Si dices la verdad te llamarán rancio

Publicado: 30 junio, 2012 en Pensamiento

Hay gente “con una venda en los ojos que no quiere ver ni reconocer la realidad” dicen desde el lobby gay. Esta especie de turba tiene ojos y oídos pero poco más; sobre todo, carece infinitamente de juicio y adolece de poca memoria. El fin nunca justifica los medios ni la moralidad de los actos los mide la coyuntura como pretenden. Estas personas, ahora denominadas LGTB, son cansinamente especialistas en no argumentar sino que hacen simples aseveraciones con axiomas indemostrables e inciertos demostrando su universo mental e ideológico.  En su sesera no sólo no hay un solo concepto correcto, sino que no hay un concepto claro y definido de lo que es el ser humano.

Una obligación moral que se tiene es no ser imbécil para no dejar de ser lo que se debe ser mediante una muy determinada forma de vida según nuestro estatuto ontológico, porque quien vive toda su vida sin conocerse a sí mismo no sólo pierde su destino de vista sino que se instala de modo permanente en el desatino. En otras palabras, podemos ignorar la moral, pero no podemos ignorar las consecuencias de ignorarla, aunque la mayor de las veces es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas, de manera que algunos hasta tal punto se refugian en la oscuridad que consideran confuso todo aquello que es luminoso olvidándose que “las virtudes del hombre están en que cada cual llegue a ser lo que ya era en germinación” (Ortega Y Gasset, La misión de la Universidad).

Así pues, es necesario salir de esta oscuridad y dejar de hablar con la desvergüenza que procura la bruta ignorancia o la interesada y errónea ideología, pues “es una aberración pretenderse diferente de lo que se es, adoptar todas las condiciones salvo la propia” (Cioran, Del inconveniente de haber nacido). La verdad de la realidad no es una prostituta que se lanza al cuello de los que no la desean sino que se extiende a todo el tiempo, aunque pueda ser desconocida o quedar oculta. La moral, del mismo modo, da cuenta de los actos humanos al margen de la coyuntura y de la opinión. Llaman rancio y anticuado al guardián de la ética considerando con torpeza lo nuevo por nuevo mejor – tampoco lo antiguo, por antiguo es bueno –. El matrimonio, la unión con exclusividad y perpetuidad del varón y la mujer abierta a la generación de la vida resultas de su amor, que es la donación del ser sin límite, no sólo es un valor cristiano – motivo por el cual es odiado – sino que es un valor originario de la creación. Así pues, no sólo es una verdad para los cristianos sino para la entera humanidad.

Un requisito intrínseco que se desprende de la ley natural es no sólo no hacer el mal, sino hacer todo el bien que se pueda, por ello los medios deben adecuarse al bien del mismo modo que el fin que se persigue en cualquier situación de la vida para adquirir la virtud necesaria para afrontar las cuestiones más enmarañadas con el éxito suficiente para ser lo que se debe ser, que no es una tarea baladí pues en ello está en juego la propia existencia y plenitud.

La moral no puede permanecer presa de la ideología que relativiza su alcance hasta extremos insospechados ninguneando su universalidad y objetividad. De este modo uno se entrega, con error, a cualquier regla de conducta, ahora llamada ética de mínimos. Hoy se piensa que la democracia es un fin sino un ordenamiento cuyo carácter moral depende de la conformidad con la ley moral a la que todo comportamiento humano debe vincularse. Por tanto, la moral no depende del consenso sino de la moralidad de los fines que se persiguen y de los medios de los que uno se sirve para ello teniéndose siempre el bien común presente como finalidad reguladora de la vida.

La verdad y la moral son siempre una en todo tiempo y lugar, por lo que la llamada moral tradicional sólo es un falso nominalismo carente de significado que emplea determinada ideología para su interés. En la praxis, hay que buscar en cada momento el comportamiento razonablemente mejor que es lo único válido moralmente y que, en consecuencia y lo más importante, apunta hacia una meta que es aquella en la que el hombre alcanza la plenitud de su proyecto existencial acorde a su estatuto ontológico; al contrario, el hombre permanece en la zozobra, aunque no sea un “rancio”.

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comentarios
  1. Mauricio dice:

    “Un requisito intrínseco que se desprende de la ley natural es no sólo no hacer el mal, sino hacer todo el bien que se pueda.” Indiscutible y excelente precepto, pero Joan, cada quien entiende el bien a su manera, lo que para uno es bueno otro lo ve como malo. Como dice el refrán, cada quien jala agua para su molino, y todo lo que constituye ese molino según él o ella es bueno, así lo ve con su honestidad, no lo dudes. Pero no puede ser de otra manera, miralo desde una perspectiva escolar, nadie nace aprendido y en hacerlo unos tardan más que otros, nunca llegamos a entender lo sagrado al mismo tiempo, si así fuera viviríamos por lo menos en una paz sacrosanta.

