Teresa Forcades: “No se puede hablar de cristianismo sin amor”

Publicado: 16 julio, 2012 en Religión

El libro “Converses amb Teresa Forcades” (Conversaciones con Teresa Forcades) es una selección de entrevistas de una de las monjas más mediáticas de nuestro país realizadas por la periodista Eulália Tort. Sin embargo, no quiero hablar del libro sino de una reflexión realizada en la televisión de Cataluña. La monja benedictina afirma, con razón, que no se puede hablar de cristianismo sin amor. Es evidente lo que dice sor Forcades y no es menos cierto que muchos cristianos hemos convertido nuestra fe en una simple estética muy alejada de la auténtica realidad de la vida cristiana, que no es otra que la vocación al amor.      

No debe olvidarse, si queremos alcanzar la vida buena y mejor, que la religión no es una mera teoría ni una suma de prácticas sino que supone, en esencia, un religare; es decir, la religión implica una relación interpersonal con Dios, a Quien debemos ligarnos reconociéndole como aquella realidad absoluta de la que depende totalmente nuestro ser. De este modo, el cristianismo es una relación ontológica de total dependencia del hombre con Dios, quien mediante un acto amoroso nos crea a su imagen. Así, el cristianismo no es una filosofía sino un verdadero modo de vida, una vocación al amor y a la Verdad. Una vocación al amor en la que el cristiano se compromete primero con Dios y en segundo lugar con la entera humanidad con la disposición de servir a ésta las necesidades espirituales y materiales necesarias para vivir el reino de Dios.

El amor y la verdad “son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano. Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad, y nos desvela plenamente la iniciativa de amor y el proyecto de vida verdadera que Dios ha preparado para nosotros” (Carta Encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI). Esta vocación, repito, no es un ideal, no es una mera teoría, sino que es una realidad realizable que cuenta con un modelo único e inmejorable, Jesucristo, Quien enseña al hombre quién es el hombre y cómo debe obrar, convirtiéndose cada uno de nosotros en un sujeto de caridad llamado a convertirnos en auténticos instrumentos de la gracia para difundir la caridad por el mundo en el seno de la Iglesia en la que se realiza la historia de la salvación del hombre.

Para dar verdadero cumplimiento a la vocación al amor es indispensable la promoción de todos los hombres y el reconocimiento del derecho ontológico que les asiste de alcanzar su plenitud mediante el desarrollo de su proyecto existencial. Para ello es indispensable reconocer la vida como el fundamento de todos los demás derechos. La vida de una persona posee una dignidad incondicional, decía en una entrada anterior, porque es un absoluto relativo que halla su fundamento en la existencia de un absoluto radical, Dios. De este modo, es necesario reconocer la ilimitada dignidad de la vida de la persona todavía no nacida para poder atender, a posteriori, todas sus necesidades reales indispensables para vivir el reino de Dios y alcanzar la comunión con Cristo.

La vocación al amor es intrínseca al hombre y su dignidad es sagrada, categórica, y así lo recoge el Evangelio, pues Cristo enseña al hombre al propio hombre mostrándole que su grandeza es real en todos los sentidos, pues ella misma es imagen de Dios y objeto de su amor. Así, del mismo modo que Dios crea al hombre por amor y por amor le otorga el inestimable privilegio de ser coautor de la Creación; el hombre sólo puede ser verdaderamente feliz religándose a Dios mediante el ejercicio del amor, eje y centro de su existencia, en vistas al bien común de la humanidad que es la salvación en Cristo.

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comentarios
  1. Cristina Bec dice:

    Tienes toda la razón… el cristianismo es amor. Sino se vive la caridad no se puede ser un auténtico cristiano modelo de Cristo

  2. Saludos Cristina. La virtud de la caridad es fundamental en toda persona creyente. Gracias por comentar.

  3. Iván dice:

    Pero sí se puede hablar de amor sin recurrir al cristianismo.
    Y no se puede hablar de cristianismo sin hablar de obediencia, fe, dogmas, autoritarismo, pecado, maldad, infierno-

  4. Saludos Iván. Difícilmente se puede hablar de verdadero amor… con exclusividad y a perpertuidad… sin rebajar a objeto a la persona del otro si no se considera a la persona una realidad absoluta. ¿Y qué razón hace que el hombre deba ser tratada como un fin en sí misma con una dignidad incondicional? La historia es un buen ejemplo de ello… El único fundamento de la dignidad incondicional del hombre, que es un absoluto relativo es la existencia de una realidad, que es un absoluto radical, que la fundamenta.

    Hablar de amor, sí puedes hablar de amor… pero amar incondicionalmente y sin reservas… hay que salir del ‘yo’ y eso, amigo Iván sólo es posible observando lo anterior.

    ¿Autoritarismo para hablar del cristianismo? Quizá confundes obediencia con ser lo que debes ser según tu naturaleza ontológica, que no es otra cosa que hacer buen uso de tu libertad y de tu razón. ¿Autoritarismo? Dios te ha creado a su imagen para participar junto a Él como copartícipe de la creación. No es Él sino tu (te recomiendo la lecrtura de El hombre rebelde de Albert Camus) quien por soberbia deja de hacer lo que debe hacer según su estatuto ontológico o, en palabras de Ortega y Gasset: deja de hacer inexorablemente lo que tienes que hacer dejando de vivir.

    No obstante, obras son amores y no buenas razones.

    Muchas gracias por comentar.

  5. Saludos Iván.
    “Tal parece que no buscas el Reino de Dios sino la acción política y judicial”. Totalmente incierto. Si usted mide la esencia de mis palabras éstas indican que el Reino de Dios como corresponde en realidad ya se obra en este mundo, el de la historia de la salvación del hombre. No pretendo aplicar la doctrina de la Iglesia en el ámbito político sino recordar la moral natural sujeta al estatuto ontológico de cada persona. No busco la penalización del aborto sino el reconocimiento del crimen que supone. No pretende hacer comparaciones entre la mujer que aborta y el terrorista que asesina por una idea. No juzgo qué les lleva a cometer ese crimen sino el crimen que cometen. No juzgo su persona sino su acto. Lo lamentable sería excusar un crimen… los judíos, por ser subhumanos; los nonatos, por no ser humanos dependientes, etc.

    Ciertamente. Coincidimos. No hay que penalizar el aborto sino prevenirlo. Ciertamente no habría que penalizar el terrorismo, sino prevenirlo… por eso recuerdo la moralidad presente en nuestros actos y en nuestros fines, pues de ellos depende la consecución de nuestra plenitud y del bien común social.

    Muchas gracias por su comentario.

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