Ricky Gervais: “¿Por qué no creer en Dios?”

Publicado: 8 junio, 2012 en Pensamiento

¿Por qué no creo en Dios? Porque no hay absolutamente ninguna evidencia científica de su existencia. ¿Por qué creer en Dios?”. Así se expresaba el polifacético Ricky Gervais en un artículo publicado por The Wall Street Journal hace un par de años. Ante la religión, que es la veneración de lo divino, del Dios que se revela en el mundo por Él creado, caben tres posturas básicas: la del ateo, la del agnóstico y la del creyente. Así, “Dios no existe”, “no hay evidencias de su existencia” y “Dios existe” son las primeras conclusiones al respecto. Los tres, para apoyar su posición, sin recurrir forzosamente a un argumento ad verecundiam, acuden a las distintas disciplinas del saber humano. El ateo, tan convencido como el creyente, otorga a la ciencia el papel de juez en el asunto porque ella, y en esto no se confunde, busca la verdad. No obstante, la ciencia sabe lo que sabe por lo que alcanza con su método que, lamentablemente, no abarca el conocimiento de toda la realidad. De modo que se hace doctrina filosófica, de bajo perfil, haciéndole decir a la ciencia lo que no dice ni puede.

El creyente, por su parte, manifiesta que Dios existe, aunque no conoce ni conocerá en esta vida la esencia de Dios. Sin embargo la filosofía finalista en la que se apoya – incluida la metafísica y la teología – encuentra apoyo en la ciencia. Por un lado, confirma que el cosmos está ordenado debidamente a un sistema universal que no sólo existe sino que impulsa; por otro, ante la evidente existencia se deben admitir las condiciones que la posibilitan, de modo que la existencia y el ser de las realidades remite a su creador como su fundamento necesario y explicación radical. No obstante, es preciso señalar que la ciencia siempre es una exposición del mundo y del hombre y no una explicación, mucho menos última – responde al cómo pero no al porqué –.

La pregunta “¿Existe Dios?” no puede ni podrá ser nunca respuesta por el método científico. Intelectualmente nos encontramos ante una cuestión filosófica que ocupa a la metafísica y a la filosofía de la religión. Esta circunstancia no tiene que ser un inconveniente, sino que puede y debe ser aceptada por el ateo y el agnóstico, pues la creencia en Dios está racionalmente fundada, con el mismo rigor académico con el que se presenta a la ciencia. La negación de la racionalidad de las disciplinas sapienciales que se ocupan de la religión se debe, simplemente, a un prejuicio, pues la idea de absurdo no se halla en la realidad sino en la visión que tiene la persona misma de ella. No obstante, la religión es un objeto de estudio muy particular, pues es la relación que se establece entre dos realidades personales: el Ser en sí – Dios – y el hombre. Por tanto, al ser una realidad viva, una comunicación real, su estudio, por mucho que se quiera, no puede situarse permanentemente en un estado abstracto, pues se corre el peligro – y la experiencia lo demuestra – de separar demasiado el Dios de la de fe y el Dios de la filosofía arrebatándose la esencia de la religión misma, que es su objetividad.

El análisis filosófico de la religión tiene presente, por intrínseca necesidad, la noción de creencia, que no es estrictamente religiosa. En nuestro quehacer diario se encuentran numerosos actos de fe. Gran parte del conocimiento humano procede, indudablemente, del testimonio de otra persona: creemos que Brunelleschi es el autor de la majestuosa cúpula de la catedral de Florencia; que el ADN contiene la información genética, y que mañana lloverá por el pronóstico de los informativos. La creencia tiene una base racional, siempre hay un motivo por el que la razón asiente, aunque, a posteriori, existan casos equivocados. Pero, de partida se cree porque se acepta el testimonio o la evidencia que se presenta, en especial si ese alguien posee una determinada autoridad – es suficiente con prestar atención a la sección de economía de los distintos rotativos para darse cuenta de ello –.

