No es lo mismo el sí del creyente que el no del ateo

Publicado: 28 abril, 2012 en Pensamiento

¿El hombre puede vivir sin Dios? La experiencia nos muestra que el hombre, por su libertad, puede decir sí o no a Dios. Ambas opciones no sólo son posibles sino que son irrefutables por la sola razón. Sin embargo, la consecuencia de adoptar una u otra opción otorga un modo determinado de aproximarse a la problemática de la realidad y de afrontarla con un determinado sentido por el cual se ordena la existencia según un específico modo de vivir. Antes de proseguir es importante señalar que el hombre no es bueno o malo por adoptar una u otra opción pero sí que cada una de ellas goza de una dimensión moral.

Respecto al sí a Dios el hombre halla distintos testimonios e indicios de su existencia. El primero de ellos es la Sagrada Escritura – y la tradición de la Iglesia – que nos informa de la revelación de Dios la cual alcanza su plenitud con la encarnación de Jesucristo, cuya resurrección anuncia la salvación a la que está llamado el hombre. Otro aspecto que permite considerar la existencia de Dios es la realidad misma, su aparente orden responde a un fundamento que es su soporte, sentido y causa de su finalidad. No obstante, lo característico de la creencia y de la incredulidad es que su hipótesis de la existencia y no existencia de Dios no puede legitimarse racionalmente sino que su posición es, en efecto, un acto de fe.

El creyente dice sí y el ateo dice no. Aquí es importante introducir la aportación al respecto de Hans Küng (¿Existe Dios?): “la profundidad o altura de una verdad y la seguridad de su aceptación por el hombre están en relación inversa. Cuanto más insignificante es la verdad (“perogrullada”, “trivialidad”), mayor es la seguridad. Cuanto más importante es la verdad (por ejemplo, la verdad estética, moral o religiosa en comparación con la aritmética), menor es la seguridad. Y la razón es que cuanto más “honda” es para mí la verdad, tanto más debo yo abrirme a ella, prepararme interiormente, dedicarme a ella con entendimiento, voluntad y sentimiento, para llegar a la auténtica “certidumbre”, que no es lo mismo que “seguridad garantizada”. Una verdad profunda (Dios existe), para mí externamente insegura y acosada por la duda, pero que supone por mi parte un firme compromiso personal, puede tener mayor valor de conocimiento que una verdad segura e incluso “absolutamente” segura, pero trivial (2×2=4)”.

No obstante, hay una clara y evidente distinción entre la fe del creyente y del ateo. El primero presenta una confianza radical en la realidad fundada; en cambio, la persona atea, no sabe las razones por las cuales confía en la realidad y supone la no existencia de Dios. El escepticismo del ateo no halla justificación racional en cuanto que es incapaz, a la luz de la razón, de especificar una condición absoluta de posibilidad de la realidad por la cual niega la existencia de Dios. Decía que si el hombre no se conoce a sí mismo difícilmente tendrá una visión general de las causas últimas de la realidad y del sentido último de su existencia. De esta incapacidad por alcanzar una visión unitaria del hombre y del mundo la persona se halla, perdida entre lo contingente y lo trascendente, invalidada para configurar su proyecto vital. El hombre, sabemos, es una criatura mortal. Pero, ¿su devenir histórico es simplemente una evolución progresiva sin más sentido? El único sentido unitario de la historia es el que ofrece el cristianismo en el marco de la historia de la salvación del hombre.

Desde luego no es lo mismo decir sí o no a Dios pues se trata de una decisión en la que el hombre, libremente, pone en juego su propia existencia. Como bien dice Küng “todo ateo que sea consciente de su ateísmo se expone, por decisión enteramente personal, al riesgo del abandono, la peligrosidad y el desmoronamiento con todas sus secuelas de duda, angustia y hasta desesperación. Todo esto, naturalmente, en caso de que el ateísmo sea serio y no una mera pose intelectual, coquetería esnobista o superficialidad irreflexiva”. El ateo consciente deja sin respuesta o establece cortapisas a las principales cuestiones por las cuales el hombre adquiere el sentido mediante el cual desarrolla su proyecto vital y alcanza la plenitud. El ateo, en su libertad de elección renuncia a elegir lo mejor, que en el caso del hombre es “ser”. Así, decide ser otra cosa que lo que tiene que ser quedándose, por ello, sin ser nada, ya que no puede ser verdaderamente sino el que tiene que ser.

