La maternidad

Publicado: 6 mayo, 2012 en Familia, Matrimonio, Mujer

En un tiempo en el que destaca la pérdida del sentido trascendente de la existencia humana en el que el aborto deviene fuente de derecho, es causa de alegría la existencia de padres y madres que comprenden que la vida no es una idea abstracta sino una realidad empírica que muestra que cada ser humano es el supuesto individual de naturaleza racional. Desde el instante mismo de la fecundación nos encontramos ante una nueva realidad humana, distinta a la de sus progenitores, con su propio patrimonio genético y su sistema inmunológico. El nuevo ser humano no es una mera vida sino que es una vida humana real que influye y media en el organismo de la madre en defensa y en ejercicio de su evolución.

En el seno de la madre no se encuentra una vida potencial sino un ser humano lleno de potencialidades a desarrollarse: “No hay personas potenciales; las personas tienen potencias o capacidades. Las personas pueden desarrollarse, pero ninguna cosa se transforma en una persona. Alguien no llega a ser tal por vía de procedencia a partir de algo. La persona no es el resultado de un cambio, sino de una generación” (Spaemann, “Persona y derecho”). Desde el momento de su concepción el ser humano es un continuo en el que no surgen saltos cualitativos sino la paulatina realización de su proyecto personal. Madres, en vuestro seno no hay un algo sino un alguien; un milagro que supera al propio hombre pero una realidad tan aplastante que convierte al ser humano en coparticipe de la creación como generador de vida humana en su vocación al amor.

Mujeres, no sois el contenedor de un virus que asalta vuestro organismo, sino que sois madres portadoras de una vida nueva que procede de vuestras entrañas. No convirtáis vuestros vientres en sepulcros sino en cátedra para la humanidad. Mujer-madre y hombre-padre, esta es la plenitud de la donación del ser en la vocación al amor. No dejéis que la ideología de género pervierta vuestra complementariedad, que se abre a vuestra más trascendental vocación. Dios llama a la vocación al amor al crear a su imagen al hombre, a la mujer y a la relación del hombre y la mujer. Un amor que se manifiesta y se extiende en la familia, primera comunidad natural humana y centro de la sociedad.

Hoy nuestra sociedad celebra el día de la madre. Si queremos valorar su inmedible importancia es necesario que protejamos la institución de la familia. Sí, aún hoy la inmensa mayoría de familias se encuentran compuestas por matrimonios, por la relación de un hombre y una mujer, que es la única que puede llevar hijos naturales al mundo. El Estado, todo Estado que se precie, debe reconocer y promocionar el valor de la maternidad y defender el derecho de la mujer que no debe renunciar a la maternidad por circunstancias tales como el trabajo o la crisis económica. La maternidad es mucho más que el trabajo profesional más exitoso – la señora Beauvoir no pensaba lo mismo y nunca tuvo hijos –, la dignidad que confiere no la ofrece ninguna corona de diamantes puesta sobre su cabeza; lo mismo debe decirse de la paternidad. El hombre y la mujer tienen que cooperar conjuntamente en la construcción familiar (mundo). Ambos están llamados a ser copartícipes del plan de Dios en el progreso del mundo; un progreso mediado por el amor.

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comentarios
  1. Pilar dice:

    Muy buen escrito. Ser madre es lo más maravilloso de la vida.

  2. Saludos Pilar. Muchas gracias.

  3. Alba Gil dice:

    Hay que favorecer la maternidad. Nos jugamos mucho en ello como sociedad.

  4. Saludos Alba. Así es. Si no defendemos a la familia nos aproximamos a la barbarie.

  5. ma.lourdes e. dice:

    Excelente entrada, hay que apuntalar a las familias, eso si es emportante. Gracias por acordarte de nosotras las mamàs.

  6. Saludos Malouedese. Ustedes, las madres, son maravillosas, por eso Cristo escogió a su Madre, nuestra Madre, como Tabernáculo. Gracias.

  7. […] del varón, termina por eliminar aspectos esenciales de la feminidad, como puede ser la maternidad, hasta el extremo de convertir en derecho el crimen del […]

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