La religión se fundamenta en la creencia en Dios, del que no se tiene evidencia ni científica ni de ningún otro tipo. Sin embargo, a diferencia de cualquier otro acto de fe, el objeto de la religión es una entidad personal – diferente, única y superior – de la que se reconoce total dependencia y, consecuentemente, es objeto del amor del hombre que recibe de Él la existencia. En el caso del cristianismo, se añade el testimonio de la revelación y la encarnación de Jesucristo, quien funda la Iglesia, que es el signo visible de la religiosidad y el espacio consagrado en el que se custodia y se desarrolla la fe mediante la doctrina fundada e inspirada en esa revelación.

Como el objeto de la creencia es una realidad viva esta es causada, antes, por una experiencia religiosa: Dios interpela al hombre y éste afirma un “creo en ti”. Y digo “creo en ti” y no “creo en algo”. La razón humana responde a esa comunicación Dios-hombre con el reconocimiento de la dependencia hacia ese ser trascendente con el que entra en contacto. En cambio, la negación de este suceso no es racional sino que se ampara en el sentimiento, en las emociones. De este modo, cuando se niega la evidente disposición innata no sólo se puede negar la existencia sino que, sobre todo, se elimina la dependencia con Dios concibiéndose la religión como una mera cuestión sociocultural.

No obstante, sorprende de manera grata el interés por la religión de las personas incrédulas; si bien se equivocan en la aproximación que hacen y en las exigencias que demandan. Muchas personas desean que la religión sea como la ciencia, que tenga los mismos patrones para realizar un análisis crítico para así poder formar un juicio fundado. Pero el objeto de análisis no es un organismo material, es Dios. Sin embargo, no tienen necesidad de ello para descubrir a Dios, sino que basta con construir una sociedad en la que no exista el acuerdo fundamental sobre el bien y el mal. Con esto quiero decir que la religión no es un producto sociocultural sin más, sino que el fundamento sobre el que descansa la civilización occidental es el cristianismo, que nace del diálogo verdadero entre Dios y el hombre en el marco de la historia de la Salvación. Relación en la que el hombre sí puede, a diferencia de la ciencia, responder a “¿cuál es el sentido de la existencia?” y “¿cuál es el fin del hombre?”. Porque su sentido y su fin descansan en Dios.

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comentarios
  1. alvaromenendezbartolome dice:

    Es que solamente el primer párrafo ya es excelente… Da para pensar, y mucho.
    Muchas gracias Joan.

  2. Saludos Álvaro, el artículo entero de este señor es impresionante. Muchas gracias por el comentario, Álvaro. Saludos.

  3. Mateu dice:

    Muy buena entrada. Tanto el artículo como tu escrito invitan a la reflexión como dice Álvaro

  4. Saludos Mateu. Muchas gracias por comentar.

  5. Cayetano Ripoll dice:

    Unas observaciones Joan:

    Sólo hay una realidad de la que se pueda decir de forma indudable que existe, de cualquier otra realidad sólo se puede decir que es imaginada por cuanto de ella, o ellas, no podemos obtener más que una imagen en nuestra mente.

    La ciencia tiene sus límites en la realidad y no puede decir si Dios existe pero, desde luego, hay dos cosas que si puede decir una es que hay determinados dioses que no pueden existir en la realidad y la otra que el Universo, y todo lo que contiene, puede ser explicado sin necesidad de exista ningún tipo de dios.

    En cuanto al interés por la religión de los no-creyentes, no debería sorprenderse, ya que la mayoría hemos sido educados en una serie de mitos que hemos sometido a evaluación mediante formas de pensamiento analítico llegando a la conclusión de que las supuestas verdades propuestas por las religiones no se corresponden con la realidad mientras que para creer nos hubiera bastado con aceptar las enseñanzas recibidas sin cuestionar nada, es decir, no creemos porque hemos pensado en ello; sin duda hay otros individuos que, tras evaluar los argumentos, han seguido creyendo pero el caso habitual es que el que cree nunca se ha planteado como ni en que cree, sencillamente cree en lo que le han dicho que hay que creer.

