El relativismo vacía de contenido los Derechos Humanos

Publicado: 1 agosto, 2012 en Derechos humanos

Margit Meissner, de 90 años y superviviente del holocausto, se pregunta cómo es posible que una persona mate a otra. Sin ser tan extremos debemos reflexionar porqué tratamos a la persona del otro a modo de medio o instrumento y no de fin. Nos preocupamos por la defensa de los Derechos Humanos y, sin embargo, no entendemos ni reconocemos, la mayoría de las veces, que la dignidad de la persona humana es incondicional. Nos conmueven las tragedias personales que causa la guerra, pero relativizamos los abortos que se cometen diariamente en los países supuestamente más civilizados o, defendemos la vida pero negamos su posibilidad de desarrollo en beneficio de espurios intereses.

Cada vez es más frecuente el discurso trivial sobre los valores, sin principio ni definición, en detrimento del discurso sobre los derechos humanos cuyo fundamento lógico y ontológico es la dignidad incondicional del ser humano. La cuestión no es baladí, se cometen constantes crímenes contra la humanidad y, al mismo tiempo, el carácter diplomático de la comunidad internacional muestra miedo y falta de entereza para hablar, sin titubeos, del bien y del mal. Esta negligencia es nuestro crimen y castigo al remplazar la virtud por el buenismo sentimental.

Si queremos que los derechos humanos no resulten vacíos, restando su sujetos a una determinada situación histórica o social, es necesario reconocer que su único fundamento y su carácter universal descansan en la dignidad absoluta de la persona, de la que gozan por igual todos los miembros de la especie humana, desde su fecundación hasta su muerte natural, sin objeción. Sólo así podrán y deberán ser reconocidos en todo tiempo y en todo lugar como una realidad cierta y universal que precede a cualquier Estado, Ley o voluntad. En cambio, cuando se interpreta la humanidad restando sujeta a consenso vaciamos los derechos humanos de contenido y fundamento.

Los inconvenientes a las que hoy se enfrenta el hombre – la hambruna en el mundo, la crisis de los derechos socio-políticos, las dificultades económicas, etc. – requieren para su verdadera solución el reconocimiento del fundamento de los derechos humanos que es la incondicional dignidad humana sin distinción alguna – la distinción es causante, siempre, de injusticias y conflictos – para garantizar su valor contra toda forma de arbitrio y menoscabo. Sólo así y desde este punto de partida puede construirse una sociedad universal justa y, sobre todo, caritativa. Virtud, ésta última necesaria para la obtención del bien común a partir de la promoción de la vida humana y de su pleno desarrollo en libertad.

Fotografía: Bangladesh.

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comentarios
  1. Sigfrid dice:

    Muy buena entrada, Joan. Y excelente argumento, ojalá todos lo tuviésemos realmente así de claro. Hemos de esforzarnos para que sea así. Desde la justicia y la caridad como bien dices.

  2. Cristina dice:

    Si me lo permites me gustaría explicar algo que me ha ocurrido hoy y que guarda cierta relación con lo que planteas en tu post de hoy.
    Hoy he mantenido en FB un intercambio de mensajes con una persona “antitaurina” en un post relacionado precisamente con su tema… En la imagen que coronaba el post pertenecía a un torero de origen mexicano en pleno ejercicio de sus funciones y texto que supuestamente hacía referencia a unas palabras del propio personaje curiosamente en contra de todo lo taurino. Dejando a parte los gustos o disgustos que este tema puedan despertar en la gente la cuestión es la siguiente. Este torero en cuestión sufrió una aparatosa cornada en una de sus actuaciones, hace muchos años que lo dejó prácticamente parálitico. Despues de pasar por muchos hospitales españoles acabo recalando en un hospital estadounidense en el que acabó el proceso de su recuperación. Yo conozco esta historia porque en su día me llamó ´la atención y la investigué un poco, como siempre que algo me llama la atención. Esta persona estando ingresada como digo en aquel hospital recibió durante mucho tiempo amenazas de muerte por parte de colectivos anti-taurinos hasta el punto de que acabaron por minar su entereza y eso unido al trauma vivido con el tema de su accidente le hicieron acabar optando por declarar públicamente su aversión por su profesión y su reniego de ella.
    Bien, el caso es que esta persona con la que he intercambiado los mensajes manifestaba como único argumento que ojalá muchos toreros como éste fueran cogidos y a poder ser matados por los toros ya que ellos eran unos asesinos sin piedad ni perdón y que de no ser así ojala alguien se los cargara. A lo que yo le he preguntado si le parecía muy normal defender la vida de un animal cualquiera y en cambio desear la peor de las muertes a seres humanos como ella misma lo era por el simple hecho de dedicarse a algo que a ella no le gustaba. No voy a reproducir sus respuestas porque son demasiado fuertes y groseras pero en pocas palabras me vino a decir que esta gente se merecía eso y más.
    Mi reflexión es la siguiente: Dejando a parte como digo, el gusto o el disgusto que este tema en concreto pueda producirnos… Qué podemos esperar de seres humanos que se desgañitan deseando la muerte fríamente a sus congeneres por el simple hecho de no estar de acuerdo con lo que hacen o como se ganan la vida y sí en cambio se desviven por salvar la vida de todos los animales del mundo?
    Ojo! No tengo nada en contra de los animales pero sí me llama la atención y hasta podría decir que me duele ver que hay gente tan deshumanizada como para desear la muerte de otros seres humanos antes de la de un animal cualquiera, cuando precisamente lo que acto seguido harán será sentarse a la mesa a comerse un buen plato de pollo al horno, por decir algo.
    Si el ser humano no es capaz de cuidar, velar o respetar a sus congeneres aunque no estén de acuerdo con lo que hacen qué futuro nos queda?
    A mi personalmente me horroriza pensar que vivo en un mundo en el que mi vecino de al lado pueda intentar matarme por cosas tan vanales como que me guste comerme un buen filete o que me guste escuchar un tipo de música u otro o que me dedique a aplastar hormigas con el pulgar, por poner ejemplos muy estúpidos, cuando a ellos esas cosas no les gusta…
    Tal vez el ejemplo no sea el más acertado pero creo que se entenderá la conclusión a la que quiero llegar. Muchas gracias.

  3. Saludos Cristina. En el extenso pero interesante comentario hay dos puntos fundamentales que no sólo invitan a la reflexión sino que la exigen muy detenidamente pues muestra la realidad del comportamiento humano (un comportamiento que se manifiesta en multitud de casos del mismo modo al margen del contexto que presentas).

    1) “Qué podemos esperar de seres humanos que se desgañitan deseando la muerte fríamente a sus congeneres por el simple hecho de no estar de acuerdo con lo que hacen o como se ganan la vida y sí en cambio se desviven por salvar la vida de todos los animales del mundo?”.

    2) “Si el ser humano no es capaz de cuidar, velar o respetar a sus congeneres aunque no estén de acuerdo con lo que hacen qué futuro nos queda?”.

    Gracias por comentar.

  4. Saludos Sigfrid. La esperanza nunca debe faltar. Muchas gracias por comentar.

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