    Saludos Joan

  2. jordi dice:

    Muy acertado Joan. Blanco y en botella, leche. Un abrazo desde Barcelona!

  3. Ciertamente Mauricio, nadie nace enseñado, pero partimos de la ley natural inscrita en nuestra conciencia y del precepto de que siempre hay que hacer el bien mayor. Muchas gracias por el comentario.

  4. Saludos Jordi, muchas gracias por comentar. Un fuerte abrazo.

  5. Cayetano Ripoll dice:

    Joan, la moral esta fijada por las normas, leyes y costumbres de la sociedad (Ferrater Mora) por lo tanto es variable y se ajusta a su época de modo que hoy no consideramos licito lapidar blasfemos o ajusticiar herejes, conductas aceptables en otras épocas, pero si aceptamos como licitas las relaciones homosexuales de las que además consideramos (aprox. 62% de la población) que pueden ser refrendadas por la institución civil que conocemos como matrimonio; institución anterior, por cierto, a la existencia la Iglesia Católica y creado con la forma de un contrato que tenia el fin explicito de ejecutar la herencia a nombre de los herederos reconocidos por la ley en los términos del contrato de matrimonio a que se acogieran los contrayentes.

    Por cierto, Jordi, blanco y en botella también puede ser horchata.

  6. Saludos Cayetano, eso que usted dice es la ética no la moral. La moral es objetiva y no subjetiva y, en consecuencia, nunca consensual. Lleva razón, se actúa inmoralmente cuando se acepta el asesinato, como es el caso del aborto. La encuesta de la que procede el escrutinio que usted presenta, en este caso del 62% favorable al aborto, fue realizada ni más ni menos que en la puerta de centros sanitarios donde se realizan abortos y las personas encuestadas salían de abortar con lo que no representan a la población en general.

  7. Cayetano Ripoll dice:

    Su clasificación entre Ética y Moral es discutible pero no tengo interés especial en discutirlo, para mi es suficiente y esclarecedor que la mayoría de la sociedad esté de acuerdo y conste que he empleado datos conservadores referidos a una encuesta del CIS antigua http://www.cis.es/cis/opencms/-Archivos/Marginales/2740_2759/2752/e275200.html en la que se preguntaba si estaban en contra de la postura de la Iglesia este asunto. Si acudimos a datos modernos http://www.injuve.es/observatorio/demografia-e-informacion-general/percepcion-generacional-valores-y-actitudes-calidad-de-vida-y-felicidad el resultado es que un 78% de los jóvenes está a favor y esté es un dato mucho más contundente.

  8. silver price dice:

    La Iglesia Católica es un poder muy importante en Europa y también en América. No podemos despreciar su poder ni su influencia entre las grandes masas sociales. No podemos ignorar el predominio de la conciencia cristiana entre la mayoría de la población. No podemos cerrar los ojos ante lo que existe y manda. No resolvemos nada declarando que la creencia en Dios no es científica, que la gente está engañada y que ese estado de cosas hay que superarlo. Pues lo cierto es que no está superado, y que de momento y durante muchos decenios y quizás siglos será muy importante para la vida diaria de la gente. La creencia en Dios es un consuelo ante un mundo donde el mal hace estragos. Es un consuelo socialmente necesario. Y la cuestión no está en acabar con la creencia religiosa, sino con aquello que la origina: los infinitos males del mundo. Los marxistas no quieren acabar con la religión, sino con el mundo que necesita de la religión.

  9. gold account dice:

    Sospechamos que los que impugnan la moral conyugal católica, en el fondo, tienen una muy baja idea de la condición laical, pues no ven el sacramento del matrimonio como un camino real a la santidad, por mucho que en ello insistiera el Vaticano II (GS 48). De hecho, no estiman verdadera sino aquella moral conyugal que pueda ser vivida por la mayoría de los matrimonios -también por la muchedumbre de matrimonios habitualmente alejados de la Palabra divina, de los sacramentos y de la comunidad eclesial-. Es decir, no creen que deba orientarse a los cónyuges cristianos a la heroicidad de la perfección evangélica.

  10. Carmen dice:

    A muchos les duele aceptar la verdad… y les duele tanto que intentan aniquilarla.

  11. Saludos Carmen. Suele pasar, sí. Gracias por su comentario.

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