  6. Saludos Cayetano.

    Lamentablemente no veo el modo en que la ciencia puede decir, como usted señala, “que hay determinados dioses que no pueden existir en la realidad”; al menos no con su método, si usted habla de otra disciplina, eso ya no lo sé. La ciencia, por otro lado, no depende, obviamente, de la intervención directa de Dios, porque eso supondría que Dios está actuando (creando) en cada instante que deviene. Sin embargo, la ciencia, para existir, requiere de un orden, de un principio universal, de una racionalidad para poder ser. Y esto, paradójicamente, conduce hacia, la posibilidad si usted prefiere llamarlo así, de una realidad creada tal y como muestran los datos.

    Muchas gracias por su comentario.

  7. Cayetano Ripoll dice:

    Si que se puede negar la existencia de determinados dioses desde la ciencia, Joan, le pondré un ejemplo: “es imposible la existencia de un dios que pare el sol” Si alguien ha observado este fenómeno tendrá alguna explicación pero, indudablemente, que realizar este tipo de milagros sea una característica de algún dios hace que dicho dios sea imposible y su definición tendrá que ser revisada porque o bien la definición está mal o bien ese dios no existe.

    La ciencia es un término en el que englobamos una serie de métodos para la obtención de conocimiento fiable y no otra cosa. La ciencia se basa en la realidad (esa que indudablemente existe) y el “orden”(*) que enuncia está derivado de la observación de patrones en un determinado marco de referencia, no tiene carácter universal. Veamos otro ejemplo: “las leyes de Newton son aproximaciones bastante correctas (que no perfectas) para objetos masivos dentro de sistemas planetarios como el nuestro, pero no son validas en cuanto nos adentramos en el mundo de lo muy pequeño (cuántica) o de lo muy grande (relatividad)”. Y es esperable que tanto la cuántica como la relatividad sean también aproximaciones validas para determinados marcos de referencia que se podrán determinar cuando obtengamos teorías más exactas.

    (*) “orden” entendido como relación entre las cosas, por supuesto, y no como una jerarquía ontológica.

  8. Iván Gutiérrez dice:

    Me gustaría saber cuál es la opinión de Joan sobre los dioses hindúes, en los que creen más de mil millones de personas. Lamentblemente Aristóteles, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino no nacieron en la India. Otra sería la historia si los hindúes se hubieran dedicado a hacer una construcción filosófica que respaldara la creencia en sus dioses.

    En este blog se da una importancia a la Razón, pero temo, y espero que disculpen mi expresión, que el cristianismo ha colocado a la Razón como su sirvienta, haciendole decir por medio de los filosófos cristianos aquello que quiere oir

    Algunos todavía creen que es triste negar de un sentido finalista, o de una finalidad de la historia y de las acciones humanas. Es una lástima que al abrazar la razón como una ideología al servicio del cristianismo se hayan olvidado que el mundo no es racional, pero sin embargo no deja de manifestarse y fascinarnos. Dios por su parte, más allá de la razón, sigue siendo tan trascendente como siempre han creído los teólogos debido a que nunca se ha rebajado a tocar la inmanecia del sufrimiento humano, si no que le ha hechado en cara a la humanidad el sufrimiento de su hijo en la cruz.

    Ojalá ese Dios que defienden los cristianos se diera cuenta que los niños a los que violó Marcial Maciel no hallaron consuelo en la cruz mientras eran abusados, si no que tuvieron que expirementar la cruda realidad del libre albedrío que el mismo Dios le dió a Maciel, sin que ellos tuvieran la libertad de decir que No.

  9. Saludos apreciado Iván.

    Preguntas muchas cosas distintas, así que te responderé una a una.

    Respecto a los dioses hindúes no tengo ninguna opinión. No me ocupa mi labor intelectual.

