‘El País’ conduce la cuestión del aborto al terreno ideológico porque la ciencia no le da la razón

Publicado: 9 junio, 2012 en Aborto

La marea conservadora avanza contra el aborto”. Así se expresan María R. Sahuquillo y David Alandete en ‘El País’, que añaden que “los grupos que se oponen abiertamente a este derecho ganan terreno en Europa y Estados Unidos”. No obstante, entre tanto despropósito, lo interesante del pérfido artículo es el contexto en el que sitúa la cuestión del aborto: “más organizados y más profesionales, los autodenominados ‘provida’ reactivan esta batalla ideológica en Europa y EEUU”. ¿Por qué estos señores consideran que los defensores de la vida y los favorables al aborto llevan una batalla ideológica? Por la sencilla razón de que la ciencia y la moral – no introduciré planteamientos filosóficos – contradicen todos los postulados que sostienen los abortistas.

Así, el único modo de justificar lo injustificable, de que se acepte lo más aberrante, es situar el debate en el terreno de la ideología y de la mera opinión, donde las personas hacen con la verdad arbitrariamente lo que les viene en gana, de manera que cualquier realidad, por absoluta que sea, es transmutada por ellas en cualquier otra, hasta el extremo de convertir la verdad en una burda mentira. Así, a quienes sostienen, por sentido común, que la persona humana es el fundamento del derecho y que la vida es el antes lógico y ontológico para la existencia y especificación de todos los derechos, se les tilda de “ultraderechistas” cuando no se sorprenden de que pueda haber demócratas contrarios al asesinato de seres humanos no nacidos.

Los redactores del artículo hacen gala de un surrealismo macabro que, desgraciadamente, cala en el eunuco mental que obedece a la dictadura de la opinión común. Esto y no las tonterías que escriben estos articulistas es lo que hace hervir la sangre: esa arrogante impunidad de la que goza la opinión. Que el origen de la vida comienza con la fertilización del óvulo es una evidencia científica incuestionable, pues no existe ningún organismo viviente de orden antropológico y ontológico del ser humano previo a la misma humanidad: “no hay personas potenciales; las personas tienen potencias o capacidades. Las personas pueden desarrollarse, pero ninguna cosa se transforma en una persona. Alguien no llega a ser tal por vía de procedencia a partir de algo […]. La persona no es el resultado de un cambio, sino de una generación” (R. Spaemann, “Persona y derecho”). Sin embargo, si el comienzo de la vida no se sitúa en la fecundación ya no existe referencia alguna para concretar en qué momento se produce. Esta es la manipulación de los abortistas que, mediante las artimañas de Goebbels, mantienen que “sobre el aborto no hay consenso científico” (José Luis Rodríguez Zapatero, ’Tengo una pregunta para usted’, 2009).

 

La verdad no puede ser objeto de manipulación, pues es una necesidad constitutiva del hombre. El derecho a la vida no puede estar sujeto a ideología alguna. El valor de la persona precede a cualquier consideración sobre la misma, como es el caso de la conciencia. No hay autoconciencia si previamente no hay persona humana, y no hay persona humana si antes no se ha concebido. Si se desea establecer un momento concreto en el que empieza la persona humana no puede ser otro que la fecundación. Escoger cualquier otro no es más que un signo de arbitrariedad. No se puede separar embrión y persona humana como si hablásemos de dos especies distintas, pues el embrión es persona humana. Nadie es niño humano sin antes ser un feto humano. Desde esta premisa, el derecho a la vida es el derecho primero y fundamental que emana de la consideración del embrión como individuo humano y de éste parten todos los derechos restantes. La vida de todo individuo humano es, por sí misma, inviolable, por lo que el aborto no tiene justificación alguna – pensemos que en España el 97% de los abortos se practican por supuesto riesgo mental de la madre –. Por encima del valor y de la utilidad de la vida humana está la dignidad, la persona no es un medio, si no un fin en sí misma, es querida por sí misma, por lo que debe ser reconocida y respetada con total incondicionalidad. “si no respetásemos la dignidad humana antes de que el ser humano fuera capaz de exigirlo, ningún hombre podría reclamarla jamás” (Spaeman, “La inviolabilidad de la vida humana”).

