Los cristianos deben participar en la construcción del mundo

Publicado: 20 julio, 2012 en Religión, Símbolos

La imagen del crucifijo en el cuello de Nathan Jawai invita a la reflexión.  Desconozco si el nuevo flamante fichaje del Barcelona lo porta por fe o por mera estética. Más allá de cual sea la verdadera razón la visión de la cruz acomodada sobre su pecho transporta de inmediato, en mi caso, al evangelio de San Mateo: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11, 28-30). El crucifijo puede llevarse por simple cuestión estética; sin embargo, su verdadero alcance testimonía la Buena Nueva, que el reino de Dios está presente en medio del mundo.

Nos hallamos en un momento convulso y problemático, algunos incluso dirán que apocalíptico, pues a la crisis económica se añade otra mayor de carácter moral. No obstante, si somos capaces de trascender más allá de las coordenadas espacio-tiempo y descubrir, con visión sobrenatural, el verdadero alcance de nuestra existencia, nuestro porqué, nos hallaremos en disposición de encontrar su sentido y su fin. Cierto, la realidad contingente nos aplasta, a algunos más que a otros; sin embargo olvidamos, porque tenemos una visión pegada a la tierra, el camino recorrido por Cristo, quien nos solicita con los brazos abiertos: “venid a mi todos”, mostrándonos el sentido y el fin al que tendemos por nuestra naturaleza ontológica como plenitud.

Las condiciones de vida no son favorables para la inmensa mayoría. Resultas de ello es difícil pensar en la felicidad o en la salvación cuando ya es suficiente con sobrevivir otro día más. No obstante, si gozamos de vida interior descubriremos porqué el yugo de Cristo no es pesado sino suave, porqué en lugar de undirnos y doblegarnos las rodillas nos confiere alas. El yugo de Cristo no es una carga sino la vocación al amor; la auténtica receta para la injusticia, la tiranía y la miseria que padece la humanidad. Sí, creemos o creíamos que el néctar y la ambrosía era el bienestar material, pero el verdadero manantial que ofrece una fruición inagotable es el amor de Dios. Por esta razón, la imagen de la cruz en el cuello de Jawai recuerda que el amor de Cristo es la reciedumbre de la verdad y del bien contra todo atropello a la dignidad del ser humano y la seguridad para alcanzar el bien común indispensable para una sociedad que avanza hacia su dicha.

Ante la funesta situación actual es importante llevar el suave yugo de Cristo para no olvidar que en este mundo opera el reino de Dios, la historia de la salvación del hombre. No es baladí el crucifijo en el cuello sino que es el recordatorio cierto de que el Señor es el mayor ejemplo para el hombre de quién es el hombre, el buen pastor que da la propia vida por sus amadas ovejas (Jn 10, 11). Nosotros, los cristianos, debemos ser testimonios vivenciales de este amor, pues el mundo tiene más necesidad de testigos que de falsos maestros que pretender sentar cátedra cuando no son más que oscuridad ante la verdadera luz, que es faro para la existencia del hombre, que no reside en sobrevivir aquí y ahora sino en vivir plenamente para ser verdaderamente feliz (San Josemaría, “Camino”, punto 297).

La receta a nuestra pesadumbre actual es la Iglesia, que no es una institución añeja, aunque la contemplen dos mil años de historia sino una realidad viva que avanza hacia la Jerusalén celestial con el firme propósito de establecer la unidad de todo el pueblo de Dios en esta nuestra sociedad, esta nueva Roma pagana, que se martiriza así misma en la más lobrega oscuridad. El crucifijo de Jawai en el cuello debe recordarnos que el Señor libra al justo de todas las angustias. Sería un clamoroso error y una desidia en nuestra vocación al amor no participar en la construcción del mundo, abandonando su devenir al margen de la voluntad de Dios ofrciéndole al mal rienda suelta.

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comentarios
  1. gold price dice:

    La iglesia debe estar centrada en formar discípulos del Señor Jesucristo, Dios lo dejo establecido en su palabra y es muy importante que entendamos que para ser salvos el único método celestial es el discipulado. En esta predicación Dios nos llevo a examinarnos que tan cerca estamos para ser aprobados delante de él como verdaderos y auténticos discípulos de Jesucristo que demuestran con el diario vivir que Cristo lo vale todo. Si Jesucristo es nuestro tesoro debemos nosotros pagar el precio de lo que significa poseerlo esto es vender todo lo mas valioso para mi para tenerlo a él. Muchas veces no queremos dejar cosas que nos hacen no apreciar lo que Cristo vale. Puede que mi familia, un amigo, mi carácter sean aquellas posesiones que no estoy dispuesto a dejar y Dios nos confronto con él único fin de que nos transformemos en sus discípulos y no sus seguidores. Dios nos dio a conocer que podemos estar como el joven rico cumpliendo con sus mandamientos pero al momento de él pedirnos algo que afecte nuestros intereses personales no queremos despojarnos de eso, lo que se conoce como una adicción y pasa a ser un dios gobernante. Gracias Señor Jesucristo por esta oportunidad que nos das en forma personal y como iglesia para atarnos a tu yugo y a tu señorío y ser de aquellos que están dispuestos a comprar el campo, pagar el precio del Discipulado para heredar la vida eterna.

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