante la opinión pública, que adormece todas sus dudas procurándole toda una serie de delectaciones que le desvían de los asuntos públicos.

Cierto, movimientos como el 15/M cuestionan los mecanismos que controlan el sistema democrático pero, ¿lo hacen desde una autonomía radical de la ideología o no son más que una distracción ofrecida por el mismo Estado político-económico en manos de los financieros y no de las personas en las que supuestamente reside la soberanía? Si analizamos sus entusiastas y sus detractores pronto hallamos que su pensamiento no es propio sino que piensan del modo que quiere la ideología que abrazan. Sus argumentos no derivan de la reflexión sino de la doctrina de la que se hallan empapados; así que en todo discurso siempre, tarde o temprano, surge la disciplinada hemiplejía moral de aquel que reduce la realidad en ‘izquierda’ y ‘derecha’.

El movimiento 15/M es un buen ejemplo para mostrar que sus ‘miembros’ – y sus detractores – son militantes de la ideología y que su mensaje no es más que doctrina. Si reflexionan sobre su esencia descubrirán de inmediato que dicho movimiento no está compuesto de mentes individuales sino de creyentes que creen, valga la redundancia, en un mismo dogma en el que el ‘yo’ se transforma y se pierde en un ‘nosotros’: con una disciplina particular no dejan de ser un partido en manos de la ideología de la que se sirve el Estado político-económico. En este sentido, podemos decir que el totalitarismo actual domina la sociedad desde la misma sociedad, introduciéndose en ella.

Cuando hablo de partido no me refiero estrictamente al político sino que hablo de todo tipo de colectivos – sindicatos, agrupaciones culturales, asociaciones deportivas, entidades culturales, círculos de intelectuales, clubes económicos, etc – que representan una serie determinada de “nosotros” imperados por las ideologías que atrapan a la persona cual tela de araña cuya aradora es el Estado político-económico. Desde luego, el cuestionar toda esta ristra de cuerpos ideologizados que nutren el “sistema democrático” obliga a la persona a situarse en un margen distante, en la misma exclusión social, por lo que los medios del Estado político económico (la opinión pública, por ejemplo) o el mismo temor invitan a dejar de pensar sobre la duda.

El Estado político-económico emplea la ideología que en sí no es más que una imagen invertida de la realidad. Por tanto, es necesario volver a la realidad, abrirse y adecuarse a ella para aproximarse a la verdad. Benedicto XVI, verdadero adalid, nos recuerda que la sociedad actual “que atraviesa por momentos de incertidumbre y duda, necesita la luz de Cristo”. En este tiempo oscuro y sombrío en el que parece predominar la injusticia social y la indignación, ilustrada en la Puerta del Sol, la Iglesia es la única luz que ilumina en la defensa del hombre, de su dignidad y de su libertad. No es esta la hora de la pesadumbre sino de la misión, de ser luz para el mundo.

La vida social y política española no está exenta de tensión y dramatismo. Cinco millones de parados y un sinfín de familias sin ingresos económicos cuya única salida es acercarse a la puerta de Cáritas son razones suficientes para quienes reclaman no sólo la regeneración de la democracia, que consideran aprisionada por los partidos que la desempeñan, sino una nueva forma de pensar y vivir la política y la economía. Sin embargo se confunden quienes piensan que la esperanza se halla en la Puerta del Sol.   La esperanza pasa por construir la sociedad desde el humanismo cristiano, en el establecimiento de un orden justo en el que Cristo sea la cumbre de toda acción humana. Todo lo que no pase por esto es una batalla estéril que no conduce más que al derrumbamiento del hombre. La tribulación que afecta a millones de españoles desaparecerá en el momento en que predomine entre nosotros la vida ejemplar; la justicia social resplandecerá cuando se instaure la justicia moral, la única que puede paralizar la fuerza de la ideología.

Es evidente que no hay esperanza sin libertad personal. Es necesario por tanto que ésta, que entra en el ámbito de la moral, en cuanto que la libertad se consigna al bien o al mal, se destine al bien común y a Dios como su fin. Los hombres y mujeres de la Puerta del sol saben bien que el futuro sólo se construye con libertad; sin embargo ésta no es un fin en sí misma si no que es el medio que tiene el hombre para autodestinarse hacia aquello que quiere por encima de todo, el bien mayor. No obstante, el hombre actual no reconoce su bien último – su bien personal – porque se desconoce a sí mismo. Su libertad nunca vendrá de realidades contingentes de carácter ideológico, económico o cultural sino que se halla inscrita en su ontología. La nuestra es una sociedad en crisis porque desconoce que la esperanza se construye en la persona – en la humanidad – y no en la ideología. Al no conocernos a nosotros mismos, al no reconocer nuestro fin último trascendente, la esperanza se vuelve una quimera. Las ideologías son utopía y no esperanza porque en sí no son susceptibles de respuesta personal. La esperanza sólo es posible en el momento en el que el hombre se sabe criatura, que su esencia y acto de ser se destinan hacia el Ser en sí que es el fin y fuente de plenitud y quien dota de dignidad a la persona.

¿Queremos construir una sociedad mejor? Demos, pues, verdadero testimonio de Cristo en un mundo hondamente secularizado con cada una de nuestras acciones y en todos los ámbitos en los que nos movemos con el convencimiento de que no es en los ideales humanos sino en Cristo donde se traza la liberación y la esperanza. El humanismo cristiano ofrece una visión completa de la persona. Si el hombre se deja renovar por las realidades sagradas podrá fundar con solidez su existencia y, en consecuencia, hablar de un futuro iluminado por la Verdad última a la que el hombre se encamina con esperanza. Debemos ser conscientes de que formamos parte de una comunidad, la humana, que se asocia para llevar a término un mismo fin, el bien común.

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comentarios
  1. Sigfrid dice:

    Sucede todo lo que pronosticaba Ortega y Gasset. Y la sociedad batallando entre ella en esa pugna entre izquierdas y derechas.

  2. Cristina Bec dice:

    Interesante este escrito Joan… El asunto de Sánchez Gordillo es una de estas distracciones, ahora todo el mundo analiza el nivel cívico y democrático de nuestra sociedad (que es importante) pero se olvidan de ver que estamos en manos de personas que ni son cívicos ni demócratas sino que el dinero al que tanto aman se está cargando a millones de personas y familias en Europa.

  3. Saludos Sigfrid y Cristina, muchas gracias por vuestras aportaciones a este tema.

  4. Un ejemplo del daño de la manipulación de la ideología: Chávez acusa a Capriles de pertenecer a una organización fascista:

    http://www.el-nacional.com/noticia/46022/10/desenfreno-vulgar.html

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