El creyente consciente, por su parte, se abre a dar respuesta a esas cuestiones fundamentales encontrando en Dios el fundamento y fin de esa realidad tan problemática tanto para él como para el ateo. A diferencia del ateo, el creyente descubre un fundamento de la realidad. El ateo, a diferencia del creyente, no tiene ningún fundamento respecto a su escéptica y nihilista consideración de la realidad. Aquí es importante regresar a la confianza en la existencia de Dios a partir de la realidad misma. El hombre, por su estatuto ontológico, es un ser abierto a la realidad y a su conocimiento, ya que la realidad se manifiesta como objeto de conocimiento y la razón humana experimenta la racionalidad de su propia razón. Desde luego, la razón humana no puede demostrar por sí la existencia de Dios; sin embargo, si descubre una certidumbre y una racionalidad en su confianza ya que observa su fundamentación en la identidad y sentido de la realidad, de la que Dios es su soporte.

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comentarios
  1. Alfonso dice:

    El ateo cava su propia fosa, uno lo sabe por propia experiencia.

  2. Saludos Alfonso, muchas gracias por comentar.

  3. Mauricio dice:

    Saludos Joan, dices que a pesar que la existencia de Dios es una verdad profunda… continuas diciendo ► para mí externamente insegura y acosada por la duda, pero que supone por mi parte un firme compromiso personal, puede tener mayor valor de conocimiento que una verdad segura e incluso “absolutamente” segura, pero trivial…

    Entiendo perfectamente Joan… pero la duda aunque la sugiera Aristóteles como un requisito para la búsqueda del conocimiento, se tiene que superar cuando la evidencia de los resultados pertinentes van aclarando el camino, y lo mejor es que el compromiso es cada vez más firme. Las causas de esa duda son básicamente nuestro antropomorfismo tan rudimentario, etapa que en su modo más sensorial obviamente ya no es la tuya, no obstante en otras formas siempre asedia.

  4. Saludos Mauricio, muchas gracias por tu aportación sobre la cuestión tratada. Ciertamente, cuando no se ponen cortapisas y uno se abre al conocimiento se abanza hacia la Verdad.

  5. Carlos Javier Alonso dice:

    Estimado Joan:

    En casi todo de acuerdo con lo que escribes en tus numerosos y brillantes artículos, pero no en la afirmación sorprendente en este post de que la razón humana no puede demostar la existencia de Dios. La existencia de Dios sí se puede demostrar racionalmente y ahí están las Vías tomistas, entre otros muchos argumentos, para ejemplificarlo. Paralelamente el Concilio Vaticano I ha definido como verdad de fe que la razón humana puede conocer indudablemente la existencia de Dios. Y el Catecismo de la Iglesia Católica dice explícitamente sobre esta cuestión:
    “Creado a imagen de Dios, llamado a conocer y amar a Dios, el hombre que busca a Dios descubre ciertas “vías” para acceder al conocimiento de Dios. Se las llama también “pruebas de la existencia de Dios”, no en el sentido de las pruebas propias de las ciencias naturales, sino en el sentido de “argumentos convergentes y convincentes” que permiten llegar a verdaderas certezas. Estas “vías” para acercarse a Dios tienen como punto de partida la creación: el mundo material y la persona humana.
    El mundo: A partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo. S. Pablo afirma refiriéndose a los paganos: “Lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad” (Rm 1, 19 – 20; cf. Hch 14, 15. 17; Hch 17, 27 – 28; Sb 13, 1 – 9).
    Y S. Agustín: “Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo… interroga a todas estas realidades. Todas te responde: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión (“confessio”). Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza (“Pulcher”), no sujeto a cambio?” (serm. 241, 2).
    El hombre: Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. La “semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia” (GS 18, 1; cf. (GS 18, 2), su alma, no puede tener origen más que en Dios.
    El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin. Así, por estas diversas “vías”, el hombre puede acceder al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa primera y el fin último de todo, “y que todos llaman Dios” (S. Tomás de A. , s. th. 1, 2, 3)”.
    Considero que deberías reflexionar más sobre esta cuestión.
    Un cordial saludo.
    Carlos Javier