    Ciertamente, la cultura es la segunda naturaleza del hombre (Ricoeur) y cada uno nace en el seno de una determinada cultura. El caso es que Cristo es el Logos, es decir, la razón, el sentido: hay un vínculo con la razón, una relación con el sentido (también cristiano), pues la razón, el sentido y Cristo son una y la misma cosa. La racionalidad y el sentido, que se dan antes y después de Cristo, se adecúan a Cristo como el todo a la parte. Él es el todo de lo que antes se encontraba en el universo en partes separadas. Así, el que une cristianismo y razón griega, no yuxtapone sin más elementos heterogéneos, sino que pone junto lo que permanece unido en su esencia. Por tanto, podemos decir que la fe no es un acontecimiento meramente intelectual, ni meramente voluntario, ni meramente emocional sino todo ello a la vez: es un acto del yo en su totalidad. Por esta razón, porque es un acto que abarca todas las dimensiones de nuestra existencia, la fe siempre es pensada de nuevo y, de nuevo, manifestada. La fe mantiene en todo momento su aproximación a la realidad total presentándose como una oferta de sentido. La razón está en el origen del cristianismo y se constituye en defensa de la ética como de la misma religión cristiana.

    Para no alargarme más te recomiendo, para entender la relación entre fe y razón, la lectura de “Joseph Ratzinger: razón y cristianismo”, de Pablo Blanco, y la Encíclica Fides et Ratio, del Papa Juan Pablo II.

    Si el mundo no fuese racional no podría haber conocimiento alguno. Al respecto no hay nada más que discutir, pues es una obviedad la racionalidad del mundo.
    Olvidas a Jesucristo. Otro tema que no entraré a discutir, pues es abnegación a la verdad lo que postulas.
    Dios ya dará cuenta de todos los males que ha hecho el hombre, no sólo ese sacerdote.

    Gracias por comentar.

  10. alku dice:

    Hola:

    Primero hay que definir que se entiende por “Dios”.

    Por ejemplo la ciencia demuestra que no hay ningún “dios” que empuje con un carro al sol.
    ESE dios no existe.

    Ejemplo colateral: Puede ser que en algun planeta del universo haya seres parecidos a los unicornios…. lo que si se sabe es que en ESTE planeta no existen los unicornios.

    Por eso es importante la definición a la hora de afirmar o refutar:

    Lo importante es no cambiar la definición a medida que se argumenta.

    Ej:

    Afirmación: Zeus está en el monte Olimpo y es el amo del rayo.
    – No hay nadie en el monte Olimpo y el rayo son descargas electricas que se producen naturalmente

    Reformulación: Zeus es invisible o quizás esté en un planeta adonde Zeus se fue y alli maneja el rayo.

    – Que planeta? Maneja los rayos de allá o los de acá? Como lo sabes.

    RE RE Formulación: Quizás haya un planeta u otra dimensión donde un ser llamado Zeus de alguna manera exista y de alguna manera yo creo y siento que maneja los rayos acá en la tierra.

    Ajá.No me convences.

    Resumiendo y saliendo del ejemplo:

    Si se define que se entiende por “Dios” y se le asignan ciertos atributos o hechos o características alguna de esas se pueden verificar científicamente.

    Por ejemplo si se dice que “TODO lo que se pida en nombre de Jesús será concedido” pues bien probamos.
    Como sabemos que eso no sucede, como mínimo cambiamos la “definición”

    “Aquello que se pida en nombre de Jesús y que este tenga a bien conceder, que se pida con verdadera fe y de la manera correcta y de acuerdo al plan celestial, será concedido”

    Esto último es muy dificil de probar o refutar científicamente, sino imposible…..

    Saludos
    alku

  11. Saludos Alku. Muchas gracias por el comentario.

  12. Sugel dice:

    Suena estupendamente, hasta que uno se para a pensar un momento sobre ello. Entonces, se da cuenta de que la presencia de una deidad creadora en el universo es claramente una hipótesis científica. De hecho, es difícil imaginarse, en toda la ciencia, una hipótesis más trascendental. Un universo con un dios sería un tipo de universo totalmente diferente de un universo sin dios, y la diferencia sería científica. Dios podría resolver el asunto a su favor en cualquier momento montando una demostración espectacular de sus poderes, algo que pudiera satisfacer incluso los exigentes estándares de la ciencia. Incluso la Templeton Foundation, de triste fama, reconoció que Dios es una hipótesis científica: financiando ensayos con doble enmascaramiento para averiguar si las oraciones a distancia podían acelerar la recuperación de pacientes enfermos del corazón. Por supuesto, el resultado fue negativo, aunque un grupo de control que sabía que habían rezado por ellos más bien empeoró (¿qué tal si se entabla una demanda colectiva contra la Templeton Foundation?). A pesar de esfuerzos como éstos, que tanta financiación han recibido, no se han hallado aún pruebas de la existencia de Dios.

