En España la distancia entre ricos y pobres es cada vez mayor

Publicado: 29 abril, 2012 en Ética y Moral, Pobreza, Política

En el mundo hay personas muy ricas. No me refiero de modo exclusivo a aquellas que se encuentran en la lista Forbes. En España, por ejemplo, existen 911.000 hogares con ingresos que superan el millón de dólares, de aquí que sea el décimo país con mayor concentración de riqueza. Sin embargo, frente a esta superabundancia nos encontramos con la cruda realidad que constituyen los 5.639.500 de personas desempleadas, el 1.728.400 de hogares con todos sus miembros en paro, y los casi 10.000.000 de personas con ingresos inferiores a los 1.000 euros mensuales.

Es evidente que la distancia entre ricos y pobres es cada vez mayor y aunque las estadísticas indiquen que España es la decimosegunda potencia mundial la verdad nos muestra que es un país que se aproxima al subdesarrollo y que, en muchos aspectos, muestra rasgos propios del Tercer Mundo. El informe Foessa de Cáritas revela que más de 11 millones de españoles se encuentran en vías de exclusión social, que 580.000 hogares carecen de ingresos económicos y que en Barcelona, por ejemplo, 2.800 personas tienen la calle como vivienda.

Es traumático que en España exista casi un millón de hogares a quien le sobra mucho dinero para cosas que no constituyen necesidades y, en cambio, otro medio millón de hogares deba acudir a la caridad para satisfacer las necesidades más básicas. Con esto no quiero decir que los ricos donen el dinero que gastan en lujos sino que reflexionemos sobre el bien común, cuyo incumplimiento lo ilustra el rescate a los bancos y la condena al pago de una multa de veinte euros a una anciana que se encadenó en la sucursal de la entidad bancaria que la desahució.   

Esta diferenciación entre ricos y pobres nos indica de modo fundamental que la política se encuentra vacía de contenido, que ha dejado de ser lo que es, el ámbito práctico en el que el ser humano realiza su existencia junto con los demás organizándola sobre la base del bien común, que es el principio que cohesiona la sociedad. Es importante, por tanto, para resolver esta salvaje situación recuperar la política al servicio del hombre y, en consecuencia, el sentido del bien común, porque en el bien de cada uno está el bien de todos. Sin embargo hemos llegado a esta situación porque se realizan políticas que anteponen intereses y favores particulares por encima de intereses comunes. Se puede decir que todos somos iguales pero no se entiende que todos gozamos de una misma dignidad por el simple hecho de ser personas y que esta dignidad se constituye en principio de orden ético que inspira toda acción humana, también la política y económica.  

Que el hombre es un valor absoluto es mera teoría recogida por los Derechos Humanos. La política, hoy, jerarquiza los intereses según la clase social de cada sujeto. El hombre ya no es un fin en sí mismo sino que su valía está en función de servir para algo, de ser útil para satisfacer determinadas necesidades. De este modo ya no hay obligación moral con respecto a ningún ser, más allá de la retórica vacía del sofista en momentos puntuales como puede ser una campaña electoral. Política, bien común y dignidad humana ya no se relacionan entre sí. Estos principios irrenunciables dejan de serlo si repasamos los datos anteriores. Hoy hay más bien una apolítica inmoral. La dimensión ética no se encuentra en la praxis política y, en consecuencia, la dimensión ontológica de la que se deduce la dignidad de la persona como fundamento irrebatible de la política y del ser de la sociedad: “la pluralidad sólo puede vivir como sociedad cuando uno preside y cuida del bien general” (Tomás de Aquino, Summa Theologica, I, 96, 4).

A esta situación, considero, contribuye la imposibilidad de adoptar y preservar valores absolutos (virtud) a causa del relativismo y del escepticismo moral que entiende la mayor de las veces a la ética desde parámetros utilitaristas o consensuales. De este modo no se busca el verdadero bien sino el interés particular de quien ostenta la autoridad y, consecuentemente, se realiza la injusticia, el clasismo y la desigualdad: “reina la justicia en el pueblo cuando nadie hay en él que sea demasiado rico ni demasiado pobre” (Diógenes Laercio, Vidas y opiniones).

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comentarios
  1. lotus dice:

    La noticia no habla de ingresos, sino de patrimonio de 1 millón.

    Un patrimonio de 1 millón de $ no es una cosa extraordinaria, Joan. Sobre todo cuando hay tanta gente con vivienda en propiedad. Mi familia, aunque pequeña, tiene un patrimonio de varios millones y no ha sido fruto ni de especulación, ni de privilegios, ni de robo, ni de ganancias exorbitantes. Y lo digo orgulloso: ese patrimonio se forja a partir de un trabajo que ha beneficiado a mucha gente que ha querido, voluntariamente, contratar los servicios que ofrecen mis abuelos como gestores, mi padre como ingeniero, etc. BENEFICIÁNDOSE. Ellos se beneficiaban. Nosotros nos beneficiamos. Y todos contentos.

    Mi opinión: los españoles deberían aprender un poco de buena gestión del patrimonio, ingresos y gastos, etc. (véase al respecto este post de Valín: http://jorgevalin.wordpress.com/2012/04/12/asi-es-el-ahorrador-espanol/ ó de Rallo: http://vozpopuli.com/blogs/571-la-verdadera-asignatura-pendiente-educacion-financiera ). Si unimos eso a una buena política que fomente ahorro e inversión, tenemos mucho adelantado. En Desde el Exilio lo planteaban muy bien: ¿Puede España convertirse en un país con una renta per cápita de más de 30.000€? http://www.desdeelexilio.com/2010/01/06/%C2%BFpor-que-no/

    Los capitalistas quieren rentas. Los trabajadores, salarios. La política, pues, ha de centrarse en que esos millonarios de los que hablas dejen buena parte de su dinero en España. Más inversión, mejores empresas. A mejores empresas, mejor productividad y mejores salarios. Mejores salarios, más riqueza para todos.

    Estas son las cosas buenas que tiene el capitalismo. (sin decir, por ello, que sea todo un camino de rosas)

  2. Saludos Lotus, muchas gracias por tu aportación. Se agradece.

  3. Cristina Bec dice:

    Sí Lotus… tu familia puede ser una de las muchas excepciones, pero esta distancia entre ricos y pobres merece una seria reflexión. Repito, estoy segura que mucha gente se trabaja su fortuna, pero no creo que todos puedan decir lo mismo.

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