  6. Saludos Carlos Javier.

    La razón humana puede conocer la existencia de Dios, es más Dios se hace racional para el hombre – piensa en la Palabra (Sagrada Escritura), en la encarnación de Jesucristo, en el orden y las leyes del universo… –. En ningún momento, ni aquí ni en ninguna otra entrada, afirmo que Dios no pueda ser conocido por la razón en cuanto que es Dios quien se deja conocer – en parte – por el hombre; es Él quien interpela y el hombre se mueve a creer a un “Tú”, a una realidad personal…

    No obstante, apreciado Carlos Javier, manifiesto aquí y en cualquier otra entrada que la razón, que la sola razón, puede conocer a Dios, pero no puede demostrar la existencia de Dios. La misma trascendencia de Dios hace imposible encontrarlo en nuestra experiencia sensible. Dios no es evidente y por esta sencilla razón buscamos intelectualmente la verdad que nos supera porque en ella se encuentra el mismo sentido de nuestra existencia. La razón puede conocer lo que Dios deja al hombre que se conozca de Él, sin embargo no puede demostrar su existencia. La demostración de la existencia de Dios es una invitación razonada de la FE (ver Fides et Ratio).

    Las pruebas de la existencia de Dios (me refiero a las vías tomistas que presentas o al argumento ontológico de San Anselmo) es un tema estrictamente metafísico en cuanto que la realidad que se pretende “demostrar” es el Ser en sí, el Ser Absoluto, el Ser Infinito. De este modo, la demostración, que es el procedimiento general de fundamentación, de Dios sólo tiene sentido en el marco filosófico. Usted me dice que las pruebas tomistas muestran la existencia de Dios, y yo digo que tales pruebas expresan conocimiento de Dios por sus causas, es decir, sus efectos. Dios, por ser infinito no podemos demostrarlo (podemos aproximarnos al conocimiento de su existencia, pero no al de su esencia). Demostrar a Dios tal cual Es requeriría que nuestra inteligencia fuese tan infinita como el Ser que conoce. La intelección divina es inaccesible a la humana, y no lo digo yo sino que así lo expresan el maestro Eckhart y Duns Escoto. Si Dios es trascendente en el ser también lo es en el conocer. Pero repito que la demostración de Dios no sea evidente no hace que Dios sea incomprensible…

    Muchas gracias por su atento comentario.

    Un saludo.

  7. Cayetano Ripoll dice:

    Yo creo que es una cuestión muy sencilla: Dado que la existencia de un ser que responda a la definición que ustedes asignan a lo que conocen como Dios no es evidente ni conocida serían necesarias pruebas contrastables de su existencia en la realidad como lo requeriría la afirmación de existencia de cualquier otro ser extraordinario como hadas, duendes, … Mientras que tales pruebas no sean aportadas lo razonable y lógico es considerar que tal ser no existe.

  8. Saludos Cayetano.

    Dios no es un duende ni una hada… No obstante con su afirmación da por obviada la revelación de Cristo, Hijo de Dios. No obstante cuando hablamos de Dios no hablamos de un ser creatural sino del ser en Sí. La cuestión, resumida, no es que usted tenga problemas en tener datos sobre Dios, sino que se cierra a reconocerlo.

    Muchas gracias por su comentario.

  9. Cayetano Ripoll dice:

    Bueno Joan, sería un poco absurdo que yo considerara la revelación de un “Hijo de Dios” cuando no creo que existan motivos para creer en un Dios. Por otro lado yo entiendo que ese “ser en Si” no es sino otro modo de referirse al mismo Dios del que ya he dicho que no creo que exista.

  10. Mateo dice:

    Coincidio con Cayetano, pero diré más. No es necesario aportar evidencias para demostrar la existencia de lo que no existe pues eso implica una tarea intelectual imposible.