No obstante, con la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de interrupción voluntaria de la vida del nasciturus el ser humano no nacido es interpretado como un ser carente de toda subjetividad propia (alieni iuris), de manera que el aborto es un ‘derecho’ hasta la semana 14 y después un delito tipificado en el Código Penal. Es decir, como en la Alemania de Adolf Hitler, defendemos que hay vida indigna de ser vivida (Lebensunwertes Leben).

La vida sin verdad no es visible.

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comentarios
  1. Jaume dice:

    Hola Joan. Muy buena entrada, La legitimación de la muerte de un ser inocente atenta contra los fundamentos mismos de la sociedad. No todo es democracia, el valor de una democracia se mide en función de los valores que es capaz de encarnar, si niega el derecho a la vida podemos estar seguros de que no estamos ante una verdadera democracia.

  2. Laia Gómez dice:

    Algunas personas están hiendo muy lejos con esto del derecho al aborto. Muchos no se dan cuenta pero pronto pagaremos las consecuencias de tanto disparate. Una sociedad que no defiende la vida corre el riesgo de caer en la más funesta oscuridad.

  3. Saludos Jaume, muchas gracias por comentar. Lo que expresas es una verdad generalmente ignorada.

  4. Saludos Laia. Muchas gracias por comentar. Sin duda el respeto a la vida es un barómetro de la sociedad que vivimos.

  5. Sigfrid dice:

    A la mujer hay que protegerla siempre, pero en la cuestión del aborto lo que está en juego no es la mujer sino la vida, la vida de un ser humano por nacer.

  6. Mauricio dice:

    Saludos Joan

    Entiendo tu indignación y la de muchos, las diferentes ciencias humanas y la razón no deben separarse, si una quiere caminar sin la otra simplemente cojeará.

    Por eso a las ciencias no les conviene poner la moral a un lado ni la moral hacer lo mismo con las ciencias, lo que sí debe hacer es aprender a ponerlas en el lugar que éstas les corresponde.

  7. Saludos Sigfrid. Interesante apreciación que da en el eje del asunto. Gracias por comentar.

  8. Saludos Mauricio. Cierto, ninguna actividad humana, tampoco la ciencia, debe correr al margen de la ética moral, de lo contrario sabemos qué acontece. Muchas gracias por comentar.

  9. Pili dice:

    No hay nada que discutir: el aborto es el acto de matar al nonato, la negación del derecho a la vida. Y esto no se puede negar.

  10. Cristina Bec dice:

    Se dice que un feto, que un embrión, que el nonato es simple vida, pero la misma vida humana, en general, es una idea abstracta; una vida humana concreta no es, no puede ser en la realidad, otra cosa que un ser humano. El aborto no es otra realidad que el asesinato de ese ser humano.

  11. Has puesto el dedo en una de las llagas: lo llevan al campo ideológico porque la ciencia no les da la razón. Pero ojo, hace ya tiempo que la izquierda se ha separado de la Naturaleza y, por tanto, de la ciencia: su empeño es un modelo ideológico, y se apoyarán en la ciencia cuando les convenga, instrumentalmente, y cuando no, la desecharán como “biologismo” y pondrán como valor supremo la libertad entendida como voluntarismo: su lema es “la libertad nos hará verdaderos”; la auténtica antítesis del fundamento que ha sostenido hasta ahora nuestra civilización: “La Verdad os hará libres”.
    Es decir, en mi opinión, junto con los argumentos científicos, que siempre irán a nuestro favor, hay que dar la batalla ideológica y cultural, porque esos argumentos calan mucho.

  12. Saludos Cambiaelmundo. Suscribo cuanto dice en el comentario. La errónea libertad que se conceden, una falsa libertad entendida en sí misma como fin y no como medio, les conduce a interpretar, mediante la ideología, la naturaleza misma del ser humana con el fin de separarla de su fundamento. Ciertamente, del mismo modo que el darwinismo, inventan una teoría cada vez que requieren una justificación. Gracias por comentar.

  13. Yoana dice:

    Sólo desde la ideología puede defenderse el aborto.

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