Jesús no es un ‘indignado’

Publicado: 15 mayo, 2012 en Política, Religión

Algunos cristianos, desconozco si practicantes aunque me sorprendería, asumen que la rebeldía frente a los poderes temporales es la causa del prendimiento y muerte de Jesucristo. Por este motivo instauran en una especie de neocristianismo el 15 de mayo como el tiempo que marca un antes y un después en el camino de la esperanza del hombre. Y se equivocan ingenuamente. El movimiento político 12M/15M puede ser una revolución social, pero no es la revolución a la que nos llama Jesucristo ni supone la justicia social que demanda el Evangelio.

Cristo no viene a hacer la revolución contra el poder temporal sino contra el pecado que se halla en el hombre. La realidad social presente se encuentra marcada por la crisis económica, por el desempleo y la imperante pobreza, cierto. Sin embargo, el hostil rival de esta batalla no es de modo exclusivo el capitalismo y sus lacayos sino el hombre mismo. “Encerrados en las tinieblas, hacía falta que nos llegara la luz; estando cautivos, esperábamos un salvador; prisioneros, un socorro; esclavos, un libertador. ¿No tenían importancia estos razonamientos? ¿No merecían conmover a Dios hasta el punto de hacerle bajar hasta nuestra naturaleza humana para visitarla, ya que la humanidad se encontraba en un estado tan miserable y tan desgraciado?” (San Gregorio de Nisa, Oratio catechetica).

Jesús no es un indignado, Jesús nunca hizo política – aunque esos cristianos manifiesten, engañados o con pretensión de engañar, que el 15M está por encima de ideologías –. Toda su vida, desde la encarnación hasta la ascensión pasando por la muerte y resurrección tiene una unidad y un fin: la salvación del hombre deseada por Dios. No discuto que el movimiento de ‘los indignados’ despierta esa romántica y nostálgica imagen del mayo del 68 acompañada de la sensación de que la realidad puede cambiar de repente instaurando el reino de la esperanza. Es posible que traiga algo nuevo, pero aunque supusiera el avance en el reconocimiento de los derechos humanos y la instauración de una política que dignifique al hombre, su alcance no traspasa el tiempo. La esperanza del hombre no es el 15M sino la salvación de la naturaleza pecadora redimida por Dios a través de Cristo Jesús.

Estos cristianos que entienden el movimiento político 12M/15M a modo de plenitud del cristianismo, como un nuevo amanecer no hacen más que entregarse al espíritu de la contingencia desterrando del mensaje cristiano todo signo de trascendencia y, consecuentemente, todo auténtico signo de fe, esperanza y caridad. Este movimiento político, por muy buenas que sean sus intenciones y algunos de sus logros, no es nada si no se entiende y se encauza en la auténtica misión, la conversión del hombre y de la mujer que se dejan, con una palabra tan propia de nuestro tiempo, expropiar por Jesucristo en quien hallan la plenitud de su ser.

La salvación del hombre no pasa por la Puerta del Sol sino mediante la Iglesia, en la participación del cuerpo de Cristo para iluminar al mundo con la esperanza del reino de Dios. El cristiano, por tanto, vive el presente pero no debe vivir la fe de acuerdo con los mandatos de este siglo sino con los del Dios eterno que le llama a vivir ya, ahora, la vocación del amor, el Reino de Dios en la tierra. Así pues los cristianos no pueden ser unos indignados ni pueden llamar a los otros a indignarse sino a bautizarse, a participar del verdadero movimiento de liberación y esperanza: la comunión con y en Cristo en la Cruz, esa cruz de madera que lleva el señor Miguel Ángel Vázquez en su cuello, que supone el paso a la Resurrección y muestra el amor infinito de Dios por el hombre.

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comentarios
  1. Se entiende la diferencia entre pecado personal y pecado estructural, el compromiso cristiano es transformar esas estructuras de pecado que coartan la vida… esto no lo dicen ni los progres, ni los carcas ni la TL lo dice la Doctrina Social de la Iglesia, inspirada en el evangelio de Jesús.

  2. Saludos Ruben.

    El pecado social se encuentra expuesto perfectamente en la Exhortación Apostólica “Reconciliatio et paenitentia” del Santo Padre Juan Pablo II. Sin embargo cabe una matización porque la teología de la liberación que usted cita, por ejemplo, ha entendido (inspirándose en Marx fundamentalmente y en la desaparición del hombre en el colectivismo) de un modo el pecado social que ha borrado de raíz la trascendencia (Al respecto es importante aproximarse al discurso que realizó Juan Pablo II a los teólogos españoles en la Universidad Pontificia de Salamanca en 1982) al analizar la tensión del ser humano en el mundo sin prestar atención al sentido último de su existencia y, por ello, a su estatuto ontológico.

    El pecado, siempre, es un mal social por ello hay una relación directísima entre pecado personal y social porque la causa de la existencia del pecado es la existencia del pecador. Todo pecado personal es social porque afecta al mundo, a la Iglesia y a toda la humanidad según la Constitución “Gaudium et Spes” (capítulos 2 y 3). A ello afirma Juan Pablo II: “En virtud de una solidaridad humana tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los demás. Es esta la otra cara de aquella solidaridad que, a nivel religioso, se desarrolla en el misterio profundo y magnífico de la Comunión de los Santos, merced a la cual se ha podido decir que ‘toda alma que se eleva, eleva al mundo’. A esta ley de la elevación corresponde, por desgracia, la ley de descenso, de suerte que se puede hablar de una comunión del pecado, por el que un alma que se abaja por el pecado abaja consigo a la Iglesia y, en cierto modo, al mundo entero” (Reconciliatio et Paenitentia, 16: L’Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 16 de diciembre de 1984, pág. 9).

    Así pues todo pecado repercute, con mayor o menor intensidad, con mayor o menor daño en todo el conjunto eclesial y en toda la familia humana. El pecado social es real pero emana del pecado personal que se extiende a las estructuras en las que participa el pecador.

    Muchas gracias por su comentario.

  3. Una respuesta bastante completa.
    JPII hizo grandes aportaciones a la DSI a mi parecer se quedó en la tinta como muchos otros documentos que contienen un espíritu muy rico. Se muy desgastado el discurso de que se asocie a la TL con el marxismo, por los excesos en los que se llegó a caer. Ahora se busca optar por un socialismo utópico, regresarle su sentido original a la política: la búsqueda del bien común (vida para todos) sin llegar a negar la individualidad del ser como ha ocurrido en muchas dictaduras pseudo-socialistas.
    Otro de los grandes riesgos que se corren con posturas tan des-arraigadas del contexto social, es la tentación de negar la humanidad de Cristo. Es un movimiento pendular que nos ha costado mucho como iglesia. Los extremos siempre traen consecuencias desastrosas. ¿cómo alcanzar un equilibrio? lo necesitamos por amor al evangelio y a su sentido original.

  4. Saludos Ruben.

    Le he citado a Marx como también podría haberle citado, porque también goza de influencia, Comte. Cuando usted afirma que se corre el peligro o la tentación de negar la humanidad de Cristo a quién imputa esa tentación.

    Gracias por su comentario.

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