  11. Cris dice:

    Coincido totalmente con Cayetano y Mateo. Durante mucho tiempo me consideré agnóstica. 12 años en colegio de monjas dejaron su impronta. Pero mis dudas siempre me conducían a la no existencia de dios. Hasta que caí en que nadie había demostrado la existencias de unicornios, hadas, etcétera y no por eso, creemos en ello. Recomiendo la analogía de Russell y su tetera. Sólo me faltó leer esto para declararme atea convencida (los documentales y libros sobre astronomía y física cuántica hicieron el resto).

  12. VTacius dice:

    Si la biblia es una revelación de que el dios cristiano existe, da pie a pensar que es lo mismo para Mahoma, Zeus y cualquier otra divinidad que se te ocurra.

    ¿Has oído hablar del movimiento Brights?
    Lo que buscamos es que nuestra posición naturalista del mundo deje de estar supeditada a la creencia o no en un dios. Hasta ahora, la historia demuestra que si los dioses existen parecen no ocuparse del asunto de los humanos (Apoyan una que otra guerra sin embargo), por lo que creemos que podemos crear una mejor sociedad sin necesidad de estar rezando, básicamente.

    ¿Moralidad cristiana? Veamos: Ustedes dicen que basan su moral en al mandato de un dios que los ama, les da el libre albedrío solo para decidir hacer lo correcto, caso contrario los mandará a un castigo eterno… Perdona, no tiene sentido, aunque se defienda con todos los argumentos posibles la moral cristiana se basa en el miedo.
    El naturalista hará el bien porque es un consenso de las personas hacerlo. Porque amamos al género humano y solo queremos que las condiciones en que viven sean cada vez mejores.

    Por último, destacar que el ateo cree en muchas cosas, al final, decide dudar, que es la mejor de las virtudes humanas. La duda genera conocimiento, democratiza el poder y nos hace responsable de nuestra existencia. Claro, es bonito eso de tener la total certeza que nos da la religión, pero vamos, es tan falso como el hecho de creer que un católico toma el cuerpo y la sangre de cristo cada vez que toma la comunión

  13. Saludos VTacius.

    Usted olvida que el Dios cristiano se ha revelado hasta el extremo de hacerse hombre…

    No he oído hablar de dicho movimiento.

    Usted dibuja una relación Dios-hombre en la que el hombre carece de libertad. En la que Dios intervendría en el quehacer humano. Olvida en todo momento la libertad, una libertad que, por ejemplo, ocasionó el pecado original. Dios ha hecho al hombre libre, puede amarlo o ignorarlo, negarlo.

    No es cuestión de rezar, es cuestión de hacer las cosas como se deben. ¿Conoce el dicho “A Dios rogando y con el mazo dando?

    Dios no castiga. Es el hombre que se castiga hundiéndose en un sinsentido cuando no hace lo que debe hacer según su estatuto ontológico que es buscar lo mejor en cuanto hombre a partir de su estatuto ontológico.

    Muchas gracias por comentar.

  14. VTacius dice:

    De hecho, Zeus tuvo bastantes hijos. En el hinduismo, Visnú tuvo como 10 avatares.
    Ahora sabemos que la ficción de la historia de Jesús es bastante común en otras culturas, de hecho, parece un calco de la historia del Horus egipcio.
    Se te olvida que sigues dando razones con la biblia, la cual no es ninguna razón por si misma.

    ¿De que libertad que ocasiona el pecado original habla? El pecado consiste en tomar frutos del árbol del conocimiento (Génesis 2:17), agunas ediciones hablan del conocimiento del bien y del mal. La ignorancia no te hace libre. Te hace esclavo de quién posee el conocimiento.

    La iglesia inventó el libre albedrío para responder a la pregunta de por qué permitía su dios el mal culpando la libertad humana.
    No dibujo ninguna relación entre el dios cristiano y el hombre. La doctrina es la que la establece: Sobre un dios que interviene en el quehacer humano, recuerdo Éxodo 14:8, donde se dice claramente que endurece el corazón del faraón, que fue en detrimento del pueblo israelita.

    Su visión de iglesia horizontal-vertical es buena, sin embargo no es el sentir de las grandes mayorías en países tercermundistas, donde las iglesias despliegan lo peor de la doctrina cristiana, muy conveniente para muchos políticos que sólo necesitan nombrar un dios para que la población apruebe lo que dice.