  13. Saludos Sugel. Usted no sólo habla de un Dios que sea una realidad física sino que además le exige su intervención directamente en la transformación del mundo natural. Aquí, apreciado comentarista, hallo un importante problema de carácter metódico, pues no distingue adecuadamente la actividad del creador del nivel de acción propia de los agentes creados. En cambio, la ciencia, que es una exposición de la realidad y no una explicación muestra, según los diversos estudios de la realidad, que ésta se adecua a la explicación teleológica. Gracias por comentar.

  14. Iván dice:

    “En cambio, la ciencia, que es una exposición de la realidad y no una explicación muestra, según los diversos estudios de la realidad, que ésta se adecua a la explicación teleológica”.

    Ya que la realidad tiene una explicación teleológica, como afirma Joan. Me gustaría saber que finalidad y teleología tienen las estrellas que están fuera de nuestra visibilidad en el Universo y que no podemos conocer, no podemos visitar y tampoco podemos obtener algo útil de ellas.

    Ahora si el autor de este no le ocupan su labor intelectual estas cuestiones, del mismo modo que no le ocupan los dioses hindúes, no se puede menos que concluir que su apologética es bastante pobre, en cuanto se halla fundada en la arrogancia de decir: “Mi visión filosófica es racional y no me ocupo de filosofías mediocres”.

  15. […] Ni la razón ni la fe gozan de una certeza exenta de duda. La incertidumbre y la falta de certeza es una total constatación de la existencia. En cada instante hay que tomar decisiones y las más trascendentes siempre por lo incierto. Si esperamos tener una total certeza de todo no podremos hacer nada. “La fe debe admitir su propia responsabilidad filosófica, consistente en tener que preguntarse de un modo continuo por su propia racionalidad […] En ella, se presenta como una oferta de sentido que no se podrá probar, pero sí comprenderse” (J. Ratzinger, “Fe y futuro”), de lo contrario se torna esotérica. La fe si se abre a la verdad del Ser debe abrirse forzosamente a la ciencia por el simple hecho de que en la realidad hay en absoluto un ente y no más bien nada (Heidegger, “¿Qué es la metafísica?”). Si todo lo que es y es algo es ente; si el ente tiene ser – o mejor dicho participa del ser – es irrevocable que el fundamento último de la verdad es el Ser en sí, de quien depende el macrocosmos (universo) y el microcosmos (hombre), que presentan un orden y una coherencia ontológica propia cuyo fundamento es el Ser. La verdad, decimos, se predica de las cosas en orden al entendimiento. Como el acto de ser se da en grados de menor a mayor intensidad en las cosas, es decir, de las más imperfectas hasta Dios, el entendimiento humano – que es la de un ente que tiene ser, pero no el ser en grado absoluto –, que podría no existir, no es su fundamento, pues las cosas pueden existir y existen al margen de la existencia del hombre, debemos decir que la idea de todas las cosas que existen –y de las que existen y tienen participación en el ser – se encuentra en el entendimiento del Ser en sí, de Dios: “las cosas sensibles existen realmente; y si existen realmente, son percibidas necesariamente por una mente infinita; por tanto existe una mente infinita o Dios” (George Berkeley, “Tres diálogos entre Hilas y Filonus”). Si el Ser en sí no existiese, no tendríamos explicación de por qué hay ente y no más bien nada; tampoco habría explicación para hablar del orden y la coherencia interna de las cosas, que proceden de Dios y tienen en Él su principio y causa: en definitiva, no podríamos hacer ciencia. […]

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