    Lamento mucho que no conozca el movimiento. Es tanto como si yo no creyera en dios por no haber leído la biblia.

  15. Saludos.

    Siento decirle que Dios crea al hombre libre para que viva en comunión con Él. Es más, el hombre es un ser para la libertad – es una propiedad de su estatuto ontológico por el cual se siente y se experimenta como diferente al resto de la naturaleza, está en ella pero por encima –. La libertad, desde luego, no es una simple propiedad de la voluntad humana sino que es característica trascendental del ser del hombre creado a imagen de Dios. Dios no quiere al hombre esclavo, por eso envía a su Hijo para que rescate al hombre del pecado. Le recomiendo al respecto la relectura de la Summa Theologica del Aquinate para entender mejor el concepto de libertad como elemento constitutivo del ser del hombre.

    Respecto al mal decirle que Dios conoce el mal como lo que es, una privación del bien debido. En este sentido el mal no se conoce más que por el bien al que se opone como privación. La ciencia de Dios, causa de todas las cosas, no es causa del mal, sino del bien por el que el mal se conoce. Dios quiere el bien y nunca puede querer el mal. El mal no es apetecido por nadie – se quiere indirecta o accidentalmente; no olvidemos que todas las cosas se mueven hacia el bien que se presenta a la inteligencia bajo la forma de bien, aunque no lo sea realmente –. En cuanto al mal en sentido moral Dios lo permite, de lo contrario, como le he dicho antes, violaría la libertad del hombre.

    Es importante que entienda la verdadera realidad metafísica del mal. El mal no es ninguna sustancia sino la privación del bien debido (San Agustín, “Confesiones” y Tomás de Aquino, “Summa contra Gentiles”), así donde no hay bien no puede haber mal porque el mal no tiene realidad sustancial. El mal está en el bien como en un sujeto. No habría mal sin orden del bien, en cuya privación el mal consiste y, al mismo tiempo, no habría orden si Dios no existiese. Sin el conocimiento de Dios de no tener no tendríamos siquiera la noción propia de mal porque la metafísica del mal presupone siempre el sujeto – el bien – en el que el mal está inserto (Leibniz). Dios no causa el mal, repito, sino que al no suprimir – al no intervenir – la operación de las causas segundas, estas pueden fallar. El defecto en un efecto de las causas segundas no se produce por Dios sino por defecto de las causas segundas. El único mal verdadero es el moral en cuanto que es un desorden real respecto del fin último, libremente puesto por cada uno de nosotros..

  16. VTacius dice:

    Siento decirte que el hombre religioso esta lejos de ser libre. La religión no es sino la suma de la ignorancia, el primer acercamiento del hombre primitivo con la naturaleza y la primera respuesta a nuestras preguntas. Sin embargo, una falacia que en tiempos modernos debe ser abolida para nuestra supervivencia.

    Me preocupa que en pleno siglo XXI todavía haya personas que crean que el hombre es cabeza de la creación. El avance de la ciencia nos delata como otro fenómeno de la materia, nuestra conciencia es lo único que nos hace ligeramente interesantes. Esa cuota de fatalismo podría acabar al fin con nuestro ego

    Dices “Dios quiere el bien y nunca puede querer el mal” pero en Job 42:11, Éxodo 4 11, Isaías 45:6 por mencionar algunos se sugiere que es dios quien crea el mal. De hecho, el mal no puede ser resultado del pecado humano, existía antes y de no ser así equivale a decir que dios no es el creador de todo. Conste que trata de demostrartelo con argumentos que para ti son válidos, si estudias un poco de historia te darás cuenta que el papel de la religión en la miseria humana es aún peor.

    Perdón, si la ciencia de dios es el origen de la ciencia, ¿Por qué la biblia no habla nada de la producción de vacunas o antibióticos, medidas higiénicas siquiera? ¿Acaso es parte del plan del dios cristiano las enfermedades y pestes? ¿Nos revelamos contra ese dios en cada vacuna?… Y de ser así, me gustaría saber si estas vacunado…

  17. Jose Galmo dice:

    VTacius. Caballero, creo que usted está muy perdido interpretando el papel del pensamiento neutro, que es inexistente y situando su posición como el centro de la racionalidad. Soy ateo, para darle pistas.

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